Palabra del Egresado

 

¡Pacho Zuluaga: Una historia no contada!

Por Hernán Gaviria Quintero MD   hgaviriaq@gmail.com

En la historia suelen colocar mojones, algunos del tamaño de murallas que hacen perder la noción de los inicios. Estamos de acuerdo en que Francisco Zuluaga Tobón fue “un aquilatado abogado y prominente funcionario público” por haber pasado por la Auditoría del INVAL, Secretario de Gobierno Departamental, Jefe del Departamento de Presupuesto del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, Gobernador Encargado de Antioquia, Asesor del despacho del Gobernador, Subsecretario de Infraestructura Física de Antioquia, miembro y presidente de la Asociación de Abogados de la Universidad de Antioquia y representante de los Egresados en el Consejo Superior de la Universidad. Todo esto como parte del epónimo que presentan los egresados de la Universidad de Antioquia, en su anuncio de la creación de la Cátedra Abierta Francisco Zuluaga Tobón, que será inaugurada el próximo 30 de julio de 2009, en el respetado y recordado Paraninfo de la Universidad de Antioquia.

En la otra orilla del mojón está la historia de Pacho Zuluaga que también debería servir de referente para el debate, que en su recordación, se pretende dar como punto de partida.

Como estudiante de derecho, por allá en 1973, se inició en política como fundador de las Juventudes Anapistas, reclutado por el ex constituyente Óscar Hoyos Naranjo. En seminarios sobre problemas agrarios, económicos, sociales y políticos, compartió con Antonio García, destacado profesor de la Universidad Nacional, y Gerardo Molina, los mismo que acompañaron a Jorge Eliécer Gaitán; estuvo atento a entender la lucha por la defensa de los derechos humanos y de los presos políticos; con la voz autorizada del dirigente conservador Alfredo Vásquez Carrizosa, le tocó saber que las cárceles se llenaron de presos políticos y dirigentes populares. Con liberales del talante de Jaime Sierra García y de William Jaramillo Gómez, y con tímidas apariciones de Gilberto Echeverri Mejía o hasta con Jaime Jaramillo Panesso, supo que no habían diferencias entre el poder hegemónico de liberales o conservadores; con Andrés Almarales e Israel Santamaría, entendió claramente el por qué y, tal como lo han reconocido abiertamente sus protagonistas, las elecciones de aquel abril de 1970 fueron robadas en el conteo de las papeletas a los Anapistas; descontento popular que quiso ser canalizado por el proyecto del M-19, como sumatoria además a los movimientos insurgentes de América Latina. Con los jóvenes de aquella época, Pacho anduvo en el propósito de organizar en la ANAPO, todo tipo de fuerzas sociales capaces de confrontar los rezagos del modelo bipartidista excluyente del llamado Frente Nacional. Estuvo con Carlos Horacio Urán, uno de los magistrados que murieron en el Palacio de Justicia, o con Iván Jaramillo Pérez, hoy connotado estudioso de la seguridad social, o con estudiantes de derecho de aquella época como Carlos Gutiérrez Zapata, Rubén Darío Jaramillo, Rubén Darío Pinillo, Javier Echeverri ; con dirigentes sindicales como Arcadio Moreno o Alvaro Diaz y, sobre todo, con los dirigentes políticos como Jaime Piedrahita Cardona, Mario Montoya Hernández, Rodrigo Gómez Echeverri, Antonio Patiño Rueda, Roberto Mira, María Teresa Arango, Mario Arango Jaramillo, Orlando Durango Hernández y otros tantos por recordar. Por su nivel de compromiso fue perfilado Pacho, entre todos ellos como un gran cuadro político.

Vino el famoso Estatuto de Seguridad del gobierno de Julio César Turbay Ayala en 1979, y Pacho Zuluaga fue detenido por lo de siempre: conspirador del M-19 o de las causas soc iales. Pacho no fue de la estructura del M-19, pero sus ideas y prácticas llevaron a los servicios de inteligencia “del Estado y del Estatuto Turbayista” a declararlo como tal. En un mismo amanecer en Medellín, fueron detenidos dirigentes sociales, sindicales, académicos y políticos; fueron “desaparecidos” y llevados al Batallón Bomboná Vital Baltazar González de Asmedas Antioquia; Rubén Darío Jaramillo, estudiante de derecho y defensor de derechos humanos; José Roberto Vélez abogado (posteriormente Fiscal ante el Tribunal de Antioquia); Hernán Gaviria Quintero y Berta Luz Giraldo, ambos estudiantes de Medicina; Rodrigo Gómez, egresado de derecho, y decenas de otros luchadores. Pacho Zuluaga permaneció en la Cárcel La Picota de Bogotá por varios meses. En el banquillo del llamado Consejo Verbal de Guerra del Siglo, un centenar de dirigentes del M-19 respondieron, defendidos por militares que oficiaron como abogados de oficio, a las acusaciones de lo que ellos llamaron “la antipatria”. En su defensa, no confrontaron los informes de la inteligencia militar, sino que juiciosamente se dedicaron a señalar el remedo de democracia y la ausencia del Estado en la solución de la crisis social y económica del país y la negación de las libertades. Cientos de horas compartió Pacho Zuluaga con Carlos Pizarro, Andrés Almarales, Israel Santamaría y otros más. Los mismos que, posteriormente, reclamaron la necesidad de reformar la Constitución en 1991, previo abandono de las armas, para dar vía libre al Estado Social de Derecho; a fe que lo lograron con esa Carta Constitucional que por todos lados hoy quieren borrar.

Pacho recuperó su libertad y pasó a la galería de ex preso político. Posteriormente vino la amnistía del gobierno de Belisario Betancur para todos los presos del M-19 y lo del Palacio de Nariño. Entre tanto, Pacho fue bien recibido, no como un renegado luchador, en las toldas de William Jaramillo Gómez en donde también estaba Piedad Córdoba. Comenzó su nueva y meteórica carrera de funcionario público, quizás ya como liberal, y creo por la influencia de su hermano, “ el jaramillista” Héctor Zuluaga Tobón, destacado profesor de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia al lado de Héctor Abad Gómez. Son los atajos de la historia. No sabría decir qué diría en estos momentos Pacho al recordarle su pasado. Lo cierto es que la historia de sus luchas por la democracia y la libertad siguen en lo mismo y hasta con peores ingredientes.

Una cátedra abierta, en su memoria, bien valdría la pena que también se ocupara de este recuento, quizás común a muchos ilustres juristas de la misma Universidad de Antioquia, como Carlos Gaviria Díaz, Jesús María Valle Jaramillo, Luis Fernando Vélez e, incluso, Álvaro Uribe Vélez, quienes vivieron y auscultaron esa realidad, para ser puesta en comparación con la que hoy vivimos.

Medellín, 12 de julio de 2009

Hernán Gaviria Quintero. Médico U. de A, Especialista en Salud Pública y en Gerencia de Servicios de Salud, Profesor Universitario, miembro de Asmedas-Seccional Antioquia

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