Publicado el  FRIDAY , 03 de AUGUST de 2012

Londres 2012: ¿Competir para quién?

por Gonzalo Medina P. - Docente Programa de Periodismo Facultad de Comunicaciones
gonzalom32@gmail
Patrocinios, mercado, negocios, contratos, exclusividades, son, entre otros, parte de la terminología cada vez más arraigada en el discurso profesionalizante de los Juegos Olímpicos, compitiendo a la par de lo que originalmente ha sido, a través de la historia, la razón de ser de esta cita mundial convocada por la llama, símbolo de hermandad y lealtad en la práctica deportiva.

En estos últimos cien años, los Juegos Olímpicos han evolucionado a punta de bandazos: de la sanción descalificadora ante el más mínimo contacto que el deportista haya tenido con el dinero, se pasó al desenfrenado ritmo del negocio, mundo en el cual el atleta se convirtió en una pequeña pieza del complejo engranaje manejado por las organizaciones trasnacionales.

A los juegos de Estocolmo, en 1912, llegó un competidor norteamericano de nombre WaToChuck, que significa Sendero Luminoso en el lenguaje sioux, el de su comunidad, pero que en el ámbito común y corriente de la administración norteamericana era llamado JimThorpe. Éste tenía 188 centímetros de altura y 84 kilos, características que contribuyeron para que ganara con sobrados méritos las pruebas de pentatlón y decatlón, precisamente las que premian a los deportistas más completos. Pero a pesar de la superioridad manifiesta de Thorpe, siete meses después fue descalificado por incurrir en un presunto profesionalismo: alguna vez, el deportista cobró por jugar en un equipo de béisbol de tercera fila.

En solidaridad con el atleta Thorpe, sus colegas y rivales, el noruego Ferdinand Bie y el sueco Hugo Weislander, rechazaron las medallas de las que aquél había sido despojado.
Como el indio sioux jamás logró que le devolvieran sus preseas -falleció en 1953-, fueron sus hijos quienes pudieron recibirlas en 1982. En memoria del virtuoso atleta, su pueblo erigió un monumento con la siguiente inscripción: “A James Thorpe, el más extraordinario atleta del mundo y al que más injustamente se negó la gloria de sus triunfos”.

En 1980, con la llegada a la presidencia del COI del español Juan Antonio Samaranch, los Juegos Olímpicos entraron por la senda del profesionalismo, con todas sus implicaciones tanto en la parte competitiva como en la comercial. Pero antes de tal giro histórico en este torneo orbital, es necesario reseñar la coyuntura política que durante varias citas mundiales marcó el rumbo de los Olímpicos:

Estados Unidos decide boicotear los juegos de Moscú-80, como rechazo a la invasión cometida por la Unión Soviética a Afganistán. Frente a ese acontecimiento, el gobierno norteamericano y las fuerzas lideradas por Osama Bin Laden -¡vaya paradoja!-, acordaron una alianza estratégica para derrotar a los agresores. En Montreal-76, siendo presidente del COI el inglés Lord Killanin, el boicot lo protagonizaron los países africanos para rechazar la presencia de Suráfrica y su política segregacionista.

Con motivo de los juegos de Los Angeles-84, el saboteo provino esta vez de los Países del Pacto de Varsovia, Cuba y Corea del Norte, como respuesta a la medida de bloqueo de Estados Unidos. En 1988, las naciones comunistas decidieron asistir a Seúl-88, aunque Cuba se abstuvo de participar en solidaridad con Corea del Norte.

Los Olímpicos de 1984 trazaron el período, con todo y algunos antecedentes, en el cual se produjo el acuerdo entre la organización de los juegos y las grandes firmas trasnacionales, con lo cual el toque de amateurismo y de “competir antes que todo”, enunciado por el Barón Pierre de Coubertin en 1894, entró en un serio cuestionamiento.

Se inaugura la estrategia de mercadeo denominada TOP -“The Olympic Partner”- (algo así como “socios olímpicos”). Las grandes empresas y marcas internacionales pasaron a gozar, con carácter oficial, del privilegio de poder utilizar en sus productos y en sus campañas los anillos olímpicos. Veamos algunos nombres:
-Coca-Cola. La marca de gaseosas norteamericana, la cual tenía un discreto vínculo con los juegos al patrocinarlos desde 1928.
-McDonald’s. Hizo parte del club de marcas patrocinadoras en los Juegos Olímpicos de Montreal-76.

-Samsung. Se trata de una organización surcoreana que viene participando en los Juegos de invierno y de verano desde las olimpiadas de Sydney 2000..

-General Electric. Esta trasnacional de la tecnología tuvo utilidades de 5.070 millones de dólares en el segundo trimestre del año.

-Lenovo. Es un fabricante chino de computadoras que,en el cuarto trimestre del año, ha experimentado un crecimiento en sus ventas del 21%.

-Visa. Es la única tarjeta de pago que es reconocida y aceptada en las instalaciones y recintos olímpicos y paralímpicos.

-Omega. Es el cronómetro oficial de los Juegos Olímpicos desde 1932

-Kodak. Es de los patrocinadores más antiguos. Su apoyo a los Olímpicos se remonta a los primeros juegos modernos de Atenas, en 1896.

-Johnson & Johnson. Esta multinacional ganó 6.925 millones de dólares en el primer semestre de 2008, meses antes de los Olímpicos de Pekín.

-Panasonic. Fue la firma que suministró los sistemas de sonido para los juegos de Los Angeles-84 (California) y, en 1987, entró en el programa TOP.

Pero además de las marcas que acabamos de enunciar, existen otras firmas patrocinadoras del propio Comité Olímpico Internacional, muchas de las cuales son de origen chino, aunque también sobresalen nombres como los de Volkswagen y Adidas.


Medios para un fin... Económico

Y al lado de los patrocinadores ya identificados, con sus multimillonarias utilidades, debemos referirnos a la dimensión mediática de los Juegos Olímpicos, sin renunciar al enfoque monetario que definitivamente se apoderó de las competencias que antes eran un canto al ánimo de competir para exaltar el poder estético del cuerpo y, junto con ello, enaltecer la presencia política y cultural de las diversas naciones. Porque el deporte es, al fin y al cabo, otra manera de habitar el mundo.

La cadena de televisión NBC logró retener los derechos de transmisión de los Juegos Olímpicos, luego de un acuerdo para cuatro ediciones, la última de las cuales será la de 2020. Dicha organización pagó 4 mil millones de dólares por tal concepto. Además, la cadena tendrá los derechos exclusivos en Estados Unidos por los Juegos de invierno de 2014 en Sochi, Rusia; los de 2016 de verano en Río de Janeiro, al igual que los de invierno de 2018 y los de verano de 2020.

Patrocinios, mercado, negocios, contratos, exclusividades, son, entre otros, parte de la terminología cada vez más arraigada en el discurso profesionalizante de los Juegos Olímpicos, compitiendo a la par de lo que originalmente ha sido, a través de la historia, la razón de ser de esta cita mundial convocada por la llama, símbolo de hermandad y lealtad en la práctica deportiva, entendida ésta, a su vez, como la necesaria tregua ante las guerras que siguen marcando el devenir de la humanidad. ¿O será que el espíritu olímpico de siempre no es más que un lejano recuerdo de un lejano discurso inspirado en una lejana fraternidad?

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