Publicado el  FRIDAY , 31 de AUGUST de 2012

Recomendaciones para la solución de un conflicto

por Fabio Humberto Giraldo Jiménez - Director de Posgrados
Pero hay más. Un proceso de negociación no sólo depende de la consistencia interna sino también de la percepción espontánea o inducida de muchos grupos de interés que inciden desde afuera con mayor o menor poder.

Existen manuales que contienen los procedimientos básicos para la solución de conflictos sean éstos mundiales, regionales o nacionales o sean de alta, mediana o baja intensidad o que involucren un elevado, medio o bajo número de actores o que estén inducidos por razones culturales, étnicas, sociales, económicas o todas a la vez en diversos grados.  Estos manuales son resultado de la acumulación de conocimientos molcajeteados y exprimidos de la sangre y la vivencia de millares de experiencias y estudiarlos se considera ineludible para entender y gestionar las relaciones entre política y gobernabilidad.
Cierto es que todo manual termina desbordado por la realidad, aunque tenga el grado de sofisticación que implica tomar en cuenta y calcular los efectos de la mayoría de los acasos conocidos, sobre todo de los que tienden a entorpecer o a defenestrar un proceso de solución. Sin embargo, en los manuales hay sugerencias y recomendaciones que han llegado a tener una validez universal “in vitro”, aplicables como referentes para el análisis y para la acción “en vivo”. 
Una de ellas es la necesidad de reconocer un hecho pedrogrullesco:  en todo conflicto hay razones que justifican las posiciones y estas razones se convierten en peticiones de principio para las partes en contienda y como tal constituyen el llamado “núcleo” o material duro, de cuya solución depende la de los componentes periféricos considerados blandos, aunque no son escasas las experiencias de negociarlos por separado como por ejemplo, solucionar los segundos sin tocar los primeros. 
En todo proceso de este tipo es muy común que las llamadas partes periféricas adquieran tanta o más importancia que las nucleares, caso en el cual suele suceder que se exija tratamiento igual o que se condicione la discusión sobre lo duro o el inicio de cualquier negociación, a la solución de lo que teóricamente se considera periférico,  invirtiendo el orden de lo prioritario.  El reconocimiento de semejante simpleza allana el camino de un plan de acción realizable y sostenible,  porque permite identificar con precisión lo más proactivo.  Se actúa así como una dama que en trance de mercado elabora su “lista” con preciosismo de filigrana, incluyendo los antojos.

El Gobierno del Estado Colombiano y la dirigencia guerrillera conocen esta teoría y ambos tienen los callos de la experiencia. Eso explica por qué antes de “comenzar en serio”, hayan desmenuzado los detalles de la largada.  En efecto, previamente a la publicidad oficial sobre la posibilidad de iniciar diálogos con fines de negociación, se había elaborado esa “lista” desvaneciendo todo asomo de improvisación.

Pero hay más. Un proceso de negociación no sólo depende de la consistencia interna sino también de la percepción espontánea o inducida de muchos grupos de interés que inciden desde afuera con mayor o menor poder.  Por eso en los manuales se calculan los efectos de las agoreras críticas trinantes y tronantes y de las manifestaciones de optimismo neto o veteado por la desvelada e insomne desconfianza ya acrisolada en incontables años de experiencia en fracasos.

Sabedores de lo anterior, los manuales previenen sobre la inconveniencia de convocar a algarabías caguanescas invitando familiares o amigos a un proceso tan endeble. Suele ocurrir que vecinos, familiares y amigos henchidos de buena voluntad, mesiánica actitud y en trance de plétora patriótica, terminan “ayudando demasiado” y por tanto acaban como parte interesada o terceros incluidos cuando el ideal es la inasistencia ordinaria de terceros o el concurso de terceros excluidos. Se recomienda que los espontáneos de ocasión sigan empujando carros, jurando en falso y llorando en velorios ajenos. Por eso se sugiere evitar a los “metidos”, a los colados, a los pegajosos y gotereros, a los fisgones, a los chiveros, a las comadrejas, a la prensa con ictericia y, sobre todo, esquivar a los chismosos.

Y dejo para el final el más importante de todos los consejos, gran parte del éxito en la solución de todo conflicto es la minimización al extremo de la ideologización, que es algo así como el olvido de las rabias sanguíneas mediante el único antídoto conocido que es “tragar sapos” cuidando la lengua y proponiendo, en contrario, la maximización del pragmatismo que viene a ser lo mismo que velar con una olla grande de agua helada para los momentos de efervescencia y calor.

Con todo y a pesar de cualquier recomendación, la solución de un conflicto tan inveterado como el nuestro, no pone a prueba tanto las recomendaciones de un manual como la voluntad hecha razón.

 

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