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    miércoles, 25 de noviembre 2020
    25/11/2020
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    Farineth Ramirez, intercambio en Costa Rica.

    Last updated May 30, 2019

     

    Un intercambio es un proceso de apertura y aprendizaje amplio.

    Mi nombre es Farineth Dahian Falla Ramirez, tengo 22 años y soy estudiante de Licenciatura en Filosofía de la Universidad de Antioquia. Actualmente curso el último semestre de mi carrera. Realicé mi movilidad académica durante el semestre 2018-1 en la Universidad de Costa Rica en la ciudad de San José, Costa Rica. 


    Desde que empecé la carrera, comprendí que dialogar e interactuar con otros mundos y culturas posibles es una forma de ampliar nuestra visión de mundo y de ser más abiertos al cambio, a las nuevas ideas y otras formas de vida. Desde luego, la filosofía es una disciplina construida por los grandes pensamientos de toda la humanidad, desarrollos de muchas culturas e intelectuales de todo el mundo. La pedagogía, por supuesto, también lo es. De allí, mi deseo por conocer nuevas culturas educativas, nuevas formas de construir experiencia y de conocer otros imaginarios y condiciones materiales. Si mi plan es ser una maestra intercultural y mi deseo es provocar en los estudiantes una apertura a lo nuevo, al dialogo y a lo diferentes. Pues debo empezar por conocer yo misma e impulsar a los demás a que corran sus propios riesgos, vivan sus propias experiencias y saquen sus propias conclusiones, tomando para sí lo mejor de otras culturas y formas de vida. 


    Por la naturaleza de mi carrera y por dificultades de otra índole, esperé durante mucho tiempo la posibilidad de una beca que se ajustara a las características de mis estudios. Pues la formación pedagógica siempre ha sido un pilar fundamental de lo que será mi profesión y, en general, las posibilidades de realizar un intercambio para un Licenciado en Filosofía son menores que las de un estudiante de Filosofía. Cuando conocí el Programa Paulo Freire, supe que tenía una posibilidad más real y decidí embarcarme en dicha empresa. Las opciones que ofrecía la beca eran amplias. No obstante, estaban limitadas por ciertos condicionamientos. Para mí, resultaba muy interesante que se estuvieran gestando lazos de cooperación entre universidades latinoamericanas y que se estuviesen construyendo vías de diálogo entre los maestros y docentes de nuestro territorio. Comprendo que aunque habitamos zonas geográficas con características distintas y nuestras sociedades tienen rasgos y costumbres diferentes, compartimos muchas problemáticas, pero las visiones acerca de las mismas, siempre serán diferentes. Tener la posibilidad de compartir mis experiencias o de escuchar nuevas respuestas de otros estudiantes y académicos en pedagogía latinoamericanos era grandioso.  Además, frente a la ideas sobre la colonialidad del saber, promover la movilidad de maestros dentro de Latinoamérica constituye una reafirmación de nuestras teorizaciones, de nuestras formas de saber y la posibilidad de comprendernos como capaces de pensar y de hacer producciones propias en diálogo con la academia occidental. Una vez descrito el contexto anterior, debía encontrar una universidad en la que se estudiase filosofía en conjunto con las discusiones pedagógicas. Costa Rica fue una de las opciones. Después de revisar las características de la Universidad de Costa Rica, de los programas de filosofía y de enseñanza de la filosofía, me parecieron seductores algunos de sus enfoques. Por otro lado, tenía conocimientos acerca de la historia política y social de Costa Rica y siempre me había parecido un ejemplo y una clara muestra de que las cosas se pueden hacer mejor. De esta manera, elegí el país y la universidad. 


    El proceso previo al viaje fue una constante incertidumbre. En primer lugar, la Universidad de Antioquia apenas se integraba al Programa Paulo Freire y en segundo lugar, pasar todos los filtros y conseguir todos los documentos para poder hacer la postulación siempre es tedioso. Sin embargo, fue un proceso ordenado. 


    El intercambio estuvo cargado de mucha emocionalidad y de muchas situaciones inesperadas tanto desagradables como muy gratificantes. Aunque siempre es una experiencia increíble que nos empuja a nuevos retos, a salir de nuestra zona de confort, a hacernos responsables de nuestras decisiones y a saber mediar con las situaciones complejas. Encontrar vivienda no fue complicado. No obstante, algunas familias costarricenses son muy complejas y la vida es demasiado costosa, debido a la alta tasa de turismo y extranjeros residentes en el país. La alimentación es muy diversa y se pueden encontrar lugares económicos y ferias del agricultor en donde la comida es más barata y vendida directamente por los productores. La movilidad en Costa Rica en general es difícil y desorganizada. Sin embargo, siempre se encuentran buses públicos que comunican toda la ciudad. En Costa Rica, no hay beneficios económicos para estudiantes extranjeros. Aunque en algunos parques naturales hacen descuentos por portar el carnet de la universidad. Por otra parte, es ilegal trabajar en condición de estudiante visitante. El intercambio cultural fue inmenso, debido a la gran afluencia de estudiantes extranjeros y turistas en el país. En general, acercarse a los estudiantes y a la población costarricense es más difícil. Pero la participación en clases y eventos permiten conocer  la cultura y a las opiniones generales de los estudiantes, sus preocupaciones y temas de interés. El costo mensual de la vida gira en torno a 400 dólares o más. 


    Me gustaría indicar que más que un aporte a la formación académica, que es un aporte valioso, un intercambio ofrece una oportunidad invaluable a la formación personal y al descubrimiento propio. En mi caso, se trababa de la primera vez que salía de mi país, que vivía sola, que dejaba a mis padres, que me enfrentaba a las dinámicas de la vida en una metrópoli, etc. Para muchos estudiantes latinos, no es una dinámica ni una actividad común salir a otros países, incluso tomar vacaciones por fuera de sus ciudades. En la experiencia de intercambio se conocen personas de todo el mundo, con visiones más amplias o reducidas que la nuestra, pero que desde luego hacen notar las diferencias entre las historias propias y las distintas realidades. 


    Un intercambio implica enfrentarse tanto a lo que uno es como a sus deseos, creencias y descubrir que siempre hay cosas por cambiar y mejorar. Implica encontrarse y reconocerse frente a otras identidades que pueden ser radicalmente distintas a la mía. Implica hacer descubrimientos tanto en el ser propio como en los otros, en los lugares, en las situaciones. Exige replantearse nuestro posicionamiento frente al mundo y tomar decisiones. Implica sentir el aburrimiento, la soledad, la desazón, incluso la angustia. Pero también sentir la alegría, la emoción, la satisfacción de alcanzar una meta, la adrenalina de enfrentarse a lo desconocido.  Implica sentirse perteneciente a un lugar y descubrir lo arraigados que estamos a una cultura y a un territorio por más injusta que sea su realidad. Pero también implica conocer personas maravillosas y grandes amigos a quienes será difícil dejar y decir un adiós por tiempo indefinido. Implica, además, la posibilidad de viajar, de conocer nuevos lugares, de ver lo hermoso de la naturaleza y del mundo, posibilidad a veces  muy limitada en los lugares en los que vivimos, por diversas razones. Implica, también, aprender a enfrentarse a la adversidad, a desenvolverse en otras lógicas, a transgredir nuestras fronteras mentales, ideológicas y políticas. Implica también descubrir un mundo diverso y aprender a comprender y a dialogar con otras culturas, costumbres, modos del ser en el mundo con los que tal vez no estoy de acuerdo. Creo que es importante recalcar que no se trata de promover una tolerancia pasiva, sino de aprender a dialogar realmente con otros que son distintos y nos parecen complejos y complicados. Un intercambio es un proceso de apertura y aprendizaje amplio. Una movilidad hace parte del continuo flujo de la experiencia y llega a integrar nuestra experiencia vital. Pues, antes que nada, somos seres humanos constituidos por el mundo, pero que también lo constituimos con nuestra acción. Desde luego, este aprendizaje es potente para un futuro educador que quiere enseñar realidades distintas a sus estudiantes y mostrarles otras posibilidades de actuar.  


    A los estudiantes interesados en realizar un intercambio, les diría que no duden en hacerlo. Se trata de una oportunidad única. A veces, las posibilidades de conseguir una beca parecen pocas. Por otro lado, los documentos y las dificultades en contra parecen muchas, pero siempre se puede lograr. Solo se trata de perder el miedo y de atreverse a hacer algo distinto, de descubrirse de nuevas maneras y de conocer y conocerse en otros lugares. Siempre se puede encontrar ayuda e impulso en todas partes. Solo es necesario informarse y atreverse a hablar. ¡Sigamos adelante! Todos somos capaces y merecemos la oportunidad. Dejemos el camino abierto para que otros puedan y rompamos barreras. Además, les aconsejaría que siempre sean independientes, que no tengan miedo e intenten tomar las mejores decisiones. 

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