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martes, 12 de noviembre 2019
12/11/2019
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Dilema 3: Juego individual o juego cooperativo

Los juegos virtuales se presentan hoy como los más frecuentes en el mundo infantil y desde la perspectiva de los adultos en ocasiones son señalados por la individualidad y la ausencia de relacionamiento.

Al respecto consejeros y consejeras de Santa Elena sostienen la necesidad de valorar las posibilidades de aprendizaje de los juegos virtuales y la diversión que introducen: «Ellos (los adultos) no se dan cuenta que los juegos que uno juega en el celular, uno se divierte, comparte con los amigos, y también se aprende. Ahh, pero uno utiliza los celulares para jugar porque las familias no juegan con los niños, entonces uno se siento como abandonado, y el celular es la única compañía».

En este sentido, no condenar los juegos virtuales, sino más bien considerar sus potencialidades para el aprendizaje, es una invitación que niños y niñas hacen, sin olvidar la potencia relacional de otro tipo de juegos.

De otro lado, los consejeros y consejeras de Santa Cruz, proponen con su acción de incidencia «La lúdica como resistencia a los riesgos que viven los niños y las niñas», proponen la construcción de personajes que motiven juegos, sueños y esperanzas de niños, niñas y adolescentes, a través de tomas lúdicas lideradas por los consejeros con apoyo de la Unidad de Niñez, con el fin de generar emociones vitales como la alegría y el disfrute.

Esta propuesta de los consejeros va en relación con los planteado por Arranz (2007) sobre el juego cooperativo. En este tipo de juegos, las personas juegan con las demás no contra las demás, juegan para superar desafíos u obstáculos y no para superar a las otras, se promueve la participación de todos, se le da importancia a metas colectivas y no a metas individuales, se busca eliminar la agresión física contra las demás, desarrollar las actitudes de empatía, cooperación, aprecio y comunicación, la solución negociada de conflictos y la no discriminación de las personas que tienen dificultades. (Arranz, 2007).

Por su parte, autores como Garaigordobil (2007) hacen una defensa de los juegos cooperativos y resaltan los beneficios psicológicos para niños niñas. «Los juegos cooperativos eliminan el miedo al fallo y la angustia por el fracaso (porque el objetivo no es ganar), y reafirman la confianza de los jugadores en sí mismos, como personas aceptables y dignas, sentimientos que están en la base de una elevada autoestima (…) el valor de los niños no es destruido por la puntuación, y ello promueve que tanto la actividad como los compañeros sean vistos más positivamente». (p. 13-14).

De esta manera, los juegos cooperativos son una propuesta para «desnaturalizar los juegos de violencia y miedo», como una necesidad que resaltan niños y niñas de San Javier, además una invitación para el cuidado mutuo y para superar situaciones conflictivas como lo proponen, los consejeros de El Popular «porque uno a veces está muy triste y lo invitan a jugar, entonces uno juega y se le quita la aburrición, y cuando uno termina se le olvida qué le pasaba o ya deja de pensar mejor en eso».    

Así pues, los juegos cooperativos permiten construir los potenciales para la paz, como lo sostiene Alvarado y Fajardo (2018). A través de «la socialización política y el juego con otros y con otras, es posible realizar aportes que conduzcan a la construcción de las paces y de la reconciliación, así como al reconocimiento de las familias y cada uno de sus miembros, específicamente los niños y niñas, como sujetos políticos que tienen la capacidad de aportar a la construcción de realidades alternativas a la violencia» (p.11).

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