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jueves, 21 de enero 2021
21/01/2021
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Luis Fernando Quiroz Jiménez, ganador del Otto de Greiff

Luis Fernando Quiroz Jiménez, ganador del Otto de Greiff

Por: Ángela María Páez Rodríguez, estudiante de Periodismo. 

 

Nuestro egresado del pregrado en Letras: Filología Hispánica fue premiado con el primer puesto en el Concurso Nacional Otto de Greiff en el área de ciencias sociales.

El Otto de Greiff evalúa los mejores trabajos de grado realizados por los estudiantes de pregrado de las universidades miembro del concurso. A través de este espacio se busca resaltar y estimular aquellos trabajos de grado que por su calidad merecen el reconocimiento de la comunidad universitaria con el fin de promover la actividad investigativa en la formación de los nuevos profesionales. 

Este concurso fue creado por la Universidad Nacional de Colombia en un esfuerzo conjunto con la Universidad de Antioquia, la Universidad de los Andes, la Universidad Pontificia Bolivariana, la Universidad EAFIT, la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad del Norte, la Universidad del Rosario, la Universidad Industrial de Santander y la Universidad del Valle.
 
Con motivo de este reconocimiento a nuestro egresado le realizamos una entrevista donde nos cuenta sobre el trabajo que lo hizo merecedor del premio:

 ¿De qué trata la tesis de grado con la que ganó el concurso?


Luis Fernando Quiroz Jiménez (L.F.Q.J.) Mi trabajo de grado se titula “Panidas, rubendariacos y apolonidas. Apropiación y legitimación de Rubén Darío en “Colombia” (1894-1916)”. Creo que el título es preciso, en cuanto punto actual de la investigación, de ninguna manera en cuanto punto de partida. 


El trabajo examina tres casos de apropiación de la obra de Darío en lo que entonces se entendía por “Colombia”; más aún: en lo que entonces se quería que fuera “Colombia”. Los casos son: 1. La divulgación modernista por los trece jóvenes de la revista Panida (Medellín, 1915) y algunos antecedentes inmediatos de ella; 2. La imitación “servil” o “desgarbada” por un grupo de poetastros de los que José Asunción Silva, Baldomero Sanín Cano y el mismo Darío se burlaron y para los cuales el primero de estos acuñó el término “rubendariaco” [1894]; 3. La oposición que entre Silva y Darío han construido poco a poco distintos filólogos y críticos e historiadores literarios, oposición sin ningún fundamento empírico, sostenida todavía por algunos estudiosos e intelectuales y motivada por un nacionalismo miope, clasista y pacato en virtud del cual el modernismo en “Colombia” nada tendría que ver con “el tan discutido Rubén Darío” o con cualquier otro autor hispanoamericano, sino tan solo con un Silva mítico, supuesto precursor de todo poeta moderno en lengua española y estandarte de la supuesta Atenas suramericana. “Colombia”, entonces, dejaba definitivamente de significar también Panamá, Quito y Caracas, dejaba de representar la “patria grande” que postularon Bolívar y muchos otros modernistas, incluido Darío; de ahí, en parte, las comillas en esta palabra.


La circulación de la obra de Darío y los juicios críticos sobre ella —su legitimación o rechazo en estos tres casos— señalan proyectos políticos y estéticos afines, distintos o muchas veces directamente contrarios: el ejemplo más usual, el parteaguas, apunta a la pregunta de si la literatura y la filosofía están o no subordinadas a la política y la religión; los panidas, Darío y Silva respondían negativamente, mientras que de la manera contraria lo hacían los letrados de tendencia conservadora —los apolonidas, dicho con una categoría poetológica de Darío—. En efecto, a pesar de cuán heterodoxos fueran y de cuántas otras cosas los separara, letrados como Guillermo Valencia y Tomás Carrasquilla, entre muchos otros que consagraron a Silva en oposición a Darío, que neutralizaron ideológicamente la obra de Silva y la de Darío, terminaban más pronto que tarde dándose la mano expresamente y comulgando con el liberal arrepentido Rafael Núñez y el conservador-conservador Miguel Antonio Caro. Sin embargo, y paró el carro aquí, resulta que el gobierno de estos dos “padres de la [pequeña] Patria” legitimó al nicaragüense Darío con el nombramiento de cónsul general en Buenos Aires y al bogotano Silva con el nombramiento para la legación diplomática en Caracas.
La apropiación y la legitimación de la obra de Darío, como se ve, excede la estricta racionalidad de las ideas, atañe a varios mitos fundacionales de la actual nacionalidad colombiana y representa en el fondo un problema sociológico aún vigente: la lenta, lenta, lenta y tortuosa modernización de nuestra sociedad y nuestro Estado colombianos, o la experiencia postergada de la modernidad, dicho con el filósofo Rubén Jaramillo Vélez. En suma, de esto terminó tratando mi trabajo de grado.


 ¿Quiénes lo acompañaron en el proceso de realización y postulación del trabajo?


(L.F.Q.J.) Sí, por la elaboración misma de mi trabajo agradezco mucho a varios parientes, amigos, colegas y profesores, todos los cuales me alentaron a cada instante y me ayudaron de una u otra manera a suplir carencias de fuentes primarias y de financiación institucional, por la selección de mi trabajo debo agradecer primeramente al profesor Gustavo Bedoya. En calidad de evaluador, el profesor no solo me dio el parte de tranquilidad, sino que le dio al trabajo el espaldarazo para la Mención Especial, única distinción de nuestra Alma máter para los trabajos de grado o tesis. El profesor Juan Guillermo Gómez, a quien tantas suscitaciones intelectuales debo, se encargó de emitir el segundo concepto. Entonces obtuve dicha mención, requisito en nuestro caso para aspirar al Concurso Nacional Otto de Greiff. Ambos profesores, junto con mi asesor, Diego Alejandro Zuluaga, desde entonces me han impulsado a concursar con el trabajo y a publicarlo. Salvo ciertas y pequeñas excepciones, todavía les adeudo lo segundo.


¿Cómo fue el proceso de postulación interno en la UdeA y en el concurso?


(L.F.Q.J.) Al postularme al Otto de Greiff entregué a la Vicerrectoría de Docencia las debidas certificaciones de lo que hubiera hecho y fuera pertinente, además del aval de nuestro Consejo de Facultad y la “reseña artículo” de quince páginas que la organización central del concurso exige. Tres profesores conceptuaron las distintas postulaciones a la categoría de ciencias sociales para elegir los cuatro trabajos que remitir a la siguiente fase. Curiosamente, aunque uno de dichos profesores sostuvo que el “impacto académico” de mi trabajo sería alto, lamentó que el “impacto social” fuera bajo y a renglón seguido lamentaba también que las publicaciones y eventos que certifiqué solo fueran en Medellín o en subregiones de Antioquia. La Dirección de Pregrados de la Universidad Nacional de Colombia recibió también mi trabajo entre aquellos que finalmente entregó nuestra Vicerrectoría de Docencia. Ahí pasé a competir con otros egresados de universidades públicas y privadas.


¿Cuándo se enteró que había ganado el premio?


(L.F.Q.J.) El premio —diploma y medalla— serán enviados el próximo año, según se nos informó mediante correo electrónico. En cuanto a la noticia, me enteré de ella en la ceremonia misma de premiación, la cual fue organizada por la Universidad del Rosario y transmitida vía YouTube en diciembre 4. Pensé que no había obtenido ningún premio porque los concursos suelen informar de manera previa a los ganadores, por lo menos así lo he comprobado con los concursos académicos —y apuesto a que todos—. Este concurso no fue la excepción, o al menos no del todo. Otro egresado de nuestra Alma máter, Andrés Felipe Lázaro, politólogo, comparte conmigo el primer lugar. Él disfrutó del aviso y de una temprana tranquilidad; yo, de la montaña rusa de la ansiedad pandémica y la siempre medio falsa resignación. Mayor emoción para mí, merced a nuestro empate.


¿Recibió algún estímulo?


(L.F.Q.J.) Para cada primer puesto de las seis categorías habrá un estímulo económico. También algunas becas-pasantía del ahora Ministerio de Ciencias. Se podría juzgar ínfimo el monto del estímulo económico, considerando el peso de las palabras concurso nacional, la participación de universidades privadas cuyos semestres perfectamente cuestan más de diez millones de pesos y los estímulos económicos que dan otros premios académicos. Sin embargo, además del considerable número de trabajos ganadores —también hubo varios empates en terceros puestos—, este concurso tiene una verdadera dimensión simbólica, dicho en el mejor de los sentidos: ha ajustado ya veinticuatro versiones articulando a distintas universidades públicas y privadas, capitalinas y regionales, bajo la figura tutelar de Otto de Greiff, ese gran polímata y, por cierto, atento lector de Rubén Darío —al igual que lo fue su hermano León, primer director de la revista Panida—. El premio ya es en sí mismo una institución, puesta la cosa en otras palabras. Con todo, bienvenido sea: a mí sí me cae de maravilla ese estímulo económico.

Desde la Facultad felicitamos a Luis Fernando por este importante reconocimiento y auguramos muchos éxitos en su vida  profesional. 
 

 
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