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martes, 12 de diciembre 2017
12/12/2017
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Bitácora Humanización en la práctica médica

Bitácora Humanización en la práctica médica

Autores: Alex Campiño, Laura Potes, Luis Fernando Manjarrés, Andrés Felipe Uribe, Laura Manuela Sánchez, César Montoya, Laura Garavito, Lorena Sampablo, William Zuluaga,  John Bohórquez.

Curso flexible Humanización de la Medicina

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Se creía que bastaba con saludar, mirar a los ojos y dar una palmadita en el hombro del paciente al despedirse. Que con eso sería suficiente para “humanizar la medicina”. Muchos pacientes se han quejado de la actitud endurecida de algunos médicos que no hacen ni lo uno, ni lo otro. Se quejan de “la falta de corazón” en las manos del médico. Pero hay tantas otras variables en juego.

No sabemos cuándo se deshumanizó; tampoco por qué ni quién fue el culpable. Vivimos una época en la que se piensa que la situación tocó fondo, aunque podría ser peor.

Indudablemente, el comportamiento médico es cambiante. Con el paso de los años se acumulan vivencias que nacen de la vida misma y otras que nos enriquecen a través de la educación, la preparación profesional y la reflexión personal.

Hoy se está dando más importancia a los recursos tecnológicos en la práctica médica con la consecuencia obligada de que se pierde o se invisibiliza lo esencial, se restan posibilidades de descubrir quién es el enfermo, de entablar una relación con él, de reconocerlo como ser humano, que debe ser el centro de toda nuestra atención.

Pero, ¿qué estamos haciendo los médicos ante tal situación? ¿Realmente somos conscientes de lo que está pasando y de las consecuencias que esto puede traer al actuar del médico? ¿Realmente estamos comprometidos con el arte de curar, con el carácter humano del ejercicio médico? ¿O por el contrario somos médicos despiadados con una única fuerza que nos mueve llamada avaricia?

Debemos empeñarnos en recuperar la confianza de los pacientes, esa que quizá hemos perdido. Debe ser por esto que los pacientes prefieren poner su confianza en los medios técnicos, no por una falta de confianza en la sabiduría del galeno, ni  de su ojo clínico, sino por el miedo a vivir una mala experiencia en la relación con el médico, miedo a que se le agreda y se le humille. Pero esta es solo una variable más de las muchas que aún siguen en juego.

También se ha dicho que los deshumanizados son los pacientes. Que ellos, con sus quejas desmedidas, con la automedicación, con el irrespeto hacia los profesionales de la salud y la medicalización de su vida, contribuyen a que el acto médico sea cada vez menos humano.  Aún no sabemos con certeza quién es el del corazón endurecido. Nos hemos habituado a culpar solo al médico del proceso de deshumanización,  pero valdría la pena preguntarse si el paciente aporta a la deshumanización y en qué sentido.

No es en vano que los médicos se desanimen, pierdan el gusto por su práctica o sientan una inmensa frustración cuando ni el mismo paciente se preocupa por cuidar su salud.

El sueño, la idea más primitiva, de aquel que elige ser médico es salvar vidas, brindar bienestar a la gente y lo hace con las mejores intenciones, pero corre el riesgo de estrellarse con una gran barrera: que el paciente no ha tomado conciencia de su cuidado, de lo que debe poner en práctica, de los cambios que mejorarán su vida. Este fenómeno hará surgir la sensación de la impotencia. A la siguiente consulta el paciente llegará con más dificultades que la primera vez, si no ha seguido las recomendaciones, o no las ha seguido por considerarlas inapropiadas para él. Por inconsistencia, por costumbre o por resistencia al cambio complican en gran manera esas buenas intenciones del médico, dando campo también a la deshumanización, automatizándolo, viéndolo como uno más en la lista de pacientes del día.

¿Es esta una causa razonable para dejar al paciente a la deriva y que se sienta desprotegido, deshumanizándolo?

Tratar de buscar culpables para un hecho tan antiguo es como responder a la vieja pregunta ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? Es decir, en este punto ya no hay gracia en preguntar por las causas. Lo que debemos hacer es buscar soluciones desde lo que le compete al personal médico, pues este desafío ha lesionado la confianza de los pacientes y seguramente muchas de sus vidas.

Qué tal si empezamos por saludar, mirar a los ojos y hablarle a la otra persona en un lenguaje compresible y familiar, para hacer la relación médico-paciente más cómoda. Deberíamos empezar por dejar de prescribir medicamentos innecesarios,  a preocuparnos por nuestra propia salud, que podamos ser un ejemplo para aquellos que buscan nuestra ayuda.

Y por último, pero no menos importante, debemos regalar  una sonrisa para brindarle a los afligidos que quieren sanar una enfermedad del alma.

Es importante retomar el camino y empezar a practicar una medicina centrada en el paciente y no en los costos que pueda generar, ni en la ganancia que nos pueda brindar. Una medicina que esté enfocada en solucionar las molestias, quejas o dolencias de la persona que llega a buscar ayuda, o por lo menos en intentar darles un alivio. Es importante brindar una medicina humanizada, por paradójico que parezca, una medicina centrada en el ser humano, en la persona.

¿Qué se necesita para brindar una medicina más humanizada? No es mucho. El primer paso es reconocer a ese individuo que tenemos al frente como un ser humano. Un ser que vive, que ríe, que llora, que siente alegría, angustia y dolor... al igual que nosotros. Y ahí es donde viene el segundo paso: ¡reconocernos a nosotros mismos como seres humanos!

Vivimos en una época difícil para la profesión, cada día nuestra actuación profesional es atacada y cuestionada, pero no escuchan nuestra opinión. También es crítico que los pacientes tienen a su disposición muchísimos medios para investigar sobre síntomas, signos, enfermedades y terapias. Sin embargo, en internet circula gran cantidad de información de fuentes no fidedignas. Hace parte también de la humanización educar al paciente y enseñarle a diferenciar la información de calidad de aquella que solo busca desinformar y que tiene motivaciones ocultas de fondo. De esta forma, la relación médico-paciente mejorará. Es fundamental que la comunicación entre los dos vaya más allá de un mero intercambio de información y se convierta en una relación recíproca y productiva que le permita obtener al paciente el mejor beneficio.

El médico debe lograr la mayor empatía posible, puesto que los pacientes no son iguales y debe saber aplicar el enfoque integral a cada uno, según su particularidad. Una de las metas debe ser lograr la mejor calidad de vida, para lo cual el médico debe contribuir a cambiar el miedo por esperanza, la incertidumbre por información, nunca al revés.

Comenzar a reconocer que las enfermedades no son como la pintan los libros, que siendo una buena guía no pueden dejarnos perder de vista que cada paciente es un mundo distinto por explorar, por lo que la enfermedad se manifiesta de forma diferente. Las emociones que nos expresa el paciente son una muestra de la confianza que hemos ganado y debemos actuar acorde a ello, abordándolos como seres integrales.

Como se dijo al comienzo no basta con saludar al paciente o darle unas palmaditas. Aunque esto influya positivamente es también nuestra responsabilidad alcanzar la mejor formación académica para que se le pueda brindar el mejor apoyo y el acompañamiento necesario.

Eso sí, debemos impedir que después de todo este esfuerzo y enfoque no vaya a llegar la industria farmacéutica y nos compre nuestro bien más preciado, la autonomía.

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