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miércoles, 27 de mayo 2020
27/05/2020
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Comunicado Consejo de Instituto

COMUNICADO 002 Del Consejo de Instituto 
 
 
Dirigido a: profesores, estudiantes y empleados  
 
Con base en las recomendaciones de un grupo de asesores del área de la salud, el Rector de la Universidad tomó el pasado 15 de marzo la decisión de suspender las actividades presenciales de todo tipo que constituyen la vida regular de la institución en sus diferentes sedes. Dicha decisión no fue fácil y se motivó fundamentalmente por la necesidad de responder a la situación global de emergencia sanitaria originada por la rápida expansión y la letalidad de la reciente mutación del virus SARS-CoV-2, que causa la enfermedad COVID-19. 
 
Como en otros lugares de la nación y en otros países, la situación de una pandemia infecciosa tan letal, inédita desde 1918, no dio una espera adecuada para desarrollar de manera suficiente un conjunto de medidas que pudieran dar cubrimiento completo a todas las novedades y desajustes que la interrupción de la presencialidad originó. Los problemas son múltiples: jurídicos, de coordinación y logística, pedagógicos, laborales, económicos, de bienestar, de preservación de las múltiples dimensiones de la salud, y otros que escapan a la enumeración o todavía no se nos revelan. 
 
En una reunión extraordinaria, el Consejo académico de la Universidad, después de deliberar ampliamente durante una mañana, decidió ratificar el 16 de marzo la decisión que había tomado el Rector el día anterior. 
 
Comenzó así la puesta en marcha de medidas que permitieran a la institución la continuidad de las  funciones misionales que están identificadas en su estatuto general. La mayoría de ellas, dada la rapidez de la reacción, han ido tomándose gradualmente en los días que han transcurrido desde entonces.  
 
Como sucede en situaciones sociales de amplio espectro, el impacto es diferencial en los múltiples sectores que componen la sociedad, y ello afecta especialmente a quienes tienen limitaciones para el cubrimiento de las necesidades básicas reconocidas como tales en las sociedades contemporáneas. La mayoría de ellas está íntimamente vinculada con las posibilidades de un trabajo formal que garantice la posibilidad de tener esos medios de una forma estable y adecuada. 
 
La Universidad de Antioquia, como institución pública, atiende el derecho a la educación superior en todos los sectores de la sociedad, y muy especialmente en los sectores a los cuales excluyen irremediablemente los costos de la educación privada. 

La interrupción de las actividades presenciales de la vida académica se ha sentido como generadora de una contradicción ampliamente percibida por todos los miembros de la comunidad universitaria. Desde las más antiguas tradiciones, la educación es una variante de la conversación que realizan quienes componen las instituciones que a ella se dedican, por eso la presencialidad aparece como un requisito esencial de ella a lo largo de la historia. 
 
La situación que se ha generado nos presentó la pregunta sobre si esa limitación destruía, o no, completamente las posibilidades de conservar la actividad educativa.  Ese cuestionamiento interactúa de manera acuciante con el que deriva de la necesidad de conservar la actividad vital de las instituciones educativas, entre ellas la Universidad, pues además de educar ellas cumplen paralelamente la función de proporcionar trabajo a profesores, empleados, contratistas, monitores, auxiliares y otras personas cuya labor depende indirectamente de la supervivencia de la actividad institucional. 
 
El Rector, con el respaldo del Consejo académico, optó por apoyar la conservación de la vida académica a través de las formas no presenciales de conversación. Ya desde la antigüedad, estas variaciones han ido compartiendo su presencia en la actividad educativa con la conversación presencial y sincrónica: la escritura (libros, revistas, documentos y correspondencia) como conversación asincrónica con conversadores lejanos y hasta ausentes; la radio, como expansión unidireccional de un mensaje audible en la distancia; la televisión, que permite llevar, también unidireccionalmente, imágenes y sonido, y muy especialmente, en el tiempo actual, la red mundial, que nos permite emplear en tiempo real, la combinación de varios de esos elementos. 
 
Esa opción ha sido adoptada por la Universidad en esta coyuntura como la que puede ayudar de forma más amplia a subsanar la imposibilidad de funcionar presencialmente. Es claro que esta forma no es un ideal, pero puede facilitar que las conversaciones educativas no se interrumpan hasta extinguirse. Tenemos claro que hay muchas dificultades, pero también que debemos trabajar para buscar reducir en lo posible el daño que originan. En esta dirección, la Universidad ha hecho, en primer lugar, un llamado a los gobiernos municipal y departamental y a los grandes operadores de empresas de comunicación, para solicitarles incrementar, sin subir los costos, los anchos de banda. También ha iniciado una colecta voluntaria de aportes monetarios, por parte de profesores y empleados, para apoyar con ayudas alimentarias y conectividad a las familias de estudiantes que están afrontando dificultades.  
 
Algunos afirman que estos remedios son improvisaciones, y hay que aceptar que así es, pero la intempestividad de la emergencia sanitaria no ha posibilitado una planeación cuidadosa de la reacción. Tanto la Universidad, como las empresas y los gobiernos se han visto abocados a tomar rápidamente medidas remediales y a ajustarlas a medida que se pueden evaluar sus resultados. 
 
De manera diferente, los diversos estamentos de la Universidad están experimentando muchas limitaciones y por eso hacemos un llamado a una actitud solidaria y colaborativa que permita que las personas y la institución logren salir adelante y superar las dificultades. 
 
Sabemos que son muchas las reflexiones evaluativas que esta crisis origina en el presente y originará hacia adelante; ya sabíamos, y había sido dicho desde hace tiempo, que la humanidad ha venido adoptando formas de vida que generan desarrollos tan desiguales e inarmónicos entre los seres humanos, con el uso de los recursos naturales y en las interacciones con los demás seres vivos, que en un momento no lejano se iba a producir un colapso de los equilibrios que nos permiten ser viables como sociedades, como seres vivos y como planeta verde. En este momento se está produciendo un colapso de ese tipo y no se tienen a la vista posibilidades claras de superar pronto esta situación. La actitud más practicable se circunscribe al control de la velocidad de expansión del contagio, de modo que sea manejable el volumen de pacientes en estado crítico por parte de los sistemas de salud, y por eso la consecuencia más inmediata de la crisis ha sido la cuarentena y la restricción de la circulación libre de la población. 
 
Hacia el futuro, sabemos que se impone la necesidad de proponer y perfeccionar críticamente acciones que hagan posible la superación de este tipo de amenazas y ahí aparece un nuevo reto para las instituciones que se dedican a la educación, la reflexión y la investigación. Por el momento es necesario que tratemos de preservar la institución, conservando en lo posible el diálogo educativo como su esencia funcional, por medio de una consolidación de voluntades en torno a un núcleo fundamental. 
 
Respecto de la posibilidad de proseguir con actividades virtuales en las circunstancias actuales, expresamos que como Instituto hemos respondido ante la situación actual de crisis en términos de ensayo y error, improvisando, en efecto, como se hace humanamente en situaciones de crisis y con variables inesperadas y no calculables por anticipado. El fin no ha sido otro que encontrar, paso a paso, y conjuntamente, modos de proseguir con la Universidad en funcionamiento, aunque este intento pueda ser fallido debido a la emergencia de otros factores relacionados con las dificultades para garantizar el acceso a todas y todos los estudiantes, quienes enfrentan, además, otros complejos problemas, materiales y emocionales. Por esta razón, expresamos que no ha sido nuestro propósito ignorar la realidad compleja que vivimos ni desconocer las muchas dificultades domésticas, económicas, materiales, familiares y afectivas de empleados, estudiantes y profesores; ni obviar los problemas relacionados con la salud de todos en las actuales circunstancias, a las que se suman las dificultades con la señal o la conectividad de internet, necesaria para el buen desarrollo de las actividades que se proponen, los espacios o ambientes adecuados para los encuentros, y las diversas condiciones que nos aquejan, así como las dificultades que profesores, profesoras y estudiantes puedan experimentar al hacer uso de las plataformas disponibles, justamente porque hasta el momento no nos habíamos preparado para el uso de estas herramientas virtuales. Y todo esto supone, también para todos, un proceso de aprendizaje en un contexto de crisis como el actual.
 
Como Instituto intentamos, con los medios disponibles hasta el momento, responder ante esta situación de crisis sanitaria que, sin duda, expone más abierta y crudamente otras situaciones de crisis permanentes que tienden a ser invisibilizadas, como las desigualdades económicas y la exclusión, las cuales se hacen mucho más manifiestas en estos momentos, pues estos factores, agudizados hoy en día, explican la imposibilidad del acceso a los espacios virtuales de encuentro que se han propuesto hasta el momento. Pero, como señalamos, la dificultad de proseguir un semestre con actividades virtuales no expone solo desigualdades económicas, sino que nos pone ante el reto de encontrar modos de construir vínculos en medio de los problemas emocionales que toda esta coyuntura produce, además de lo que exige de nosotros, como el cuidado de la familia y de quienes dependen de nosotros. 
 
Partiendo de estas dificultades, identificadas por profesores y estudiantes en estas dos últimas semanas, el Consejo ha examinado el carácter de estos espacios virtuales de enseñanza y de avance de semestre, e invita a comprenderlos de la siguiente manera: 
 

  • Otorgarle importancia a los espacios virtuales como un mecanismo de encuentro, de apoyo, y de diálogo que permite pensar, con y desde la filosofía, tanto los problemas planteados en nuestros cursos, como su incidencia en situaciones históricas como la actual. En este sentido, consideramos la importancia de los encuentros como un vehículo que fortalezca nuestras relaciones y nuestros vínculos como estudiantes y profesoras y profesores.
  • Que los encuentros sincrónicos (Moodle, Classroom, Zoom, Meet, etc.) sean una ocasión tanto para el diálogo académico como para establecer otros tipos de dinámica alrededor de la filosofía y la comunidad en la presente contingencia: diálogos, foros, espacios para debatir, para interactuar a través de diversas actividades y formatos multimediales.  
  • Que los encuentros no sean de asistencia obligatoria, sino un espacio propicio para compartir, conversar, y acompañarnos, intercambiar ideas, imágenes, textos, alrededor de la filosofía y la situación actual. Este es el fin más importante, y no el de evaluar a los estudiantes o abarcar muchos contenidos. 

Por las razones anteriores, estamos dispuestos a asumir un diálogo continuo entre los estamentos que componen el Instituto. 
 
Además, queremos reiterarles que la Universidad ha dispuesto diversos canales de atención coordinados por Bienestar. https://bit.ly/39k1cpr  El correo de Bienestar del Instituto de filosofía: bienestarfilosofia@udea.edu.co Y la línea telefónica de asistencia: 01.8000.521.021 
 
 
Medellín, 30 de marzo de 2020 
 
 
                            Jorge Antonio Mejía Escobar                                                 Claudia Patricia Fonnegra Osorio
                                        Presidente                                                                                    Secretaria 

 

Descarga PDF del documento:  Comunicado Consejo de Instituto 002
 

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