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domingo, 8 de diciembre 2019
08/12/2019
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¿Por qué vale la pena ir a la India?

Carlos Arturo Fernández Uribe
Maestría en Historia del Arte
Universidad de Antioquia


Es apenas natural que una pregunta como esta nos asalte cuando evaluamos la posibilidad de desprendernos de la tranquilidad de nuestra casa y lanzarnos a una aventura que nos puede llevar al otro lado del mundo, en medio de modos de vida totalmente diferentes a los que estamos habituados.

¿Por qué vale la pena tomarse el trabajo de ir hasta la India, abandonar la seguridad que hemos construido alrededor nuestro, someterse a las incomodidades del camino, cansarse, ver gentes y costumbres extrañas, tener que adaptarse a sonidos y sabores diferentes para, al fin de cuentas, volver a nuestras realidades habituales?

Bien podría pensarse que la misma pregunta debió hacerse el joven rey Alejandro de Macedonia hace más de 2300 años, sin darse cuenta de que de su respuesta dependía una parte fundamental del futuro, de la historia que desde el Imperio Helenístico llega hasta nosotros. Y hoy, cuando el mundo es una aldea global que podemos conocer casi instantáneamente a través de los medios de comunicación, hasta un nivel insospechado hace pocos años, seguimos haciéndonos la misma pregunta, quizá porque entendemos también que en esta aldea nuestra hay regiones y gentes que, a pesar de todo, se escapan a nuestros esquemas y puntos de vista. Es, pues, una pregunta válida y necesaria de cuya respuesta, lo mismo que en tiempos del gran Alejandro, quizá dependa en buena medida el futuro de nuestro mundo.

¿Por qué vale la pena ir a la India? Porque es el universo de la diversidad, en todo sentido: religioso, étnico, lingüístico, climático, sensorial. Una multiplicidad que, en la mayor parte de su historia, ha sabido descubrir en las diferencias su más profunda fuerza y que ha reivindicado la convivencia pacífica y la noviolencia como uno de los más altos valores de humanidad.
Porque en India es posible toparse a cada paso con un dios diferente, con una creencia insólita, con una práctica devocional inaudita. Y, al mismo tiempo, con la conciencia más profunda de que todo ello es apenas un intento precario para asomarse a las profundidades de la esencia de lo real, sabiendo siempre que lo fundamental se nos escapa y que necesitaremos todas las vidas de la eternidad para dejarnos envolver por su amor.

Porque en este subcontinente de apenas 3 millones de kilómetros cuadrados (¡que son muchos!) vive una de cada cinco personas que habitan hoy el planeta, con una densidad que casi triplica la de China. Por eso, allí todo es superlativo: los jóvenes, los viejos, los ricos, los indigentes, los sabios y los que no lo son tanto. Pero también es el mundo en el que conviven las tradiciones más ancestrales con la más desaforada modernidad; los antiquísimos ritos del Ganges y el respeto a la vaca sagrada, con una tecnología de punta que causa asombro y pone en discusión los logros de otras potencias.

Porque ir a la India es la única manera de descubrir que allí todo es sagrado y misterioso pero, también, profundamente sensorial y vivo. Los templos más extraordinarios, los palacios más deslumbrantes, los mercados más coloridos, los monjes más ascéticos, los ritos más bullosos, los tejidos más finos, las joyas más delicadas, las ropas más sugerentes. Pero también los más brillantes colores que parecen llenar todos los resquicios de la vida; los más diversos sabores, desde los curris más fuertes y picantes hasta los dulces de las flores más delicadas; los panes más sabrosos y frescos; las esencias y perfumes; los edificios, las esculturas talladas en piedra, las miniaturas. Todo parece convivir en la India. Por eso, de alguna manera, es también la patria primera de todos nosotros: porque no es casual que nuestros idiomas, los que nos sirven para entendernos, para pensar y para crear poesía, tengan su origen remoto en las más antiguas lenguas de la India.

Vale la pena ir a la India porque en los Himalayas encontramos las más altas montañas, y, muy cerca, en el Golfo de Bengala, las planicies más bajas, a veces incluso bajo el nivel del mar. La exuberancia de la llanura del Ganges, alimentada por los monzones (que, vale la pena recordarlo, son uno de los principales motores del sistema climático mundial), coexiste con la sequedad del desierto de Thar, en el Estado del Rajastán, el segundo más grande de Asia después del desierto de Gobi. Por tanto, todos los climas, todas las estaciones, todas las manifestaciones de las fuerzas naturales.

San Agustín afirmaba que “el mundo es un libro y aquellos que no viajan solo leen una página”. Pero podría agregarse que cada libro tiene páginas especiales: las más bellas, las más coloridas, las más poéticas, las más dulces, las más inquietantes, las más impactantes, las páginas que nos atrapan y queremos volver a leer muchas veces, las que nos resultan más difíciles de entender y de aceptar, las que se vuelven inolvidables y sabemos que recordaremos cuando nos llegue el momento de decir adiós. La India se encuentra, precisamente, en esas partes del libro del mundo.

Porque, lo mismo que en el remoto pasado, cuando atrajo sucesivamente a arios, griegos, mogoles e ingleses, la India sigue siendo un mundo de riqueza inaudita e indescriptible. Por eso hay que verla, sumergirse en ella y descubrirla, así sea de manera parcial. Por eso, cuando se viaja a la India nunca se regresa igual y, por tanto, tampoco será igual lo que encontremos en nuestra vida cotidiana.


La Facultad de Artes en el cumplimiento de su misión institucional implementó el “Proyecto de Turismo Cultural - Facultad de Artes”, en el que se realizan recorridos por lugares de patrimonio histórico y cultural, que tienen una relación directa con el Programa de Maestría en Teoría e Historia del Arte y contribuyen al enriquecimiento personal y el fortalecimiento de la labor docente, además de servir de canal de conocimiento para nuestros estudiantes.

Tras la realización de los viajes académico-culturales programados por la Facultad de Artes a países como Italia, Egipto, Jordania, India, Portugal y Marruecos, entre otros, en los cuales hemos contado con la participación de docentes, estudiantes y personal administrativo de la Facultad de Artes y de otras dependencias universitarias, la Facultad programó el viaje denominado "Nepal y Sur de India: El origen de casi todo", que se llevará a cabo entre el 27 de diciembre de 2019 y el 23 de enero de 2020.

Si desea conocer toda la información detallada sobre los lugares que visitaremos, además de las condiciones generales del viaje, haga clic AQUÍ 

Informes:
Unidad de Comunicación y Mercadeo - Facultad de Artes, Universidad de Antioquia
Teléfono: 219 8887
Correo electrónico: comunicacionesartes@udea.edu.co

The Gallery Travel S.A.S
Contacto: Mónica Vallejo
Celular: 311 7334222
Corre electrónico: losvallejos@une.net.co / monicavallejo@thegallerytravel.com

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