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martes, 12 de noviembre 2019
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Alfredo Molano (1944-2019) y la Sociología como crónica de los conflictos y la violencia. In Memoriam

 

Alfredo Molano (1944-2019)
y la Sociología como crónica de los conflictos y la violencia. In Memoriam

 

Rafael Rubiano Muñoz

Profesor Titular, Facultad de Derecho y Ciencias Políticas |Universidad de Antioquia| rafael.rubiano@udea.edu.co


En los años 80 y 90, un sociólogo quien tenía linderos con el periodismo y el trabajo rural de campo era visto con recelo y entre algunos de los ortodoxos de la sociología marxista o funcionalista era tenido en ocasiones como quien practica la profesión con ligereza y hasta se le calificaba de no hacer sociología por vulnerar los marcos rígidos de la teoría e incluso de la investigación empírica. Romper con el relato sociológico plagado de conceptos y categorías, con la metodología, las fuentes y los datos era un sacrilegio. En los años 20,por poner un caso, el antioqueño Baldomero Sanín Cano claro está en variados artículos hizo un llamado a romper con la creencia que no se podía establecer un diálogo entre el periodismo y la literatura en términos sociológicos, recibió burlas y fue rechazado en los círculos y en los cenáculos dictatoriales intelectuales del país.

Romper con los inamovibles esquemas fronterizos de la sociología - como lo hizo Molano-, en los años 90, cuando la sociología se dividía en un campo de fortalezas teóricas y en otro de especialidades que parecía simple curiosidad (política, rural, urbana y de la cultura), era una herejía, o se tenía por la antisociología, lo no sociológico propiamente dicho. No obstante, vista desde el correr de los años, fue sin duda una de las fortunas de los estudiantes de sociología quienes ingresaron a la universidad pública en ese tiempo ( y leyeron algunas de las obras de Molano, por ejemplo, Los años del tropel, Siguiendo el corte, Trochas y fusiles, Selva adentro, por mencionar las más representativas,), porque pensar la sociología como una crónica de los conflictos y de la violencia, del trabajo de campo y de relatos que debían narrar las historias personales o colectivas de los sujetos sociales en la realidad tal cual se presentaban, era, se reitera, una profanación de lo que se creía constituía la esencia de la buena o auténtica sociología y nada es más valioso en medio del conformismo científico que la profanación.

Tener la audacia y al mismo tiempo, correr el riesgo de romper con las tradiciones, cuando ellas se conciben como cristalizaciones o como pétreos tótems que deben ser idolatrados o mantenidos fanáticamente por paradójicamente científicos que suponen hacer ciencia y que son literalmente creyentes no hacedores de ciencia (y se supone que ciencia implica nuevas formas de pensar y de crear) constituye uno entre muchos de los aportes que hoy tras la muerte del apreciado sociólogo Molano, hay que rescatar, enarbolar y ante todo seguir, porque en nuestras universidades y en especial en las ciencias sociales y humanas en general, la enseñanza y el aprendizaje se ha convertido en una rutina o en una consagración fofa y fláccida de profesores o estudiantes que destructivamente antes que innovar repiten y antes que pensar libremente memorizan (y en ocasiones con muy mala memoria).

El legado de Alfredo Molano es incuestionable y constituye un acervo dentro de lo que siguiendo a Jeffrey Alexander (la centralidad de los clásicos) y parafraseándolo se podría denominar como un clásico de la sociología colombiana y latinoamericana. La obra del sociólogo bogotano, enriquece, porque por un lado su modo de hacer sociología se hizo destruyendo idolatrías dentro de la misma sociología y de otro lado, edificó uno de los valores más incuestionables de la ciencia social, quitarle el monopolio a la sociología hecha desde lo urbano; y de otro, se podría agregar que, hizo una ruptura sociológica, la más difícil de sortear en quienes con solidez hacen de verdad y con autenticidad sociología, establecer un diálogo de lo micro y lo macro, de lo particular y lo universal, de lo real y cotidiano con los conceptos y categorías propias de lo que es la sociología en cuanto un saber humano y universal, esto es, pensar los conflictos y de paso hacernos pensar el orden y el cambio, la transición y lo inconcluso, de la sociedad. Una ciencia cimentada en el conformismo y la estabilidad es ciencia a medias.

El desplazamiento en la actualidad de la sociología a los extremos nuevamente y hacia una concepción de flexibilidades o de fatuidades, en medio de una universidad de mercado, no cabe duda que nos hace pensar que la crisis de las ciencias y su amaño a ser sencillamente el refugio de profesores por accidente o por necesidad, no por convicciones y vocaciones, es más traumática y quién sabe si se pueda salir de esta crisis en la proximidad, o en la lejanía, - aunque se podría leer Max Weber al respecto para tener horizontes a propósito de los ciencia años del Político y el Científico -ya que se renuncia a las mediaciones y más aún, al diálogo necesario del debate público en comunidades científicas que se han convertido en pequeñas haciendas o reinos feudales, donde la vanidad o la soberbia de docentes quienes no comprenden ni quieren comprender imponen a sus estudiantes la frustración de lecturas tan fracturadas o mejor dicho, azarosas.

Ser docente va más allá del contrato o plan de trabajo firmado, la docencia está en un proyecto pedagógico de aula y porque para ser docente es ineludible proyectarse en el tiempo, quiere decir, ilustrarse mediante una autocrítica, ilustrar la propia ilustración, pero esta exigencia anterior no pasa por muchas cabezas y el docente se rinde a la ocasionalidad o al oportunismo de las circunstancias o al imperio de las modas, ciego, sordo y mudo.

Pero sin duda, la obra de un sociólogo se torna una tradición (y es de lamentar) después de muerto su creador y su innovador, es lo que ha sucedido con muchos, por ejemplo en el caso alemán de Georg Simmer1 no pocas veces despreciado y vindicado por los reconocidos ejes centrales de la Escuela de Frankfurt (Kritische Theorie) o en este lado más de cerca con el sociólogo argentino exiliado y errante, Sergio Bagú2,quien tras su salida forzosa de su patria chica por la dictadura de Juan Ramón Perón, huyó hacia Chile y por esas cosas del destino, justamente a los días de establecerse allí se produjo el golpe militar contra Salvador Allende de manos de Augusto Pinochet en 1973, teniendo que huir de nuevo, hasta establecerse en México donde murió en el año 2002. Parecería que para fortuna de estos pensadores sociales, por poner un ejemplo, Molano, Simmel, Bagú, el exilio o la muerte, constituyen las guirnaldas colocadas en sus tumbas que sirven para el reconocimiento y su lectura en los rincones de la posteridad.

Asumir entonces el exilio como una forma de pensamiento, ya no solamente de la errancia por señalamiento, vindicación o persecución, constituye una contribución al pensar científico al que no fue ajeno Molano, porque su sociología hecha periodismo, no fue solamente el relato insulso o de ocasión como la nota periodística que se glorifica hoy en la prensa y los noticieros, sino que fue más allá, una sociología de la vida cotidiana del país en varias décadas - a la manera de la ejemplar sociología de la húngara Agnes Heller3 (recientemente muerta también)- que es esencial para comprender la historia de los conflictos y de las violencias, las que han azolado el territorio en varias décadas. Inevitablemente como se ha dicho, esa sociología como crónica, que entrelazó historias de vidas (subjetivas y colectivas), lo narrativo con lo empírico y la observación mediante una travesía de viajes y errancia, es un legado que ha desaparecido en nuestro país, por la sociología hecha oficio u oficial, enclaustrada en las aulas o en los escritorios de las murallas universitarias.

De igual manera, si se entiende exilio como aquella actitud de estar por fuera de los límites impuestos, de las obligaciones fronterizas o de las reglamentaciones discursivas administrativas, burocráticas o universitarias de los programas o de las normas académicas que se inoculan a través de los mal llamados planes de trabajo, hacer sociología al estilo de Molano parece una estridencia, ya que hoy la ciencia vale más en la pantalla digital y en la plataforma, en la virtualidad que en la realidad. ¿Qué son los planes de trabajo hoy en la universidad?, son grilletes policiales del pensamiento, la reflexión y el análisis, incluso de la investigación. Todo el trabajo docente depende de la constancia digital de las 900 horas semestre, entonces la sociología de Alfredo Molano es vigente en cuanto siempre buscó romper los muros o las cegueras de quienes se dicen son las autoridades o los autorizados de administrar o proveer la ciencia a una centena de expectantes que entran no solamente a la profesión de la sociología sino igualmente a otras ciencias, como el trabajo social, la psicología, la historia o la ciencia política, específicamente.

De lo anterior, habría que decir entonces, que la sociología de Molano es una sociología para abrir la mente y no supeditarse esquemáticamente y rendirse ciegamente a la sociología del tablero o del escritorio (que son válidas y enriquecen) pero se podría ir más allá combinando, mediando o dialogando con otras experiencias y realidades. Así que, quien piensa libremente o quien hace crítica a la realidad, de las instituciones, de las mentalidades o de la vida social en general debe experimentar ese trago (no siempre amargo, muchas veces es dulce) de sentirse exiliado, de estar ausente de lo ordinario, simple o repetitivo, de lo rutinario y saborear la complejidad, lo inaccesible, a veces lo incomprensible, porque hasta aburrido o sórdido es, en la vanidad que corroe hoy a los universitarios, que todo es comprensible porque se ha leído una fotocopia o se nombran autores que no se han leído, Durkheim, Marx, Weber, Pareto, Mitchels, Moore, Elías, entre muchos más.

In memoriam, Alfredo Molano, su sociología ha sido una contribución científica a desobedecer, siguiendo el escrito de Erich Fromm, a destruir los esquemas teóricos oxidados, las metodologías envejecidas, las miradas de la realidad ya ensombrecidas por prejuicios o por dogmas. La mirada sociológica que exige practicar la ciencia desde otros linderos u otras concepciones es lo que queda como legado de la existencia científica de Molano, su renuencia a la institucionalización, a una vergonzosa institucionalidad que (mata por agonía el librepensamiento) y se tornan en el agua bendita que se irriga en las aulas, con sabios y sabidurías tan petrificados en la enseñanza como escleróticos en las maneras de pensar y de investigar.

Es incuestionable decir que hoy, pocos han hecho de la sociología la horma del inconformismo y de la desobediencia (así lean los clásicos o las sociologías tradicionales o contemporáneas) porque para ejercer la ciencia sociológica en cualquier entorno, geografía o territorio, los sociólogos de profesión deben estar por fuera o al margen de las formas de poder, de todas las formas cristalizadas del poder, como fue el caso del intelectual y pensador antioqueño Baldomero Sanín Cano, quien hizo del periodismo, sociología o dicho de otro modo, desde su periodismo hizo análisis político y sociológico, como consta de su producción de setenta años.

En últimas, el exilio de Molano del ejercicio de hacer sociología en los contornos de un autoexilio fue ejemplar, modesto y tendrá el impacto de nutrir las próximas generaciones de estudiantes (no se sabe si de profesores) entusiasmados, o deseosos de aprender de la sociología, porque, el exilio no solamente es físico, también es de pensamiento, y está muy claro que para poder ejercer el poder de la conciencia, de la libertad o de la crítica es necesario exiliar el espíritu o ante todo, ubicarse en conciencia por fuera de lo común y de lo corriente, como es constatable de Castellio contra Calvino, en la famosa obra de Stefan Zweig, Conciencia contra violencia, o para citar a uno más cercano, José María Vargas Vila, léase, los Cesares de la decadencia.

Superar la presión social y de la opinión que es dominante en una época, ese es sin la menor duda uno de los atributos esenciales de la sociología, el otro espacio, el otro tiempo, el otro lugar, la otra sociología. Molano enseñó a la sociología hablar desde el exilio, a estar exiliada de los megáfonos del poder, distanciada de esa sociología de butacas o de escritorio, de la sociología que se practica desde las encuestas o desde las formas que (enriquecen o empobrecen) dependiendo de quienes las utilicen, la sociología cuántica o estrictamente numérica, su sociología es un emolumento a la sociología cualitativa, entre otras contribuciones y aportes.

En esta época de abulia, o atrabilis como diría el extraordinario escritor literato y observador social, Tomás Carrasquilla, en esta época de vanidades y arrogancias fútiles de la academia y de los contornos universitarios, en esta época de egocentrismos y de doctores sin obra escrita de doctorado pero con título, la obra escrita y la producción del sociólogo Alfredo Molano es un estimulante, un nutriente para repensar no solamente la sociología en general sino igualmente la sociología urbana y rural, la sociología micro o macro, la mirada sociológica y la vida empírica o la realidad cotidiana, la sociología como herramienta comprensiva de la vida cotidiana.

En una época turbulenta que vio expirar el siglo XX y se lanzó al nacimiento del siglo XXI, la sociología (concebida y practicada) del recientemente fallecido es necesaria y fundamental para el aprendiz y para los maestros de sociología, porque como se ha dicho arriba, nos permitirá contemplar desde otra fuente y con otros ojos teóricos y metodológicos la historia de los conflictos y de las violencias de nuestra nación y otras latitudes si se tiene capacidad analítica comparativa. La microsociología de Molano será necesaria e imprescindible para las generaciones de profesores que acaecen en estas décadas del siglo XXI como docentes e investigadores, y será una veta para las nuevas generaciones de estudiantes y estudiosos que llegan a las mieles del saber y el pensamiento sociológico.

Molano será un referente para una historia intelectual (de las ideas y del pensamiento) de los conflictos, las violencias, pero igual para concebir la paz, sin que desaparezca el conflicto o el disenso como problemas sociológicos esenciales. La sociología no es solamente urbana, hay otras sociologías, las otras sociologías son rurales y campesinas, como lo sabía Molano. In Memoriam.

 


           Referencias bibliográficas

1Georg Simmel. Sobre la aventura. Epílogo Jürgen Habermas. Barcelona: Península. 2002

2Sergio Bagú. Un clásico de la teoría social latinoamericana. México: Unam. 2002

3Agnes Heller. Sociología de la vida cotidiana. Buenos Aires: Paidós. 1980

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