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martes, 22 de octubre 2019
22/10/2019
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Encephalitozoon intestinalis, inhibe la diferenciación de las células dendríticas, a través de un mecanismo dependiente de IL6

“Este trabajo comenzó hace más de 8 años, fue un proyecto presentado en colaboración con el grupo GIEPI (Grupo de Investigación de Parasitosis Intestinales.)”, relata el doctor José Robinson Ramírez Pineda, autor senior del artículo, para dar una idea del trabajo previo a la presentación de un artículo y continúa:
“Estábamos en los comienzos del grupo, en ese entonces preparábamos unas células muy importantes para el sistema inmune llamadas células dendríticas; los miembros del grupo GIEPI que trabajan con parasitosis intestinal estaban investigando un parásito llamado Encephalitozoon intestinalis”.


Este, dice, es un microorganismo patógeno intestinal que hoy se sabe que es un hongo, puede estar presente en cualquier persona y no provocar mayores síntomas, esporádicamente una diarrea que puede ser tan leve que las personas no se dan cuenta que la tienen, pero cuando el sistema inmune está débil el parásito aprovecha y ocasiona una enfermedad severa que se manifiesta como un daño de estómago continuo y que puede diseminarse en todo el cuerpo y llevar a la muerte. Por esta razón también lo llaman oportunista, pues solo ataca cuando ese sistema está débil y de esta manera puede tornarse muy peligroso o incluso fatal.


Pero la historia no termina ahí. La estudiante Carmen Elisa Bernal, que es la primera autora del artículo, realizó su tesis de maestría investigando la interacción entre el Encephalitozoon intestinalis y unas de las células más importantes dentro del sistema inmune, las células dendríticas; en este proyecto se alcanzaron importantes avances, lo que hizo a Carmen acreedora a una tesis meritoria de posgrado.
El grupo Inmunomodulación venía trabajando con esas células desde años atrás, así que se dio inicio al proyecto financiado por el CODI, el cual si bien se llevó a una etapa avanzada, no se pudo terminar por falta de recursos; fue necesario realizar más experimentos y pruebas que corroboraran los resultados encontrados por Carmen y aunque ella debió desplazarse al exterior para continuar con sus estudios, otros integrantes del grupo permanecieron haciendo experimentos, por esta razón hay más autores que ayudaron al proyecto, para redondear una historia más completa y bien sustentada.


La investigación trata de lo siguiente: se estableció un sistema in vitro de cultivo de células dendríticas con esporas del parásito para analizar cómo respondían las células frente a estas esporas. De acuerdo con lo que se sabe del funcionamiento “normal” del sistema inmune, las células dendríticas deben identificar al microorganismo como parásito e internalizarlo”. Más aun, estas células no solamente son importantes reconociendo al microbio potencialmente dañino, sino también transmitiendo una especie de mensaje de “alerta” a otras células del sistema inmune como los linfocitos T, que son los que finalmente orquestan un ataque contra el invasor. Para poder hacer este trabajo eficientemente las células dendríticas deben sufrir unos cambios denominados diferenciación y maduración, en respuesta al contacto con el microbio. Se encontró que el contacto de las células dendríticas con Encephalitozoon intestinalis no llevó a su diferenciación y maduración adecuada y por tanto son incapaces de dar un adecuado mensaje de alerta. Ellas maduran de una manera extraña y dan un mensaje confuso, dilatando y enredando al sistema inmune, y eso lo aprovecha el Encephalitozoon para sobrevivir y multiplicarse. Se encontró que este parásito es tan inteligente que es capaz de alterar la respuesta de la célula, alterando su comunicación acertada con el linfocito T.
En este tipo de investigación se sigue una metodología científica para poder investigar la naturaleza de la interacción entre el parásito y las células del sistema inmune.


“Uno de los aciertos de esta investigación fue darles paso a nuevas ideas, pensar en: ¿Qué pasaría si? Una idea del profesor Robinson, que nos indujo a buscar metodologías publicadas y realizar modificaciones para responder a la pregunta propuesta por él, para de esta manera abrirse a nuevas posibilidades, sin abandonar el proyecto como tal. Fue así como encontramos que Encephalitozoon estimula a la célula a producir una sustancia que es autoinhibitoria llamada IL-6, que al final fue el título del artículo, adicionando conocimiento nuevo a la interacción entre Encephalitozoon intestinalis y la respuesta inmune”, nos cuenta Carmen Elisa como anécdota.


“Pudimos hacer el artículo hace 5 años, pero yo siempre he sido reacio a publicar artículos solo porque hay que publicarlos, porque un artículo debe ser una historia completa, redondeada en lo mejor posible, nosotros hemos intentado resistir a la presión permanente de publicar y preferimos mejor armar un artículo bien hecho; es más, fue tan bueno el resultado que fue la primer vez en toda mi vida que los revisores solo tuvieron comentarios favorables, no se tuvo que hacer ni un experimento más, ni cambiar la discusión,” agrega el profesor Robinson.
Los revisores del manuscrito fueron David Georges Biron, del Centre National de la Recherche Scientifique en Francia y Louis Weiss, del Albert Einstein College of Medicine, en USA, dos personas que son autoridad en el mundo en la Biología y la inmunología de Encephalitozoon intestinalis, quienes quedaron completamente convencidos de lo completo que está el artículo. Prueba de ello fue que se sometió a la revista el 30 de noviembre de 2015, fue aceptado con cambios menores el 12 de enero de 2016 y se publicó el pasado 2 de febrero de 2016.
Este avance representa un logro muy significativo para el grupo que siempre está trabajando para entender mejor el funcionamiento del sistema inmune, y también para la universidad, corroborando una vez más la calidad de la investigación de la Institución.

Ver artículo completo

 

 

 

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