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¿Cómo va el movimiento universitario?

08/11/2018
Por: Eduardo Domínguez Gómez, historiador, profesor Universidad de Antioquia

El profesor Eduardo Domínguez  hace un análisis del estado actual del movimiento universitario a raíz de las conclusiones de las reuniones de profesores de las facultades de Comunicación y Ciencias Sociales y Humanas realizadas recientemente.

La reunión general de profesores de la Facultad de Comunicaciones, el martes 23 de octubre y la de profesores de cátedra de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, el viernes 2 de noviembre, me permiten concluir lo siguiente:

A veces la gente se ofusca con las verdades de los historiadores, sociólogos, antropólogos y politólogos, y desmienten enardecidos los hechos circunstanciales que éstos identifican, sin embargo, la documentación y los análisis terminan dándoles la razón. Una de esas verdades es la coyuntura que dio fuerza a las protestas que hoy se manifiestan como movimiento universitario nacional.

La experiencia muestra que, si alguien prende un fósforo en un lugar con gasolina derramada, el incendio será inevitable, aunque no siempre quien hizo fuego termine inmolado. Algo semejante ocurrió con nuestro movimiento universitario actual: el fósforo lo creó la reforma tributaria que obligó al profesorado a pagar impuestos sobre la parte del salario que tenía carácter de “gastos de representación”.

Y la gasolina derramada era la desfinanciación del Sistema Universitario Estatal, la tacañería del Estado con las IES, el diseño inequitativo y por tanto injusto del programa “Ser pilo paga”, el asesinato sistemático y selectivo de líderes sociales, los llamados del nuevo gobierno a reglamentar la protesta social, el aumento paulatino de la autofinanciación que terminó garantizando exitosamente el 55% del presupuesto de las Universidades públicas pero hizo confiar a los gobernantes en que este modo de servicio social universitario es la mejor opción para salvarse de responsabilidades constitucionales con el derecho a la educación superior de excelencia y gratuidad.

Una parte del oxígeno indispensable para la combustión la pusieron los gremios profesorales en el interior de las universidades que empezaron a mover la opinión y a unir esfuerzos. La otra parte del oxígeno fue la autonomía organizativa de los estudiantes que centralizaron sus voluntades, consignas y movilización, apoyando de manera entusiasta y convicción firme la búsqueda de soluciones para evitar el desastre total. Con actitud civil y claridad política, no dudaron en movilizarse con creatividad, respeto, alegría y voluntad de poder.

Hoy la situación es clara, estamos en un punto de no retorno: o ganamos del todo la medición de fuerzas con el gobierno nacional para que lidere una reforma hacia una política pública que lleve al pleno financiamiento ESTATAL de la educación superior pública, o nos resignamos a una conquista coyuntural que sirve de paliativo por este período presidencial. Hoy la razón la tienen los estudiantes: hay que ir por lo primero. Y los profesores y empleados, debemos darles nuestro completo apoyo. No es el momento de vacilaciones con respecto a cómo terminar el semestre, este será el paso siguiente.

Lo urgente es fortalecernos y para ello, los consejos académicos de las universidades, los consejos de facultad y los comités de departamento, deben convocar a la comunidad educativa entera: además de profesores, estudiantes, empleados y servidores de distintos niveles, llamar a los padres de familia, a los proveedores y a los empresarios que se apoyan en nuestros practicantes. Pero también llamar a los gremios externos: centrales obreras, campesinos, transportadores y maestros porque sus hijos se educan con nosotros y la calidad profesional que tengan no puede depender de entusiasmos coyunturales de los gobiernos. Hay que hacer viable una gran fuerza nacional.

Los siguientes pasos son indispensables:

-    Demostrarles al gobierno, a los distintos gremios y empresarios que las Universidades públicas venimos cumpliendo compromisos de ampliación de cobertura y de co-financiación, desde hace 30 años, con impactos muy valiosos en las distintas regiones. Que sin estas actividades la situación socio-económica y cultural en las áreas de extensión social sería más deplorable, como lo documentan los informes de autoevaluación que emprendimos con todo rigor y pueden consultarse en cada universidad.

-    Que las autoridades universitarias inviten a los dirigentes estudiantiles y profesorales a un pacto por mantener la protesta sin destrucción de bienes ni agresiones que le den oportunidad a la fuerza pública de reprimir las jornadas.  

-    Una vez que se logre un acuerdo financiero, quedarán otros aspectos por resolver:

•    Ampliación de la planta docente, para que retorne a los porcentajes aconsejables entre vinculados (75%) y cátedra (25%). La proporción inversa tiene en peligro la trayectoria docente y científica por la inestabilidad de los procesos; debilita los grupos y centros de investigación y servicios externos e impide la creación de una experiencia cultural y científica fuerte que oriente a la sociedad.

•    Los consejos superiores, haciendo uso de la autonomía universitaria, deben promover la reforma de los contratos laborales vigentes con los docentes de cátedra que terminan a mediados de este mes de noviembre, y permitan extenderlos hasta culminar labores del 2018-2.

•    Pactar nuevos calendarios académicos para 2018-2 y 2019 - 1 y 2, de tal manera que volvamos a los calendarios normales en 2020-1.

Medellín, 7 de noviembre de 2018

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Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

 

 

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