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«Hoy tenemos una Universidad fortalecida»: John Jairo Arboleda

05/04/2021
Por: Pedro Correa Ochoa - Periodista

El Consejo Superior Universitario designó, nuevamente, a John Jairo Arboleda Céspedes rector de la Universidad de Antioquia. Alma Mater habló con el médico veterinario, quien iniciará su segundo periodo rectoral, 2021-2024, a partir del próximo 7 de abril.

El rector John Jairo Arboleda Céspedes estará de nuevo al frente de la Universidad de Antioquia entre 2021 y 2024. Foto: Comunicaciones de la Gobernación de Antioquia.

El año pandémico, que en Colombia se cumple este marzo, se sumó a un trienio marcado por complejos momentos en la cotidianidad de la Universidad de Antioquia. Ello, sin embargo, no amilanó la intención de John Jairo Arboleda Céspedes para buscar un segundo periodo como rector de la Alma Mater. El pasado 23 de febrero, el Consejo Superior Universitario —CSU— lo designó para el trienio 2021-2024. «Este Consejo reconoce su buena labor durante el actual periodo y confía en sus capacidades para seguir orientando a la institución ante el reto histórico de superar las circunstancias complejas causadas por la pandemia», dijo, tras la designación, el gobernador de Antioquia y presidente del CSU, Aníbal Gaviria Correa.

Alma Mater habló con Arboleda Céspedes sobre cómo ha sido la experiencia de sostener el timón de la institución en medio de esta coyuntura mundial, así como de los retos, desafíos y propuestas que se prepara para administrar en su segunda etapa rectoral que inicia en abril.

¿Qué tan diferente es la Universidad de Antioquia del 2021 frente a aquella que recibió en 2018?

El trienio que nos tocó sortear fue muy particular: en 2018 vivimos una potente movilización por la financiación de la universidad pública; en 2019 se dieron las movilizaciones nacionales; luego enfrentamos momentos críticos dentro de nuestros espacios y, posteriormente, tuvimos las graves amenazas a estudiantes e incluso un atentado contra la vida de una de nuestras profesoras. Pese a esas dificultades, tratamos de mantener en pleno el funcionamiento de la Universidad, pero luego, en marzo de 2020, llegó la pandemia y la suspensión de actividades presenciales, lo que en el ámbito interno no solo nos obligó a buscar alternativas rápidas para continuar con los semestres académicos, sino también a maniobrar financieramente para garantizar la estabilidad laboral de profesores, empleados y en general de toda la institución. Lo que quiero resaltar es que, a pesar de esas incertidumbres, este 2021 nos encontramos ante una Universidad que ha sabido proyectar con mucha potencia su valor social, gracias a todas esas contribuciones que hemos podido ofrecer ante esta coyuntura. Hoy tenemos una Universidad fortalecida, que nos sigue iluminando y, una vez más, le es útil a la sociedad en momentos tan difíciles.

Algunas personas reclaman, enérgicamente, el retorno a la presencialidad. ¿Hay un saldo rojo de su administración en ese aspecto?

Hay quienes quisieran más notoriedad de ese retorno gradual, pero no hemos estado quietos: desde julio del año pasado participamos en el comité del Ministerio de Educación Nacional, con otras universidades, para elaborar los lineamientos de bioseguridad para todo el país. A partir de ese mes empezamos a desarrollar actividades presenciales y hoy contamos con 4 309 estudiantes yendo a nuestras sedes, tanto en Medellín como en las regiones. En diciembre, además, realizamos un examen de admisión presencial con todos los protocolos, y ya estamos preparando el de este semestre, que será en mayo. Es decir, tenemos un camino andado en lo que se llama alternancia, pero debemos continuar analizando permanentemente la pandemia, con variables como la ocupación de las UCI, la curva epidemiológica y la vacunación. Por fortuna contamos con expertos en ello, que también han venido asesorando a los gobiernos departamental y de la ciudad. Así que estamos atentos a un retorno gradual más amplio, pero no podemos renunciar al principio de cuidar la salud, el bienestar y la vida de todos nuestros estudiantes, profesores y empleados. Eso no lo pueden olvidar quienes hoy exigen la presencialidad. Hay muchos docentes y trabajadores con comorbilidades a los que no solo tenemos la responsabilidad de proteger, sino también de respetar su propio deseo de continuar cuidándose.

Sin la presencialidad se han limitado actividades de bienestar, de apropiación cultural e, incluso, el activismo político y social. ¿No le parece urgente recuperar ese ethos universitario?

Esta institución tiene enormes riquezas en términos de diversidad y, en parte, eso nos permitió enfrentar esta situación: ya teníamos programas virtuales y un largo camino en regionalización. Pero esta Universidad es fundamentalmente presencial y la reivindicaremos como tal, porque sabemos muy bien el valor de espacios de aprendizaje que desbordan las aulas, como los encuentros de profesores con estudiantes o entre ellos mismos… en cafeterías, jardineras, auditorios, en las bibliotecas, en el Teatro Universitario, en el Museo... Allí ocurren discusiones de toda índole que, precisamente, hacen tan especial a nuestra comunidad académica. Con eso como base, seguramente la normalidad sí vendrá enriquecida porque hemos podido incorporar y actualizarnos en desarrollos tecnológicos y herramientas para los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Hay una tarea clave en este trienio, la reacreditación institucional. ¿Cómo va ese proceso?

Ese fue un tema de campaña y lo repito: nunca he tenido dudas sobre la reacreditación que vamos a lograr. Esta va a seguir siendo una universidad acreditada de alta calidad por el número máximo de años que otorga el Consejo Nacional de Acreditación —CNA—. Ese optimismo no es un asunto del querer, es que sé cómo se ha movido esta Universidad a lo largo de los últimos 20 o 30 años. En 2003 tuvimos la primera acreditación por 9 años; en 2012 optamos por la autoevaluación, de la que hice parte como directivo, que nos arrojó la máxima reacreditación por 10 años. Ahora, estoy seguro, lo lograremos nuevamente, porque esta y las administraciones que me antecedieron hemos hecho un seguimiento a los planes de mejora. Estamos a poco más de un año de ese proceso. Podemos decir que hemos desarrollado el plan de mejoramiento en un 86 % y que tenemos muy claras las metas, condiciones y requisitos que posibilitarán llegar a esa reacreditación».

Hablar de cobertura académica con calidad exige sintonizar con mucho pulso las finanzas. ¿Cómo están las cuentas de la Universidad tras las grietas que la pandemia agravó?

Allí hay un imperativo, porque somos muy conscientes de la enorme necesidad de cobertura en la educación superior, y en la educación superior de excelencia a la que le apuntamos y la que nos gusta y sabemos hacer. Pero esa formación de alta calidad es más costosa. Desde hace 25 años hemos hecho un gran esfuerzo por fortalecer y llevar estrategias de equidad y desarrollo local y territorial a las regiones, y reconocemos la necesidad de ampliación de cupos, pero hay un requisito innegociable que es mantener la calidad. Ahí tendremos un gran reto, porque la pandemia ha traído impactos en las finanzas. Si bien hemos tenido un ahorro en términos de servicios públicos y viáticos, también vimos una reducción de ingresos por la suspensión de contratos, asesorías y convenios interadministrativos que logramos con externos a partir del conocimiento que generamos. Además, no tuvimos examen de admisión, de donde aparecen recursos importantes. A eso hay que sumarle un esfuerzo adicional al que ya hemos hecho desde hace 18 años al cubrir la matrícula de estratos 1, 2 y 3. Así que no estamos en el mejor de los mundos, pero esperamos que este año superemos la situación y activemos convenios y contratos con municipios y entidades descentralizadas, que nos garantizan importantes recursos. De suyo, vamos a propiciar un trabajo colectivo, que nos permita poner en conversación la urgencia de la reforma a los artículos 86 y 87 de la Ley 30, para que los acuerdos con el Gobierno nacional, aquellos que se lograron en 2018 muy especialmente gracias a profesores y estudiantes, se conviertan en política de Estado; y también continuaremos buscando fuentes alternativas de base presupuestal con municipios a los que les acogemos una gran cantidad de estudiantes.

La Universidad es un paraíso complejo, pero con una pandemia esa complejidad alcanza otro nivel. ¿Por qué buscó este otro periodo rectoral?

Siento la vocación de servirle a esta universidad, porque es pública, la amo y le agradezco mucho de lo que soy. Pero lo más significativo para mí es poder representar a una comunidad académica tan comprometida, responsable y cuidadosa como esta. Esa es la gran motivación ante esto que me tocó vivir, porque entre mis antecesores no había a quién preguntarle qué hacer con la Universidad en una pandemia; sin embargo, sí encontré en empleados, profesores, estudiantes y en mi equipo de trabajo el ánimo para buscar salidas y acompañarnos. A todos ellos les debo ese reconocimiento, porque eso, precisamente, es lo que significa ser parte de este paraíso complejo que se mantiene vigente y activo, gracias a todas esas convicciones y creatividad para trabajar por otros y por la sociedad.

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