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La génesis de la brutalidad policial en Colombia

15/09/2020
Por: J. Sebastián Mejía Rendón, egresado Instituto de Filosofía UdeA

«...la génesis de la brutalidad policial en Colombia se remite a la conformación de una institución que, de suyo, fue fundada sobre presupuestos bélicos y diversas tácticas de guerra. Esto se debe a la herencia de un francés quien enseñó a los policías nacionales a atacar a la población civil con tácticas primitivas y salvajes entre las cuales se cuenta la reducción a golpes con un hueso...»

Colombia se agita por el reciente caso de asesinato de un ciudadano a manos de la Policía Nacional. A diferencia de lo que informan (o desinforman) los medios, este asesinato no es un caso aislado que unos agentes —llamados “manzanas podridas”— cometieron con exceso de su fuerza y autoridad. Es, ya lo sabemos, la prueba de que la Policía necesita con urgencia una reforma institucional que elimine de raíz sus prácticas brutales.

O, por qué no, acabar con una institución que desde su génesis se construyó sobre prácticas de agresión y salvajismo. De esta forma, en la presente columna no reconstruiré la génesis de la brutalidad en Colombia; pues, tal empresa me llevaría al periodo de la Conquista cuya herencia involuntaria fueron las prácticas violentas fruto de la pillería española. Más bien, en la presente columna me referiré a una forma de brutalidad que nos tiene indignados a todos los colombianos y que es más fácil detectar; esto es, la génesis de la brutalidad policial.

La génesis de la brutalidad en Colombia la heredamos de Juan María Marcelino Gilibert, un militar francés cuya función principal fue la de reorganizar la Policía colombiana. Gilibert  tuvo una violenta historia militar que lo acompañó y que imprimió a la institución desde su fundación. En su repertorio de campañas militares se cuenta su participación en África y en la Guerra Franco-prusiana de la cual resultó herido en el año de 1870.

Luego de ocupar un cargo administrativo, a solicitud del presidente Carlos Holguín, es delegado para reorganizar el cuerpo de policía colombiano. Oportunidad perfecta, como dirían algunos, para poner el sello de brutalidad a la neonata institución tras años de combatir en cruentas guerras.

Lo primero que hace Gilibert es dividir a Bogotá en seis circunscripciones de policía (origen de los Comando de Acción Inmediata, CAI). De esta forma, organizó a cada comisaría con 60 agentes que respondían inmediatamente ante las posibles conjuraciones en contra del poder. Se cuenta que Gilibert dormía en uno de sus despachos para no pegar el ojo ante las hordas vandálicas que “azotaban” la Capital. Convirtiéndose casi en un panóptico, Gilibert se dedicó a desmantelar supuestas conspiraciones de personajes que querían perturbar la paz y el orden. En enero de 1895 frustró una conjuración de artesanos que querían derrocar a Miguel Antonio Caro, pero su perspicacia llevó a detectar el plan antes de que fuera cometido. 

Gillibert no podía hacer todo esto solo y, por esto, dotó a los primeros policías con armas caseras para detener cualquier tipo de desviación de la recta-conducta. Entre el arsenal de armas no-letales encontramos huesos de res los cuales eran agujereados para que pasara una cabuya entre la férula y así, cuando se estaba golpeando a un vándalo, el hueso no saliera volando de las manos del Policía. De esta forma; bobos, brutos, piperos, tahúres, prostitutas, escaperos, rateros y toda suerte de estafadores fueron reducidos a fuerza de macana.

Encontramos aquí que las prácticas policíacas desde un inicio se asemejaban al primitivo golpe de hueso. Tal como aquel primate de la cinta “2001: A Space Odyssey” de Stanley Kubrick, el primate que sabe utilizar un hueso como herramienta y arma tiene más poder que los otros. Es famosa la parte del primate quebrando una osamenta; pues aquí indica cierto grado de reconocimiento del poder que les otorgan las herramientas a los primates en la medida en que les permite matar animales y comer carne:

¿Es este el poder que sienten los policías cuando tienen un arma en su poder? El primate vencedor lanza su hueso al aire y éste se transforma en un satélite que termina en el año 1999 generando una sugestiva elipsis temporal. Así pues, en paralelo con los más recientes casos de violencia policial en Colombia, desde el hueso de Gilibert, pasando por el bolillo de madera y luego de pasta, llegamos a la taser de los agentes que asesinaron a Javier Ordoñez.

En últimas, la génesis de la brutalidad policial en Colombia se remite a la conformación de una institución que, de suyo, fue fundada sobre presupuestos bélicos y diversas tácticas de guerra. Esto se debe a la herencia de un francés quien enseñó a los policías nacionales a atacar a la población civil con tácticas primitivas y salvajes entre las cuales se cuenta la reducción a golpes con un hueso.

No es de esperar entonces que esa institución, que entre otras cosas ha tenido pocas reformas desde aquel peculiar personaje, salvaguarde nuestra vida. Quizá, sólo quizá, la Policía Nacional fue creada para resguardar el orden y preservar ciertos poderes de antaño. Pero queda la pregunta: ¿preservar el poder a cambio de cuántas vidas más?


Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

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