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Los profes podemos más

28/05/2020
Por: Jairo Humberto Restrepo Zea, profesor titular Facultad de Ciencias Económicas UdeA

«...Todo lo que hagamos como ciudadanos no nos priva de mantener nuestra actitud crítica y propositiva, propia de los universitarios, buscando también con acciones incluso políticas que alcancemos el sueño de un Estado más eficaz...»

Es inevitable sentir impotencia y frustración. Encerrados en casa con nuestra gente, privados de las cosas bellas que cada día nos regala el campus universitario, aún con las interrupciones y el tropel que nos hacen salir corriendo, nos sentimos lejanos, ausentes, improductivos.

Aferrados al computador o al equipo móvil nos esforzamos por mantener las cosas como venían, llevando el aula a una plataforma tecnológica, la reunión a un simple chat, la asesoría a un intercambio de correos o mensajes por diversos canales. Subsistimos y parece que nos mantenemos vigentes, procurando dar lo mejor para que la investigación, la docencia y la proyección social mantengan viva nuestra ALMA.

Sin embargo, algo sobra y algo falta. Sobra cuando nos comparamos con el hogar promedio del país. Aunque en principio el virus no discrimina, excepto por su ataque más mortal a las personas de mayor edad o con ciertas preexistencias médicas, sus consecuencias recaen drásticamente sobre los más vulnerables y dejan al desnudo una sociedad injusta y un Estado ineficaz.

Nuestro empleo y nuestro ingreso parecen asegurados mientras vemos o escuchamos pasar por la calle decenas de personas que acuden a las ventas informales, a las serenatas, quienes se paran en las porterías de nuestras unidades a pedir ayuda, o aquellos que sacuden sus trapos rojos en sectores de la ciudad en donde hay hambre y desprotección. Podemos liderar o participar de campañas solidarias para llevar comida y otros bienes a sectores o familias muy necesitados.

Pero también nos falta. Tenemos nuestras propias carencias y debilidades. A algunos les puede hacer falta compañía, una buena salud o estabilidad emocional. Pero lo que más nos falta es ser más útiles, ayudar a los demás, contribuir a mitigar el dolor y el sufrimiento de los que hoy tienen enormes carencias materiales y ven deteriorada su calidad de vida.

No basta con quejarnos del mal gobierno, de la corrupción, y repetir que este es un país muy desigual, que no tiene solución. Nos hace falta reconocer que somos parte del problema, nos encontramos entre la población rica y somos reticentes, más allá del discurso, a contribuir para el logro de una sociedad más cohesionada y a un Estado más eficaz.

Pero nos falta hace, sobre todo, desarrollar con más fuerza y creatividad las actividades misionales para que la continuidad sea realmente posible en medio de la virtualidad, del aislamiento. La encrucijada en la que nos encontramos nos exige, al menos en un sentido ético, demostrar que nos debemos a la sociedad y que estamos dispuestos a aportar y retribuir, no solo para esperar el salario y otros derechos como unas vacaciones que no sé cómo se puedan disfrutar en medio del sufrimiento de los demás.

Por esto, con un sentido muy universitario y solidario, convoco al profesorado para tomar dos acciones concretas que demuestren que “podemos más”:

  1. Ofrecer el período de vacaciones para pensar y poner en marcha la reinvención de la Universidad. No encuentro mucho sentido, que ante la situación que vivimos, la Universidad pregunte a cada profesor si cree o quiere que sus vacaciones de mitad de año se aplacen, en cuyo caso debería justificarse claramente a la luz de procesos misionales.

    Mientras tanto, de manera especial nuestros estudiantes de pregrado y posgrado, necesitan claridad sobre el rumbo de sus cursos y escasamente encuentran que pronto se termina el semestre y que pudieran quedar cursos incompletos para cerrarlos más tarde.

    Prefiero sentirme convocado para desarrollar o ser parte de unos planes de contingencia que nos permita programar actividades para el resto de año, con las lecciones aprendidas de estos meses y configurando nuevas formas de hacer las cosas hacia adelante.

    Sin enfrascarme en asuntos jurídicos, a sabiendas de encontrarme formalmente en vacaciones y haciendo caso omiso de la respuesta típica del no se puede, estaré dedicado aquellas dos semanas al trabajo académico, con mi mejor disposición para la preparación de cursos virtuales y otras alternativas que le den sentido a nuestra misión.

  1. Contribuir con un aporte solidario para apoyar a familias de estudiantes y su entorno. A partir de la contribución que realizamos durante estos meses, con destino a estudiantes con dificultades económicas, realicemos una contribución solidaria o donación de por lo menos el 10% de nuestro ingreso durante el resto del año para mantener ayudas a estos estudiantes y sus familias.

    Tendríamos varios miles de millones de pesos con el cual conformar un fondo y definir un grupo importante de beneficiarios, pidiendo a los estudiantes que ayuden a caracterizar la situación de su entorno familiar y comunitario, de modo que se impacte sobre ellos con las mismas ayudas y se gestione la intervención de gobiernos y organizaciones sociales. Si se quiere, se puede.

Todo lo que hagamos como ciudadanos no nos priva de mantener nuestra actitud crítica y propositiva, propia de los universitarios, buscando también con acciones incluso políticas que alcancemos el sueño de un Estado más eficaz. Acaso el ejemplo no da más autoridad que la teoría que impartimos en las aulas, hoy plataformas digitales.

Actuemos, los profes podemos más.


Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

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