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Sobre el artículo La Rebelión de la pequeña burguesía

23/01/2020
Por: Rafael Rubiano Muñoz, profesor Titular, UdeA; Dr. C.S., Flacso-Argentina

« ...Lo que sucede en Colombia no es una rebelión (simple y llanamente), es la conformación de una generación política y de una ciudadanía activa y consciente, que marcha sobre los hombros de sus predecesores (de muchas décadas de luchas sociales y políticas en el país,...»

A propósito del artículo de opinión[1] de este reconocido escritor antioqueño, resulta pertinente abrir el debate y reflexionar sobre el papel de la opinión pública en los sistemas democráticos y de paso es obligado referirse a las formas de opinión en nuestros contornos. Abad se enfoca en hacer un análisis de las múltiples marchas, protestas y movilizaciones en el país, las que han complejizado la realidad social y política, dada su fluidez y el dinamismo que han adquirido las movilizaciones sociales.

El principal problema del análisis de Abad se refiere a su enfoque generalizante y a su análisis simplificador y hasta deforme frente a los eventos políticos de hace unos meses en el país. La crítica como la concibió Voltaire en su Diccionario Filosófico, es un arte y según plantea el ilustrado francés, se debe hacer sin prejuicios y sin enviada o resentimientos. Pero lo que Voltaire concibió parece no ser la actitud de Abad Faciolince.

En las democracias sin que muchos lo noten es susceptible que la opinión pública genere actitudes autoritarias, así la gente opine y haya líderes de la opinión como es el caso del señor Abad. Según Elizabeth Noelle-Neumann, investigadora de los Mass Media, quien analizó a Tocqueville (que maltrata el escritor Abad), ella planteó el problema que llamó, la espiral del silencio[2], un fenómeno equívoco y antitético de las democracias de masas.

En la espiral del silencio, la opinión pública democrática puede derivar en censuras que son imperceptibles (mediante la autocensura y la inhibición a opinar por miedo al señalamiento) y de otro lado se puede caer en la absolutización de la libertad de opinión, quiere decir, que sin calidad, ética y responsabilidad, cualquiera puede opinar, especialmente sobre los temas políticas y crear lo que una vez más Tocqueville llamó la tiranía de las mayorías, es decir, la gente sigue la voz de las mayorías (que no son muy razonables en general) y aplastar a las minorías.

Con esos criterios, se puede sostener que el articulo de Abad sobre las movilizaciones sociales es necio, y ante todo es torpe en el análisis político y por lo demás se puede calificar de tendencioso, pese a su aparente liberalidad de raciocinio. No comprende por ejemplo que hoy los movimientos sociales son pluriclasistas y que existe una nueva construcción del proletariado en la globalización, por lo tanto, sus argumentos son equívocos y de una miopía realmente grave y hasta enfermiza sin cura posible.

Basta citar que hoy se pueden leer las movilizaciones mundiales como unas nuevas formas de inconformismo a nivel global, así lo ha investigado el profesor norteamericano Immanuel Wallerstein y en un libro sobre la democracia capitalista, lo advirtió hace décadas Juan Ramón Capella[3], cuando argumentó que, en el régimen democrático de las libertades para la opinión, el consumo y la elección de vida, hay amenazas y peligros que se ciernen y se van forjando los ciudadanos siervos, que en no pocas ocasiones son creados por los opinadores.

El artículo de Abad Faciolince es un parapeto impreso que ni roza con la claridad y menos es responsable y ético con algunos conceptos que utiliza, por ejemplo, refiriéndose a lo que es la rebelión y la pequeña burguesía. Por el contrario, sus argumentos adolecen de un mínimo de conocimiento sobre ciertos problemas comunes de la sociología y la ciencia política.

Por ejemplo, la vinculación que hace suponer las protestas en las calles con la rebelión (el abuso descarado con la mala interpretación que hace de Alexis de Tocqueville) y de otro lado, la relación que establece al decir que las marchas del país son constitutivas de la pequeña burguesía. Siguiendo a Kant o a los sociólogos Max Horkheimer y Theodor Wiesengrund Adorno, el ilustrado Abad Faciolince, es tal por la capacidad que tiene de ilustrar a medias y mantener a sus lectores y auditorios sometidos con sus ocurrencias.

Abad Faciolince cita a Tocqueville, aduciendo lectura y conocimiento de ese inigualable analista político, para darse autoridad intelectual (consiguiendo totalmente lo contrario, antes que enriquecer empobrece al letrado francés), y con lo indecoroso de la arrogancia del imitador mediocre, realiza (supone él), un análisis sociológico de las clases medias en Latinoamérica donde junta (sin ninguna consideración y menos sin ningún reparo, a Chávez con Bolsonaro), crasa recurrencia de un opinador de ocasión.

En las actuales circunstancias del país, este tipo de artículos y de comentarios de opinión, antes que nutrir la democracia y la libre opinión en el país, lo que propicia es confusión y daña como el mismo Tocqueville analizó, por vicios (sin ninguna virtud) la democracia y los regímenes políticos que aspiran alcanzar los valores democráticos.

El periodista Abad Faciolince, en su columna editorial del diario El Espectador, no solamente simplifica hasta lo absurdo la complejidad social de las clases medias, su papel en las actuales condiciones en América Latina, de igual manera de modo burdo cita a Alexis de Tocqueville, literalmente fusilando y pervirtiendo el legado que ese inagotable analista político tiene para la vida actual (sus obras son fundamentales para entender problemas como la democracia, la dictaduras, el populismo, el papel de las elites, los intelectuales, el liderazgo en las sociedades modernas y las masas, la opinión pública, la relación entre mayorías y minorías, entre muchos otros problemas, como el de la libertad y la censura, la relación expertos e intelectuales, en fin).

Las marchas, movilizaciones y protestas del país en los últimos meses y en lo que vendrá no se pueden congelar y cristalizar en una rebelión momentánea de las clases medias (que dice ser componen el movimiento social del país) y no se pueden encuadrar en una reacción política de consumistas que ven el peligro del “descenso social” y por ello su inconformismo. De otro lado, entre líneas pretende asegurar Abad Faciolince, son manifestaciones sociales de un hondo resentimiento, con lo cual, deteriora más su opinión en el análisis porque vulnera la realidad de esas manifestaciones y movilizaciones: ante todo la variedad de actores y sujetos que se encuentran en las calles, sus motivos y sus pretensiones, sus alcances y aspiraciones.

Lo que sucede en Colombia no es una rebelión (simple y llanamente), es la conformación de una generación política y de una ciudadanía activa y consciente, que marcha sobre los hombros de sus predecesores (de muchas décadas de luchas sociales y políticas en el país, desde María Cano e Ignacio Torres Giraldo y otros más) y es la síntesis del inconformismo que por décadas se manipuló con la dicotomía Farc-Ep. y Estado, guerrillas y Estado. Inconformismo, desobediencia, protesta y movilización, no se pueden sumir como lo expresa con maledicencia Abad Faciolince en una escueta rebelión.

En últimas asistimos a una confluencia de actores y sujetos, instituciones y mentalidades, que encuentran como punto común, primero décadas de desgobierno y falta de gobernanza, encuentran un país de derechos múltiples conculcados, de asesinatos de líderes por decenas que se convierten en centenas y de reinsertados, de falsos positivos que se han incrementado ahora desde el 2018 con el gobierno Duque, de corrupción desenfrenada, de fraudes en las obras de infraestructura, de una educación pública en declive, y de esperanzas y expectativas desechas y destruidas, sin ningún atisbo de esperanza.


[1] Héctor Abad Faciolince. La rebelión de la pequeña burguesía. El Espectador, 12 de enero 2020

[2] Elizabeth Noelle-Neumann. La espiral del silencio. Opinión pública, nuestra piel social. Barcelona: Paidós. 1995

[3] Juan Ramón Capella. Los ciudadanos siervos. Madrid: Trotta. 1993

En el siguiente enlace se encuentra el texto completo de esta columna de opinión


Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

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