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El ahorro es mucho más que el dinero no gastado

30/10/2020
Por: Wilman Arturo Gómez Muñoz, Ph.D en economía, profesor y director del departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas UdeA

El sábado 31 de octubre se celebra el Día mundial del ahorro. Nos unimos a esta efeméride con esta reflexión del profesor Wilman Arturo Gómez Muñoz, adscrito a al Facultad de Ciencias Económicas de la UdeA.

La teoría del ahorro señala que uno de los motivos de éste, es el disponer de fondos para hacer frente a una situación económica adversa, “ahorrar para el día lluvioso”[1]. Pero una tasa de ahorro baja tal vez no pueda protegernos mucho de la lluvia torrencial que ha traído esta pandemia y que ha encerrado de tajo a las fuerzas vivas de la economía.

El ahorro (en sus diversas formas y vehículos) no solo protege a quienes puedan generarlo, sino que también apalanca los proyectos de inversión, lo que a su vez sirve de puntal para la acumulación de capital y a la postre se convierte en motor del crecimiento económico. Sin embargo, poco puede hacer una tasa de ahorro decreciente por la recuperación de la economía actual.[2]

La tasa de ahorro cae cuando hay un choque negativo a la actividad económica, tal como lo experimenta actualmente no solo el país, sino el mundo entero, y las proyecciones de los especialistas sugieren que la depresión económica actual podría durar al menos dos años antes de retornar a tasas de crecimiento positivas.

El mecanismo de transmisión puede ser más bien simple: La destrucción de empleo genera una reducción considerable en los ingresos de las personas y familias, mientras que la caída de la demanda (y también de la oferta) genera las consecuencias esperadas en la actividad empresarial, por lo que también cae el ahorro de las firmas.

Si ponemos la lupa sobre los estratos socioeconómicos y sobre las ocupaciones veremos que la gran totalidad de los llamados cuenta propia y los independientes, que antes ahorraban poco o nada, durante la pandemia están incluso vendiendo cuanto activo tengan incluidos el carro, la casa, las joyas, entre otros, pues estos ítems de consumo durable también son una forma de ahorro. Si miramos por el lado de los empleados formales, también podemos encontrar caídas en el ahorro, pues, aquellos que tengan un empleo fijo, seguramente recompondrán sus presupuestos y darán prioridad a componentes como salud, aseo, y tal vez demorarán otros gastos, e incluso aun, incluyan en sus planes de gasto, el apoyo a las redes de solidaridad familiar.

Pero el ahorro es mucho más que el dinero no gastado, es mucho más que los activos y bienes durables que podamos vender. Poco se habla del ahorrar vida, de ahorrar salud, de ahorrar tiempo, de ahorrar sufrimiento, de ahorrar bienestar. Por ejemplo; con la reactivación de la economía, lo cual es supremamente necesario, vino el levantamiento de las restricciones a la movilidad de las personas, y junto con esto vinieron las aglomeraciones, las personas empezaron a salir sin tapa bocas a la calle, y nos fuimos de paseo, nos fuimos de fiesta, nos fuimos de visita, muchas veces sin extremar las medidas de bioseguridad.  Estas acciones garantizan el aumento en el número de contagios, lo que equivale a decir que no estamos ahorrando vida, pues quien se expone de esa manera, está dispuesto a asumir que su tiempo vital se acorte por el riesgo de muerte que trae el contraer el Covid-19.

Si como colectivo no nos cuidamos, si no somos capaces de darnos cuenta de que aquello que le pasa a uno les pasará a todos, vendrá de nuevo el encierro y la parálisis de la economía. Así que ahorrar vida, ahorrar salud, serán los nuevos motores del crecimiento. De nada sirven las medidas de reactivación económica si tenemos que encerrarnos de nuevo, de nada sirven los esfuerzos de política monetaria y fiscal que están asumiendo las autoridades económicas, si tienen que paralizarse de nuevo a casi todos los sectores económicos. A nivel internacional y de acuerdo con las últimas recomendaciones de la OMS se ha visto que la solución a esta compleja situación es la responsabilidad individual.

Si después de esta experiencia tan dura y costosa no quedamos siendo mejores personas y mejores ciudadanos, entonces no aprendimos nada; si después de esta experiencia no nos damos cuenta de que deberíamos desarrollar una forma diferente de hacer empresa, de hacer relaciones, de hacer política, de hacer país, de hacer sociedad, entonces no hicimos nada. Si seguimos pensando en que el ahorrar dinero es lo único que nos hace crecer, tampoco aprendimos nada.

Hay que ahorrar otras cosas y hay que des-ahorrar muchas otras. Seamos derrochadores de solidaridad, derrochadores de consejos, derrochadores de buenos momentos, de abrazos, de buenas lecturas, derrochadores de atención para nuestros ancianos, derrochadores de tertulias, aunque sean virtuales, derrochadores de arte, derrochadores de buena vibra, derrochadores de bacanería, derrochadores de buenas acciones, derrochadores de todo lo bello y de todo lo bueno. Pero seamos también ahorradores de vida y los activos que logremos conseguir de cara al futuro nos permitirá enfrentar no lluvias sino tormentas y huracanes, de ahí el menester del ahorro en nuestras vidas.

_______________

Referencias 

[1] Save for a rainy day

[2] La tasa de ahorro de Colombia, según cifras DANE, tuvo un pico de 19.5% en 2008 y en 2018 (cifra preliminar) fue de 16.31% y es posible que caiga mucho a 2020 por razones que se conoce de sobra.


Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos.  Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia. 

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