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El agua: ¿recurso inagotable?

20/10/2020
Por: Natalia Piedrahita Tamayo-Periodista

¿Tiene que ver el derretimiento del Polo Norte con las lluvias en Colombia? ¿Por qué la Amazonía determina el clima de diferentes puntos del planeta? Es tan complejo como se lee: el agua y la atmósfera nos conectan umbilicalmente a los bosques de la Tierra.

La región de la Amazonia es clave en la disponibilidad del agua en el nivel mundial. Foto: Sebastien Goldberg / Unsplash.

Hay una cantidad fija de agua en el planeta. Esta circula continuamente a través de los ecosistemas y sus seres vivos. En este ciclo, toda el agua que cae en un continente es atraída por la ley de la gravedad hacia el océano. Si no hubiera flujo de retorno todos los continentes se desecarían, por ello la atmósfera es fundamental: es el laberinto natural por el que el agua vuelve a la tierra.

«Le hemos dicho “nacimiento” al hilo de agua que se nos aparece en una montaña o en un bosque, pero esta no nace ahí, llegó hasta ese lugar por los flujos atmosféricos que le han propiciado su viaje hasta la tierra», explicó Juan Fernando Salazar Villegas, director del Grupo de Investigación en Ingeniería y Gestión Ambiental —Giga—, quien ha dedicado gran parte de su experiencia a estudiar las interacciones Tierra-atmósfera.

Desde la hidrología, la disponibilidad de agua se piensa en función de las regiones: tal vez la cantidad de agua en el planeta sea la misma, pero si no llueve en determinado lugar se altera la accesibilidad a este recurso, afectando sus ríos, ecosistemas y, desde luego, el bienestar de sus comunidades.

La incidencia de las dinámicas humanas en el clima está relacionada con el manejo de la tecnología en los últimos 300 años. El apogeo de la extracción petrolera y de otras actividades que implican sacar el carbono que yacía atrapado en el suelo —para quemarlo y devolverlo a la atmósfera— no tiene precedentes en otras especies y ha sido nefasto.

«En la actualidad, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera está por encima de 400 partes por millón — ppm—. En los últimos 800 000 años, y hasta que comenzó la Revolución Industrial, nunca pasó las 300 ppm. Esta cifra es la evidencia inequívoca de nuestro efecto en el clima», lamentó Salazar Villegas. Los efectos del calentamiento global han llevado a la comunidad científica a generar la alerta de que el clima en un futuro cercano puede ser distinto o radicalmente opuesto a como lo hemos experimentado hasta hoy.

Los síntomas de cambios profundos ya se ven en regiones como Australia, país que se torna cada día más árido y con menos lluvias. En el contexto nacional, por el fenómeno de El Niño, probablemente relacionado con el cambio climático, fue evidente que la disminución en la circulación de agua en la cuenca más grande de Colombia —el río Grande de la Magdalena— produjo fenómenos como el apagón de 1992.

Pero el punto más alarmante se dio en junio de 2020 cuando se batió el récord de temperatura en Siberia, una llanura de clima muy frío, que estuvo cercana a los 40 °C, 30 grados por encima de lo que hubiera sido normal para esa época. En esta región está el permafrost —suelo congelado— que retiene gases de efecto invernadero de todo el planeta. Si este se derritiera, dichos gases se liberarían mucho más, incrementando vertiginosamente los efectos de la crisis climática a escala global.

«La naturaleza nos conecta con todos los lugares del mundo. Nada queda demasiado lejos cuando se trata del clima. Así como una pandemia nos reúne en torno a una sola problemática, el clima puede alterar la vida de los humanos completamente», aseguró Salazar Villegas. 

Laberintos hídricos

El ecosistema de la Amazonía es colosal. Por lo tanto, la cantidad de agua que lleva a la atmósfera es colosal, y esta agua, a su vez, llega a diferentes lugares de la Tierra a través del viento. Este fenómeno, que incluye estructuras conocidas como ríos aéreos, entre otras, está relacionado con la inyección de agua que los bosques le hacen al viento, formando un laberinto que, por las corrientes de agua y la precipitación, puede transportarla hasta cualquier región de la Tierra.

«¿Qué pasa si perdemos un bosque? El 30 % del agua que cae en el planeta es transpirada por los árboles. En muchas zonas de los Andes el 80% del agua es transpirada por los árboles del Amazonas», estimó Esteban Álvarez Dávila, biólogo y coordinador del Laboratorio de Servicios Ecosistémicos y Cambio Climático del Jardín Botánico de Medellín.

Uno de los temores más fuertes en la actualidad es la pérdida de este epicentro de condensación, evaporación y transporte de agua para múltiples regiones del planeta, como lo son el norte de Suramérica, el Atlántico Sur y el Pacífico Tropical. Concretamente en el caso de Colombia, por ejemplo, los bosques amazónicos aportan cerca del 20 % de todas las lluvias que se dan en el territorio nacional.

Salazar Villegas enfatizó en que el río aéreo del Amazonas es proporcional al caudal de 200 000 m³/s del río Amazonas; por ello es urgente que Latinoamérica y el mundo, desde sus diferentes instancias, se pregunten qué podría pasar con la disponibilidad de agua si se pierde el bosque del Amazonas: «Si no controlamos las emisiones contaminantes que llevamos a la atmósfera, si no paramos la tala de bosques, los cambios pueden ser radicales: en muchos lugares dejará de llover».

«En trescientos años quemando combustibles fósiles alteramos el clima, creo entonces que es posible hacer lo contrario: podemos atrapar el carbono que está en la atmósfera», opinó Salazar Villegas.

La alianza internacional y la implementación de soluciones basadas en la naturaleza pueden ser factores claves para lograrlo. El futuro dependerá de las decisiones que tomemos como sociedad global hoy. Pero tenemos un tiempo limitado para hacerlo. De no actuar rápido, podemos enfrentar catástrofes más graves que esta pandemia.

La seguridad hídrica es el concepto que propuso la Unesco para nombrar un estado de armonía en el que un territorio —quienes lo habitan y sus ecosistemas— puede disponer de aguas aptas para su consumo.

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