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Buscar respuestas con argumentos razonados

26/02/2020
Por: Claustro de profesores Instituto de Estudios Políticos

El Claustro de Profesores del Instituto de Estudios Políticos invita a la comunidad universitaria a continuar con el diálogo como mecanismo de acción política de esta manera habrá frutos; por ello la Universidad se necesita deliberando y pensando su futuro de manera colectiva...

Consideramos que la «romantización» de la protesta violenta ha implicado altísimos costos para la Universidad, la comunidad universitaria y los movimientos políticos que allí tienen lugar; entre otros, la pérdida de vidas humanas, por señalar alguno de sus efectos irreparables. Esos costos, decimos, son elevados en relación con la efectividad de las transformaciones a las que dicen aspirar los manifestantes violentos; pero no son menores que los derivados del ingreso de la fuerza pública al campus universitario: su acción es también inútil y afrentosa si su propósito es acabar con los encapuchados que usan explosivos en la universidad.

Su ingreso demuestra una política que privilegia la sanción coactiva y el uso de medios violentos para la solución de los conflictos, paradójicamente, en el marco de una presunta confianza nacional en el diálogo y la reconciliación, al tiempo que se convierte en un pretexto para la agrupación de quienes ahora encuentran en la bandera colectiva de la rabia y la indignación un motivo de radicalización, incluso de quienes dudosos habían empezado a congraciarse con la negociación y la argumentación políticas.

Ya la universidad, a su ritmo que es el del diálogo, había logrado que muchos estudiantes cuestionaran públicamente a los encapuchados por usar símbolos que amedrentan y desdibujan la diferencia, y artefactos explosivos que los ponen y nos ponen en peligro. Así también muchos profesores propiciábamos los debates necesarios alrededor de rituales obsoletos, mientras lamentábamos la reciente pérdida de un estudiante que tanto hubiera seguido haciendo por su comunidad si estuviera vivo. Estábamos avanzando hacia otras formas de acción política y esperábamos ansiosos ver nuevos resultados.

Ahora bien, tampoco encontramos razonable seguir proponiendo soluciones orientadas según esa misma línea de obcedada inutilidad pues no sirven para resolver las problemáticas que nos aquejan; pareciera que somos incapaces de leer los ciclos de la protesta y de encontrar los repertorios de acción adecuados para transitar en la coyuntura.

El paro o la asamblea permanente, en este justo momento, cuando acabábamos de retomar la discusión en las aulas, las vuelven a vaciar, las desarticulan y atomizan. No logran su efecto de presión y en cambio, se vuelven contra los estudiantes becados, los de las regiones alejadas o aquellos que viven fuera de la ciudad y deben cancelar semestre, y en general contra quienes tienen expectativas de cumplir un ciclo universitario en un tiempo razonable, para no mencionar los que aspiran a ingresar y los que, ya habiendo sido aceptados, esperan, desesperan y desisten mientras aguardan a que culmine el semestre académico. Envía la discusión afuera de la universidad, o dentro de ella pero con cada vez menos voces que puedan alimentarla con diversidad de argumentos.

Debemos mantener el propósito de buscar respuestas a nuestros problemas con argumentos razonados. Por eso invitamos a la comunidad universitaria a continuar con el diálogo como mecanismo de acción política porque sabemos que da frutos; pero para eso necesitamos a la Universidad deliberando, pensando su futuro de manera colectiva y respondiendo a los retos que supone los temas y medidas que, a propósito de la coyuntura, se han propuesto para la discusión colectiva.
 

Medellín, 26 de febrero de 2020

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