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Indignados

06/12/2019
Por: Judith Nieto López, profesora Escuela de Microbiología

« ... A la dirigencia del país, en cabeza del presidente Duque, le urge escuchar con sensatez el llamado de la ciudadanía llevado a través de la marcha del 21N. Desatenderlo puede traer consecuencias graves. El caso de Chile, donde el presidente Piñera escuchó demasiado poco y respondió demasiado tarde, puede evitarse.»

El soberano que fija
los impuestos, influye en qué 
podrán comer sus súbditos,
sobre qué superficie dormirán
y si se cubrirán con
lino o con seda. 


Olga Tokarczuk (Premio Nobel de Literatura 2019)

Corren tiempos difíciles para los ciudadanos del mundo; es lo primero que se quiere expresar en estas líneas urgidas ante los acontecimientos de miedo “provocado” antes, durante y después de la marcha del 21 de noviembre pasado.

Pero estos días de horror perpetrado por el Estado contra la ciudadanía, de forma aleve e irrespetuosa, no son días nuevos; a la ciudadanía no solo se le han arrebatado los derechos, sino que la han despojado de la ilusión —sí, es también una protesta porque nos han dejado sin ilusión—. Estos acontecimientos tampoco corresponden exclusivamente al mundo contemporáneo, ni al Tercer Mundo, ni a Colombia.

En otros tiempos ha habido reclamos y levantamientos similares; basta pensar en el movimiento comunero protagonizado por los criollos en el siglo XIX y, en concreto en 1781, en el Socorro Santander, un territorio que, agobiado por la represión y la carga de impuestos, un día se levantó contra el edicto que obligaba a nuevas contribuciones.

Han pasado más de dos siglos y las razones de inconformidad de una población cada vez más sometida al miedo y la zozobra permanecen en toda una geografía que no cesa de reclamar.

Ahora bien, si nos detenemos en lo ocurrido en términos de reclamo social, solo en unos pocos años de esta década podemos constatar cómo el mundo presenció, desde el 2011, el surgimiento de una serie de movimientos constituidos de modo singular para la manifestación y para la protesta social, promovida, en particular, por jóvenes inconformes ante la escasa oferta laboral, el establecimiento de nuevos sistemas de gobierno y las limitaciones impuestas a las libertades, restringidas mediante una despiadada represión.

Este año puede considerarse como el prólogo de una rebelión social sin límite; insubordinación iniciada en el Viejo Continente y que terminó por identificarse mundialmente con la autodenominación de los indignados. Agitación que bien puede entenderse como una estrategia contestataria antisistema que se ha expandido por todo el mundo y a la que hoy asistimos perplejos los ciudadanos de estas geografías lejanas.

Las reacciones dadas en los últimos años en este lado del planeta son un claro efecto de lo ocurrido en el Viejo Mundo al inicio de esta década. Un recuento sucinto y puntual parte de las manifestaciones de reparo y reclamo promovidas por los indignados tuvieron su comienzo en el 2011 en España con el denominado movimiento 15-M y parte de la crítica bipartidista.

Las expresiones de dicho movimiento también permitieron ver a un país agobiado por la crisis económica y el creciente desempleo; y luego en Grecia, atrapada en la vorágine de la crisis económica. En 2012 la palabra crisis se afianzó en los grupos de indignados, llama de la justa rebelión que ha permanecido encendida y que en este 2019 ha dejado ver su fuego acrecentado mediante luchas que vienen de Hong Kong, del Líbano, de Francia, y se han expresado en vecinos como Ecuador, Chile donde no terminan, Bolivia —que aún reclama—, Venezuela —donde persisten—.

Y en Colombia, donde por “varios días” las calles fueron recorridas por los pasos y las consignas de los descontentos, que aquí también resisten de manera legítima a las injusticias y exclusiones en las que se empeña el gobierno actual.

Expresiones de descontento que en el caso colombiano muestran claramente la crisis generada por modelos económicos y políticos vencidos y sus “metas” agresivas y de exclusión en todo el planeta.

Lo anterior da cuenta de la situación del sur del continente y que expresa la forma enojada como en la actualidad se manifiesta América Latina, según paráfrasis de un titular de El Espectador del 17 de noviembre pasado.

Este mínimo recorrido histórico traído a modo de contexto procura meditar sobre lo que nos pasa ahora; en él se da cuenta solo de algunas de las protestas, que pueden leerse como antecedentes de los levantamientos protagonizados por poblaciones llenas de motivos para reclamar.

Conviene hacer alusión también a un indignado que, por medio de sus páginas, mostró las complejidades de una época y un país que hoy todavía protesta: se trata de Charles Dickens (Portsmouth, 1812 - Londres, 1870), escritor inglés y autor de Tiempos difíciles.

La obra de Dickens narra, entre otros temas, la desigualdad imperante en la población londinense del siglo XIX; época distante en el tiempo, pero próxima a las razones de lucha que identifican a las personas de esta centuria.

Dickens es considerado como el primer indignado, lo demostró al convertir en razón estética la desigualdad padecida por sus gentes, la injusticia soportada en su niñez por jornadas extenuantes de diez horas en una fábrica de betún. ¡Qué mejor motivo para reflexionar en estos tiempos difíciles y de ilusiones perdidas que acercarse a las páginas de un indignado!

Adenda 1. Las aterradoras noticias e imágenes —muchas de ellas difundidas por las redes sociales con la fuerza que estas han tomado— de las protestas del 21N dieron cuenta de que vivimos presos del miedo; el miedo desconoce los límites, va por todas partes, está en la piel, se anuncia con el paso quieto detrás de los andenes.

Fue el miedo que ante el invasor imaginado llevó a que muchas personas se armaran para enfrentar al atacante que nunca llegó. Fue miedo el que, a la manera del título del escritor sudafricano a J. M. Coetzee, en su novela de 1980 Esperando a los bárbaros, puso a algunos a esperar a los bárbaros, para mostrarnos lo que podemos llegar a ser: unos bárbaros.

Adenda 2. A la dirigencia del país, en cabeza del presidente Duque, le urge escuchar con sensatez el llamado de la ciudadanía llevado a través de la marcha del 21N. Desatenderlo puede traer consecuencias graves. El caso de Chile, donde el presidente Piñera escuchó demasiado poco y respondió demasiado tarde, puede evitarse…


Nota

Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

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