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«El mundo que conocimos se acabó y no es una condena»

19/11/2020
Por: Redacción Alma Mater- Programa Cultura Centro

Manuel Castells, actual ministro de Universidades en el Gobierno español, señala que hoy la humanidad se enfrenta a una «dicotomía total entre solidaridad o individualismo». Aquí, una selección de sus ideas a propósito de su paso por Memorias del presente, espacio de conversación promovido por la Universidad de Antioquia.


Manuel Castells es uno de los académicos del ámbito de las ciencias sociales más citados, especialmente por sus trabajos sobre comunicación. Foto: cortesía Fronteiras do Pensamento.

El español Manuel Castells es uno de los sociólogos más importantes del mundo contemporáneo. En un momento como el que vive la humanidad producto de la pandemia por la covid-19, sus disertaciones resultan esclarecedoras y ofrecen luces para comprender las complejidades que revisten asuntos como el papel de los movimientos sociales, las redes en el internet y los nuevos individuos que requiere el planeta. Retomamos cinco ideas de su conversación con el periodista Alonso Salazar para el programa Memorias del presente, un espacio de conversación promovido por la Universidad de Antioquia, Comfama y Confiar Cooperativa Financiera.

El acceso a internet

La brecha digital es una brecha social que tiene dos componentes: la brecha de conectividad del sistema informático y la brecha de educación: cuanta menos educación se tenga, menos capacidad de utilizar internet. Al acumularse las dos brechas, la clase media obviamente utiliza mejor internet que los pobres, quienes en muchos casos no saben aprovechar sus ventajas. El maestro es lo más importante de la escuela, pero si tiene equipamiento informático es más potente, por tanto, es una falsa oposición aquella que dice que separa la educación digital de la personal. }

Para lograr un cambio social, los Estados deben garantizar el equipamiento y desarrollo de redes que lleguen con internet a las regiones marginadas. Las grandes empresas de comunicación equipan con redes de punta los barrios ricos de las grandes ciudades y no tienen tanta presencia en las zonas rurales porque en ellas no hay ganancias para su mercado, por lo tanto, deben generarse políticas nacionales e internacionales contra la brecha digital. Hay que tener cuidado con extrapolar la idea intelectual de que «es que yo necesito es tocar el libro, el libro en físico»: muy bueno que tengas el libro pero, sino, por lo menos que lo tengas por internet ayuda mucho.

Las redes sociales

Hoy en día, si no se tiene interacción en redes sociales, la cosa política es muy limitada; son el espacio en el que se conquistan o se manipulan las mentes. ¿Quiénes son los actores? Las redes. No hay un actor, un intelectual o un partido de vanguardia que desarrolle por separado las grandes ideas. Nunca dejen a un intelectual liderando un movimiento de transformación, porque el ego intelectual siempre es mucho más potente que las necesidades de las personas.

Las redes son un enjambre: hay miles de personas diciendo cosas, y en muchos casos consiguen influir y establecer proyectos para el bienestar colectivo, la innovación social y política. Así como la capacidad de destrucción es palpable en las redes, también se ven en ellas las principales luchas sociales; estas son una expresión de lo que somos los humanos colectivamente: ángeles y demonios; por tanto, si así lo queremos, desde ellas podemos conquistar lo mejor de nuestra especie.

Habitabilidad del planeta

El que el mundo del trabajo no necesite la mega concentración urbana que ha requerido hasta hoy es un comienzo, el problema es que solo las clases profesionales y otras cuantas empresas pueden trabajar desde sus casas. La transición ecológica no es solo deseable sino también necesaria para evitar catástrofes, esta pandemia es solo un efecto de una globalización incontrolada de redes de contagio a escala global. Pero hay una cantidad de efectos más como las catástrofes, la deforestación, la contaminación del agua; todo esto es una puesta en cuestión de un modelo de civilización, pero el miedo a lo desconocido nos está paralizando y la parálisis en una crisis tan fundamental es autodestrucción. 

Salir de la crisis requiere no solo reconstrucción, sino transformación. El sistema de transporte que impera en el mundo está basado en la destrucción progresiva de la habitabilidad del planeta, y si no se quiere llegar a ello tenemos que empezar a cambiar ahora. Entonces la industria automovilística debe facilitar la transición a la movilidad energética, cuyas fuentes de energía son renovables —hidrógenos verdes—. Hoy día es mucho más barato vivir en un pueblo que en una ciudad, y como ahora muchas empresas aceptan el teletrabajo, pueden cambiar el modelo de relación de las personas con la naturaleza.

Es un momento de cambio

El mundo que conocimos se acabó y ello no es una maldición o condena, dependerá siempre de lo que hacemos como humanos. El teletrabajo, y que nos relacionemos para casi todo digitalmente, lo muestra; aunque creo que sería mejor desarrollar paralelamente la interacción social y la capacidad de relación en redes de digitalización. Hemos introducido una transición digital más acelerada de lo que se estaba pensando y con ello se deben repensar muchas instituciones, por ejemplo, los derechos de los trabajadores, el control de las redes digitales.

Pero hay más: ha quedado claro que la salud como dependiente de una sanidad pública es el centro de la sociedad. Sin embargo, el cambio geopolítico más importante que se está produciendo en el mundo es que se incrementó la crisis de hegemonía de Estados Unidos y se ensanchó la capacidad de influencia de modelos asiáticos; un enorme cambio. Y está el fundamental: darnos cuenta de aquello que no veíamos importante, los lazos con familiares y amigos, lo que llamo «la sociedad del abrazo»: valoraremos más los abrazos, estar con las personas y los amores, ir al supermercado, ver a alguien. Estamos en una dicotomía total entre solidaridad o individualismo, una encrucijada: estábamos en piloto automático sobre nuestra existencia y ahora debemos pilotearla.

Los movimientos sociales

Hay que diferenciar los movimientos sociales como prácticas transformadoras de conciencias y los movimientos de acción política a través del Estado. Los movimientos que realmente transformaron el mundo no han sido los que intentaron destruir un Estado, esos fueron movimientos revolucionarios, fundamentales en la historia; pero los movimientos sociales son otra cosa, su importancia reside en la difusión de valores culturales y el cambio de mentalidades que luego se traduce en cambios políticos. Allí donde hay explotación y dominación hay resistencia, sino, viviríamos una historia sin esperanza. Hay movimientos sociales porque las instituciones democráticas no permiten la plena expresión de las demandas populares.

Colombia tuvo generaciones ligadas a una oposición violenta, que destruyó los canales democráticos y claramente se apreció un suicidio colectivo representado en la continuidad de una guerra sin fin. Los movimientos sociales desaparecieron, pero los problemas sociales no y, por consiguiente, ellos existirán hasta que haya expresiones institucionales que manifiesten las demandas de la justicia social. Colombia no es un país pobre, es un país injusto. Los movimientos sociales pueden y deben cambiar las mentalidades y procedimientos, deben hacer que una izquierda en el sistema sea realmente izquierda, que asuma las demandas populares, que no sea enteramente prisionera de los intereses dominantes aunque respete las reglas de la democracia. Ya sabemos que cuando un movimiento social sin instrucción política llega al poder es una dictadura, no del proletariado, sino de los que eran.

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