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La minería deja sus marcas en las ciénagas de Nechí

26/11/2020
Por: Julián David Ospina Sánchez- Periodista

En los sedimentos de una de las ciénagas de Nechí —Bajo Cauca antioqueño— las huellas de metales pesados dan pistas sobre las prácticas mineras de los últimos 150 años. Tras rastrearlas, investigadores alertan que la aceleración actual de la explotación aurífera puede llegar a impactar la salud de los pobladores y del ecosistema.

Con perforaciones y extracción de sedimentos de la ciénaga Las Palmas, municipio de Nechí, los investigadores identificaron los usos de metales pesados en diversas épocas. Fotos: cortesía Diana Agudelo.

El agua, la seguridad alimentaria y las fuentes de trabajo que ofrecen los complejos cenagosos pasan a un segundo plano cuando se habla de oro en Nechí. Es un precio muy alto el que pagan las comunidades por la extracción de este mineral. A través de la recolección de sedimentos, que datan los últimos 5300 años en la ciénaga Las Palmas de ese municipio del Bajo Cauca antioqueño, se pudo establecer que desde 1980 las concentraciones de metales pesados contaminantes como el mercurio, el plomo, el zinc, el níquel, el cromo y el cobre vienen creciendo vertiginosamente en este entorno acuático.

Aunque los ecosistemas tratan de autorregularse, no se sabe hasta cuándo van a soportar la dinámica de crecimiento de la minería. «No es efecto del azar que desde 2010, cuando se dio vía libre a la explotación aurífera, se empezara a detectar el crecimiento desmedido de las concentraciones de metales pesados en los sedimentos, lo que genera una alerta importante que nos pone a pensar en la necesidad de un monitoreo constante y un cambio de prácticas», explicó la doctora en Ingeniería Ambiental, Diana Agudelo Echavarría.

Esta alerta temprana surgió de un estudio que indagó por el registro histórico de la contaminación de metales pesados, en la ciénaga Las Palmas del complejo cenagoso El Sapo, liderado por el profesor Francisco Molina, director del Grupo en Gestión y Modelación Ambiental —Gaia—, con el apoyo de la Universidad Autónoma de Barcelona y la financiación de MinCiencias.

El hallazgo enciende las alarmas ante el impacto que tiene dicha concentración de metales, pues comunidades aledañas toman el agua directamente de la ciénaga y también desarrollan actividades como la pesca y el turismo. «Los peces ingieren los metales que están en el agua y estos no se eliminan en sus excretas, se acumulan y se biomagnifican, es decir que crecen en su concentración. Los humanos que se alimentan con estos animales también biomagnifican los metales, lo que puede provocar daños en el sistema nervioso central, en los riñones y en el hígado, entre otros órganos», advirtió Agudelo.

Marcas de las intervenciones humanas

Aunque el estudio se concentró en el complejo cenagoso El Sapo, dadas las limitaciones que para los investigadores representaban los problemas de orden público que se viven en el Bajo Cauca antioqueño, los niveles de contaminación encontrados en esa zona —y superiores en otras— se presentan en la mayoría de los seis municipios del Bajo Cauca, según lo advirtió la Defensoría del Pueblo en el informe La minería sin control.

«La minería en esta región se desarrolla de manera indiscriminada —afirma el documento publicado en 2016—, sin ningún control o supervisión que prevenga el deterioro o los impactos ambientales negativos. Es realizada en su gran mayoría por personas con pocos conocimientos técnicos y de manera ilegal».

Los investigadores hicieron perforaciones de hasta 3.7 metros y extrajeron sedimentos que permitieron conocer la historia de la intervención humana en la zona en los últimos 5300 años, según la prueba de carbono-14, que ratificó la edad del material recogido. «Estos sedimentos son el archivo que te va contando una historia. Ese depósito de materiales en el fondo de la ciénaga permite establecer, en el ecosistema estudiado, cuáles procesos se vivieron y en qué momento», dijo la investigadora.

Además, para ser más específicos en el estudio del paso de los años y los diferentes fenómenos en el material recolectado, en la Universidad Autónoma de Barcelona se hicieron pruebas de plomo-210 y cesio-137. Los sedimentos analizados fueron los de los últimos 150 años, por ser el tiempo en el que se podían relacionar con la actividad minera.

«Este trabajo permitió establecer, a través del incremento en la concentración de metales pesados como el mercurio, el plomo, el cromo, el níquel y el cobre, que en 1980 hubo una reactivación de la explotación de oro, y que a partir del año 2000 se presentó una aceleración representativa de esta actividad, que no ha parado y que ha tenido los picos más altos en los años 2010 y 2014», explicó Agudelo Echavarría.

Según los investigadores, los números arrojados no son alentadores. Por ahora hay una alerta, pero no se sabe en cuánto tiempo se convertirá en un problema grave, partiendo, por ejemplo, de que Colombia es el segundo país en el mundo que más consume mercurio para la minería, y que la llamada maquinaria amarilla sigue dejando sus desechos en complejos cenagosos como el de El Sapo.

Concentración —por metro cuadrado por año— de metales en la ciénaga Las Palmas. Periodo: 1890 a 2014

  • Mercurio: pasó de 6.3 microgramos por metro cuadrado por año a 327 microgramos por metro cuadrado por año.

  • Cromo: pasó de 4.1 miligramos a 161 miligramos.

  • Cobre: pasó de 1.5 miligramos a 47 miligramos.

  • Níquel: pasó de 2.4 miligramos a 79 miligramos.

  • Plomo: pasó de 0.8 miligramos a 31 miligramos.

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