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Viaje por el delta del río Atrato

27/03/2017
Por: Lina Marcela Gallo Benítez - Corporación Académica Ambiental

Un estudio realizado por Tatiana Correa, candidata a doctora en Ciencias del Mar, revela la importancia ecológica de los hábitats estuarinos del delta del río Atrato y la presencia de microplásticos, que denota la contaminación acuática de este valioso ecosistema.

Delta del río Atrato

El zangarreo y la contaminación acuática por microplásticos son algunas de las amenazas para los peces del delta del río Atrato. Foto: Tatiana Correa.

El río atraviesa casi todo el departamento chocoano y recorre la cordillera Occidental mientras 150 cursos de agua acrecientan su caudal. Viaja más de 700 kilómetros hasta encontrarse con el mar en el sector suroccidental del golfo de Urabá y allí vierte sus aguas dulces: alrededor de 4.900 m³ de agua por segundo. Este lugar de encuentro entre ecosistemas marinos y fluviales es el escenario de manifestaciones e intercambios de formas de vida.

El río Atrato no solo aporta agua al golfo, con sus nutrientes y organismos; se estima que 11 millones de toneladas de sedimentos viajan con el río al año y gracias a la ubicación de la desembocadura en sentido sur-norte, que amortigua los oleajes generados por los vientos alisios, conforman el delta y le dan su peculiar forma de pata de ave.

Lo que se genera en términos biológicos en este intercambio de aguas dulces con aguas marinas se denomina ecosistema estuarino, un lugar abundante en peces donde factores como salinidad, temperatura, transparencia y saturación del oxígeno fluctúan debido al intercambio permanente de las aguas que llegan y las aguas que ya están allí. Para identificar los hábitats, las condiciones y comportamiento de los peces que nacen, se reproducen o llegan hasta este punto, Tatiana Herrera, ecóloga de zonas costeras y magíster en biología, realizó el estudio llamado “Ecología de peces en el sur del delta del río Atrato en el mar Caribe: Ensamblaje, reproducción y crianza”.

Este trabajo hace parte de su tesis del doctorado interinstitucional en Ciencias del Mar, en el cual participan varias universidades de Colombia interesadas en investigar los océanos del país. A esta investigación se han unido estudiantes de Ecología de Zonas Costeras y Oceanografía de la sede Ciencias del Mar en Turbo de la Universidad de Antioquia y grupos de investigación como el GEOc —Grupos de Estudios Oceánicos— adscrito a la Corporación Académica Ambiental, el GIUA —Grupo de Ictiología— de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y el grupo LEGECE—Laboratório de Ecologia e Gerenciamento de Ecossistemas Estuarinos e Costeiros— de la Universidad Federal de Pernambuco (Brasil). El proyecto fue cofinanciado por el CODI.

Entre los hallazgos más valiosos del estudio, para el cual se realizaron muestreos mensuales entre mayo de 2013 y abril de 2014, se destaca la importancia ecológica de otros hábitats estuarinos además del manglar. Así lo expresa Tatiana Correa: “el manglar se conoce como la sala cuna del mar y precisamente quise incluir otros hábitats estuarinos que están presentes en esta zona, por ejemplo el arracachal, que son asociaciones de arbustos, y el eneal, que son asociaciones de pastos, también analicé los fondos lodosos y el hallazgo es que no solamente el manglar cumple funciones importantes en la crianza de los peces, los otros hábitats también y es importante conocer esto para efectos de conservación”.

Larva de Sietecueros oligoplites saliens, una especie estuarino-marina de importancia comercial a nivel local. Cortesía Tatiana Correa.

Son en total 84 especies de peces, 30 de ellas de importancia comercial, las que usan los hábitats estuarinos en alguna etapa de crecimiento de su vida, lo que significa que es vital generar estrategias que permitan la conservación de la biodiversidad del delta del río Atrato y por ende de los peces, que son el sustento y alimento de las comunidades humanas que viven en los municipios costeros del golfo de Urabá. En este sentido existen antecedentes de otros proyectos del GEOc en los cuales se ha identificado, mediante talleres con los pescadores, el uso de redes de nylon de 2 y 2.5 pulgadas que atrapan peces muy pequeños, especialmente empleadas por parte de pescadores foráneos, pues los locales saben que usar estas redes reduce el tamaño de peces importantes a nivel comercial.

Otra práctica que han reconocido los investigadores en este diálogo de saberes con las comunidades es el “zangarreo”, que consiste en hacer un encierro y golpear el agua con los remos, técnica que también afecta notoriamente a los peces.

Para las autoridades ambientales como CORPOURABÁ es clara la necesidad de diversificar las actividades productivas en este territorio y promover la educación ambiental. Además, el delta del río Atrato es un área de protección que requiere un manejo especial según lo establece la Unidad Ambiental Costera del Darién creada en el año 2013 por el INVEMAR y el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Las prácticas conflictivas de pesca no son la única amenaza para los peces del delta del río Atrato. Por primera vez se han hallado microplásticos en la columna del agua analizada en este estudio, lo cual denota la contaminación acuática a la cual están expuestos y de paso abre el camino a nuevas investigaciones: “Medimos variables ambientales como la clorofila A y el zooplancton, que nos indican la cantidad de alimento disponible para los peces y encontramos unos pedazos de plástico con tamaños inferiores a 5 milímetros. No podemos asegurar que estén adentro de los peces pero lo más probable es que sí, pues estos microplásticos están en el ambiente y son tan pequeños que los peces los pueden confundir con alimento e ingerirlos; pueden ser residuos de bolsas o pitas que no deben estar naturalmente en el agua y al consumirlos les puede obstruir el tracto digestivo, esta es una problemática que aún no se ha estudiado en esta zona del golfo”, precisa Tatiana Correa.

Larva de pez globo (Sphoeroides), una especie estuarino-marina que se puede encontrar comúnmente en el manglar. Cortesía Tatiana Correa.

La proliferación de desechos de plástico en los océanos y en particular el hallazgo de microplásticos en organismos marinos como aves, peces y crustáceos son temáticas emergentes en el ámbito internacional. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y los países miembros de la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS) entre los cuales se lista Colombia, adoptaron el Programa Regional sobre la Gestión Integral de la Basura Marina en el año 2007 como medida para abordar esta creciente problemática y su afectación a los seres vivos. Uno de los comunicados del PNUMA alerta sobre el uso de microplásticos y “microperlas” presentes en productos como geles, limpiadores faciales y pastas dentales, los cuales no son filtrados en tratamientos de aguas residuales y terminan en ríos, lagos y finalmente en océanos. El consumo de plástico a nivel mundial debe limitarse, pues tarde o temprano, en grandes o diminutos trozos, va a parar en el mar.

Los hábitats arracachal y manglar presentaron una mayor densidad de microplásticos, ya que están formados por arbustos y raíces inundadas que permiten la retención de sólidos. “Es necesaria la continuidad del estudio de los microplásticos en otras partes del golfo, teniendo en cuenta que la costa oriental tiene mayor presencia de población humana, esta podría tener una mayor densidad de estos contaminantes. También, el análisis de la presencia de microplásticos en el contenido estomacal de los peces y otros grupos de animales podría mostrar la magnitud de esta contaminación”, afirma la investigadora.

Pese a que no existe mucha información publicada al respecto, es conocida en el ámbito académico la presencia de metales pesados como plomo, cadmio y mercurio tanto en las columnas de agua, como en los sedimentos y peces. Para los investigadores no es una sorpresa si se tiene en cuenta la intensa actividad minera, formal e informal, que se realiza en el Chocó  y cuyos contaminantes son finalmente vertidos en las aguas del río Atrato. Varios grupos de investigación de la Universidad de Antioquia se encuentran estudiando esta situación que puede tornarse más compleja si se tiene en cuenta que estas sustancias tóxicas pueden acumularse y magnificarse en la cadena trófica, afectando seres vivos, entre ellos los humanos.

Otro tema que podría afectar la ecología del delta del río Atrato es la actividad portuaria, pues en la actualidad existen varios proyectos de este tipo  en el golfo de Urabá. “La actividad portuaria por sí misma puede generar impactos como la invasión de especies a través de la inadecuada disposición de las aguas de lastre. Además, en caso de que no exista una adecuada disposición de residuos sólidos y líquidos, se podría incrementar la contaminación del golfo. Es necesaria la creación de sistemas de recepción de residuos tanto sólidos como líquidos en los puertos para las embarcaciones que arriban, entre otras medidas que minimicen estos impactos”, concluye Tatiana Correa quien sustentará su tesis el próximo 4 de abril de 2017.

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