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Disfrutar también es asunto de investigadores

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06/02/2017
Por: Juan Diego Restrepo Toro – UdeA Noticias

Conversamos sobre la razón de ser de los investigadores con el médico Elkin Martínez López, quien hace parte del grupo de investigación en Epidemiología de la Facultad Nacional de Salud Pública, y es el invitado al Día del investigador en el Sistema de Bibliotecas, el próximo viernes 24 de febrero.

 

Foto: cortesía Elkin Martínez. 

“No es algo extraordinario ni del otro mundo, la investigación académica es una opción de trabajo real para personas de carne y hueso; además es un buen negocio porque produce satisfacciones personales, materiales y espirituales que no tienen forma de medirse”, dice Elkin Martínez, profesor de la Facultad Nacional de Salud Pública y coordinador de la línea de investigación en promoción de la salud y epidemiología ambiental, quien a partir de su trayectoria quiere mostrar que la investigación es un “campo bonito”.

Contrario a lo que muchos puedan pensar, para Elkin Martínez la actividad de investigar no es monótona, ni aburrida, ni difícil, ni complicada, hasta el punto de afirmar que “como investigador no conozco la palabra aburrimiento, pues cada día es excitante, atractivo y lleno de posibilidades”. Suena inspirador, pero ¿cómo lo hace?

Desde su perspectiva basta con hacer lo que se ama y amar lo que se hace, alimentar la curiosidad, la observación y disfrutar del proceso investigativo. 

Por eso llega a su trabajo a las cinco de la mañana, antes que todos en la Facultad. Dice sentirse como un niño que se levanta animado porque en su colegio saldrán de visita exploratoria. “No me cuesta trabajo levantarme temprano ni quisiera quedarme durmiendo cinco minuticos más, porque con esta inquietud que llevo dentro me levanto con entusiasmo, con la mente fresca y enfocada hacia una pregunta interesante para avanzar en la solución de problemas y con el propósito de ayudar a otros en sus procesos investigativos”.

Al final de la jornada no siente que haya preguntas que le quiten el sueño porque tiene la certeza de que el disfrute no está en tener respuestas, sino en el proceso de exploración. Por eso recomienda a los jóvenes investigadores resolver las dudas una a una, como armando un rompecabezas: “sientes satisfacción al agregar las piezas y aproximarte a la visión completa, pero la felicidad no es la meta, comienza con el proceso… yo la sentí desde el primer día en que ingresé a la Facultad de Medicina como estudiante”. 

Pero en la investigación académica no basta con armar el rompecabezas, cada respuesta conduce a otras preguntas y el proceso va continuando como en una espiral. “Incluso puedes encontrar que el camino que pensaste en un principio no es el adecuado; pero esto ya es un hallazgo, porque te conduce a descartar una opción y podrás explorar con entusiasmo las posibilidades de otra alternativa. Es muy probable que esta otra sea la respuesta que estabas buscando". 

El germen de un investigador

“Desde pequeñito yo quería ingresar a la Universidad de Antioquia, era el referente del mejor desarrollo académico al que podía acceder”, recuerda Martínez, quien creció en el barrio Buenos Aires, en una familia amorosa y sencilla que decía sobre él: “este niño se ve como inteligente”, pero esa inteligencia no consistía en poder discurrir sobre temas profundos, sino en una actitud observadora, curiosa y atenta, cualidades que hoy nota en sus estudiantes universitarios.

Su primaria la cursó en una escuela pública y se esforzó por pasar al Liceo antioqueño, “una versión en bachillerato de la Universidad”, apunta Martínez, “yo ya tenía el gusto por investigar, no lo advertía en aquel momento pero la gente sí”. En la secundaria pudo estimular esas inquietudes y cultivó ese primer germen de investigador porque se encontró en un entorno apropiado para desarrollarlo.  

Tras alcanzar la meta de formarse como médico en la Alma Máter, se interesó en comprender cómo funciona el cuerpo, estudió el posgrado en fisiología y se adentró en el conocimiento de las ciencias básicas biomédicas. Más tarde, cuando fue invitado a ser profesor de la Facultad de Medicina, pudo compartir su conocimiento con nuevas generaciones de investigadores.

En aquella época se interesó en el corazón y en el sistema circulatorio, “es el primer órgano que funciona desde antes que uno nazca y dura hasta que uno se muere, incluso hay gente que muere cerebralmente y su corazón sigue funcionando”.

Un giro inesperado

¿Cómo hacer para que las personas puedan permanecer sanas la mayor parte del tiempo? Esta y otras preguntas lo llevaron a la salud pública, lo que implicó preocuparse por la comunidad en vez de enfocarse en cada paciente y dar un salto de lo individual a lo social y de la clínica a la epidemiología, donde pudo encontrar las herramientas analíticas para examinar la salud de las comunidades, entre ellas la bioestadística. 

Para Martínez, la epidemiología consiste en hacer comparaciones y contrastes. La cualidad de ser un observador curioso se va transformando en una habilidad de ser un observador agudo: poner atención a los detalles, observar con cuidado y contrastar las características que tienen los distintos grupos humanos. 

Por eso define el método de la observación cuantitativa como riguroso, sistemático, objetivo, imparcial y confiable, “no son conclusiones por corazonadas, sino mediciones numéricas”, y también resaltó el valor de lo cualitativo: “porque detrás de cada número hay una persona, con una historia de vida y una familia; en salud los números tienen un significado”.

De ahí que se llene de esperanza cuando se da cuenta de que hay enfermedades y muertes evitables. “Si antes no habíamos podido salvar a las personas porque no sabíamos de qué se enfermaban o de qué morían, cuando sabemos las causas sí que podemos tomar medidas preventivas, entonces se refuerza la emoción del investigador porque ya no es una curiosidad vana, sino una curiosidad útil”. 

Con la mente en la esfera de la salud pública y con herramientas claras, el siguiente paso era saber a qué problemas dedicarse, cuáles eran los más importantes y cómo estudiarlos cuidadosamente. 

¿Qué investigar?

Para Martínez hay dos cosas que se deben investigar: lo que a uno le gusta y lo que la sociedad demanda. Lo primero se hace por vocación, gusto y en busca del bienestar físico, mental y espiritual; para él se resume en temas relacionados con el bienestar humano. 

Lo segundo se hace porque es necesario, “porque son problemas de la comunidad: obesidad, contaminación atmosférica, enfermedades cardiacas, tabaquismo… cosas que se estudian por obligación moral”. 

¿Dónde formarse?

Aunque pensaba que los investigadores deberían estar en donde se concentra el mayor desarrollo y la riqueza, hoy está convencido de que hay personas inteligentes en todas partes del mundo y los investigadores pueden formarse en países en vía de desarrollo. 

“Veo cualidades excepcionales en mis estudiantes, son chicos inteligentes, que hacen preguntas interesantes, que se apropian del conocimiento, que tienen planteamientos originales, disposición mental y emocional, y buena actitud”, anota Martínez y contrasta este perfil con el de los investigadores de más prestigio: “mientras más grande es el científico en la dimensión académica y profesional, también más esplendoroso es en las cualidades humanas”.

Y es que para este apasionado de la salud pública es necesario conectar lo local con lo internacional, y en ese proceso se convenció de que la grandeza de los científicos está en que puedan ser personas sencillas, serviciales y accesibles: “son mentores, te ven el entusiasmo y te respaldan con asesorías, tienen una actitud tan paternal que uno alcanza a sentir no solo respeto por la ciencia, sino por esos científicos que la toman con vocación y humanismo”. 

Para encontrar la satisfacción personal en la investigación científica recomienda preguntarse qué podemos hacer por los demás, por la gente, por la comunidad. También explica que con el estudio, poco a poco, se va construyendo un legado en determinada área del conocimiento que es creciente y va a ser útil a quienes están cerca y a quienes vienen más adelante. “Son riquezas que se construyen en el mundo del espíritu, de la mente y del conocimiento: cosas que permanecen”. Elkin Martínez hace las cosas con tanta alegría que asegura que sería capaz de trabajar en investigación académica el resto de su vida, incluso gratis.

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