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Inequidad, caries de la salud bucal en Colombia

22/10/2018
Por: Juan Diego Restrepo Toro- Periodista

En qué trabajamos, cuánto ganamos y qué consumimos, determinan nuestra salud bucal. Distintas inequidades inciden en que el 92% de los colombianos, de 12 a 79 años haya tenido caries alguna vez.

Fotografías: Cortesía Facultad de Odontología. 

Que las personas de bajos recursos tienen peor salud bucal parece una cuestión de sentido común. Sin embargo, varios salubristas han advertido que el asunto es más complejo de lo que parece: del trabajo y de lo que consume una persona, dependerá su salud bucal —¡y en general toda su salud!—.

Si en su trabajo se expone a tóxicos o a situaciones estresantes, si la jornada laboral es de ocho horas o de doce, si cuenta o no con afiliación a alguna entidad prestadora de servicios odontológicos, o si puede sacar el tiempo para lavarse los dientes cuando trabaja. De todo eso depende qué tan bien están sus dientes. Y, hay que advertir, esas circunstancias no siempre se asocian al nivel de ingresos. 

«Se trata de comprender que la salud bucal no es un problema aislado de los modos de vida de las personas —explica Ángela Franco Cortés, decana de la Facultad de Odontología—. Hay que dejar de explicar esta problemática solo por la falta de cuidado de la gente o simplemente afirmando que ésta no sigue las recomendaciones de cepillar dientes, encías y lengua más de 3 veces al día, o que no visita al odontólogo cada 6 meses».

Hay casos de casos, por supuesto: posiblemente exitosos empresarios tengan poco tiempo para dedicar unos minutos a su cuidado bucal. Sin embargo, lo cierto es que los ingresos de las familias son determinantes no solo en la posibilidad de que un obrero pueda comprar cepillos, sedas y cremas dentales —que los publicistas promueven hábilmente—, sino también en qué alimentos puede consumir su familia, y si estos son lo suficientemente nutritivos y favorecen la formación de tejidos saludables en la boca. 

El último Estudio Nacional de Salud Bucal – ENSAB 2014, incorporó por primera vez en Colombia la determinación social en salud, novedosa perspectiva de análisis. Según los resultados, el 92% de las personas entre 12 y 79 años ha tenido caries dental en algún momento de su vida. Pasa igual con el 33% de los niños de 1, 3 y 5 años, quienes también han presentado antecedentes de la enfermedad. Además, los distintos grupos poblacionales presentan una baja accesibilidad a los servicios de salud. 

«No es un asunto de pobreza. Hay distintas inequidades de acuerdo con la forma como cada persona se inserta al proceso productivo. El desafío es cómo mostrar esto en salud bucal, en una época de desestabilización del mundo del trabajo», señala César Abadía, investigador de la Universidad de Connecticut. 

Para Abadía, la salud bucal está relacionada con estabilidad laboral: si es desempleado, si trabaja de manera informal, si tiene un contrato a término fijo o si le pagan por horas, si su trabajo es urbano o del campo; «cuando analizamos inequidades en Colombia, vemos que obreros y campesinos tienen un alto índice de necesidades básicas insatisfechas»

Tutelas, radiografía que preocupa

Los cálculos del Ministerio de Salud y Protección Social muestran que la cobertura en atención odontológica es baja: alcanza un 7.1% de la población total del país. La cifra contrasta con la de cobertura de aseguramiento al Sistema de Seguridad Social, que fue de 94.8% en el 2017. 

En Medellín, entre 2008 y 2018, se presentaron 1.048 acciones de tutela por servicios de salud bucal.

Esta cifra es evidentemente menor al total de tutelas referentes al sistema de salud, que tan solo en 2017 fue de 11.304 tutelas —2.626 más que en 2016—. Esa diferencia podría dar una pista: muchas personas ni siquiera saben que tienen derecho a la salud bucal y tal vez por eso no interponen tutelas enfocadas a ese servicio.

Según la Personería de Medellín, las personas entutelan por falta de citas con odontólogo general, higiene oral, cirugía oral y otros especialistas. Porque las entidades de salud no les responden por las prótesis, o porque el tratamiento y la medicina no es cubierta por el Plan de Beneficios de Salud – PBS, antes conocido como Plan Obligatorio de Salud – POS. Aunque también se conocen casos en los que les han negado tratamientos sí incluidos en el PBS. 

«No hablamos de tutelas por asuntos estéticos, como la gente suele creer, sino de situaciones de profunda inequidad», explica Diana Guerra Mazo, abogada de la Personería. «Al leer las tutelas encontramos narraciones dolorosas de enfermedades bucales que se agravan porque las personas no tienen acceso a los servicios de salud de manera oportuna o porque les ponen barreras en la atención». 

Las tutelas ofrecen una radiografía que preocupa: problemas de nutrición, deficiencias de servicios públicos domiciliarios, desplazamiento forzoso y otras violencias; pacientes con movilidad reducida o enfermedades graves, por las cuales no pueden acceder a los servicios. 

Otros usuarios no disponen del dinero para pagar copagos, cuotas moderadoras y de recuperación. Incluso, hay casos de familias cuyo poder adquisitivo es tan restringido que comparten los cepillos de dientes.

¿Salud o estética?

«¿Qué significa la caries en el proceso vital de una persona? Si entendemos la enfermedad como un proceso crónico, destructivo y acumulativo, podemos observar que la inequidad se va agravando con el tiempo», dice Abadía, quien pone el ejemplo del uso de brackets estéticos o del blanqueamiento dental como marcador de belleza y aceptación, indicadores de la capacidad de consumo.

Abadía señala que el complejo médico industrial, representado por las multinacionales y a través de la publicidad, desarrolla la estrategia de «bio-fármaco-medicalización» de la vida, que hace que el cuidado bucal sea visto como algo estético o que da estatus. 

La caries, sin embargo, es una enfermedad clásica en la odontología y ha existido desde siempre. «Aunque en el país los indicadores de caries disminuyen —advierte Sandra Zuluaga Salazar— en ellos se enmascaran distintas inequidades de género, culturales, de clase social, etcétera». Para la docente de la Facultad de Odontología, es necesario que los odontólogos tengan en cuenta lo social y lo grupal para mejorar la atención individual, «se trata de comprender quién es esa persona que tengo en el consultorio y qué respuesta le doy en términos de educación y atención». 

¿Soluciones? Reorientar el modelo y la formación

Para Diana Guerra, una solución es reorientar el modelo de atención al enfoque familiar, comunitario y territorial. «En el papel eso suena muy bien, pero ¿cómo lograrlo si a duras penas se consigue la cita?». 

La realidad muestra que los servicios se concentran en las grandes ciudades y a los particulares poco les interesa prestar servicios odontológicos porque no les son rentables, por eso entregan lo básico y ofrecen los demás servicios como estéticos o complementarios.

Según la decana Ángela Franco, es necesaria la participación activa de la ciudadanía para que conozca y reclame sus derechos. «Debemos hacer educación para promover el derecho a la salud y cambiar el imaginario de que la odontología es algo por lo que hay que pagar y que no hay nada que exigir más allá de la limpieza o la cita de diagnóstico odontológico». 

La formación de profesionales también es clave. Sandra Zuluaga indica que la perspectiva de la determinación social es innovadora para la odontología clásica, caracterizada por ser una profesión predominantemente clínica y técnica. 

Zuluaga también resalta los distintos observatorios en los que participa la Facultad de Odontología de la Universidad de Antioquia, que permiten debatir sobre el tema y hacer seguimiento a los indicadores. 

El Gobierno Nacional ha realizado cuatro estudios en todo el país: en 1966, 1980, 1998 y en 2014, cuando se aplicó la perspectiva de determinación social. Estos estudios han permitido monitorear la evolución de indicadores de morbilidad oral en 50 años.

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