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Garantizar acceso equitativo de la vacuna para COVID 19 y generar confianza

25/02/2021
Por: Juan Eduardo Guerrero Espinel, Docente asociado de la Facultad Nacional de Salud Pública y miembro de la Asociación de Salud Pública, de la Mesa Antioquia por la Transformación del Sistema de Salud y del Pacto por la Salud y la Vida.

«... Es hora de un pacto nacional e internacional para salvar vidas ya, para proteger el planeta, la gente y lograr paz, justicia social y acelerar la lucha frontal contra las desigualdades...»

La mayoría de los ciudadanos de los países afectados por la pandemia COVID 19, tienen la esperanza de que la vacuna llegue pronto y en cantidad suficiente. Por un tiempo adicional, al menos en el 2021, es necesario mantener las 3 medidas de bioseguridad: uso de mascarilla, distancia física y lavado de manos.

Por otro lado, la pandemia dibujo nuevamente las líneas de desigualdades y la débil protección social de los grupos de trabajadores informales y sus familias, en ellas se concentran los fallecidos, y es necesario y urgente protegerlos socialmente. Nuestro mundo es desigual y por lo tanto hay que proteger a todos los ciudadanos, “para que nadie se quede atrás”.

El más alto nivel de Naciones Unidas, su director el Dr. Guterres, expresa que “no hay salida de la pandemia sin acceso justo y rápido a las vacunas”.  Hasta ahora, solo 10 países más ricos, están en la posibilidad de cumplir con la meta del 70% de inmunidad para lograr el control en su territorio. Sin embargo, todos sabemos que la circulación del coronavirus continuará en el resto de los países y podrán surgir nuevas variantes, que impidan el control global de la pandemia.

A nivel internacional, la industria farmacéutica ha sido más poderosa que los organismos internacionales multilaterales. Se han impuesto a los países, condiciones de confidencialidad, precios, fechas de entrega y se ha reafirmado, que la vacuna es un bien privado, que puede y debe ser explotado sin tener en cuenta la fragilidad de los países más pobres. La gobernanza global en este punto de la historia ha fallado. 

Nunca en la historia, hubo tan altas inversiones públicas y privadas para acelerar los estudios y aportar a la producción masiva de la vacuna, pero al final, se privilegia, la respuesta del mercado de las vacunas y se ha impedido, que este sea declarado un bien público global para enfrentar la pandemia.

Ante esto, es necesario, propiciar una movilización global, con el apoyo de los países, para construir una alianza que viabilice la producción descentralizada de la vacuna de COVID 19 y otras vacunas (con transferencia de tecnología) para diversas enfermedades prevalentes, para los diferentes continentes, especialmente, África y la región de las Américas.

La vacuna, puede ser un pasaporte de diplomacia, para lograr que Rusia, China, Estados Unidos de América, Canadá, Reino Unido, Japón y los líderes europeos, establezcan un plan o acuerdo para garantizar la equidad de acceso a las vacunas, facilitando inversiones estratégicas para abrir centros de producción en diversos países, incluyendo la Región de las Américas. Esta, región que ha aportado desafortunadamente un alto número de casos de  fallecidos globales, requiere repensar las inversiones en ciencia y tecnología y apostar a la soberanía farmacéutica y tecnológica, para producción de insumos estratégicos para la salud.

Este asunto de salud global implica, que las voces de ciudadanos, académicos, legisladores, deban estar más cerca del bien común, que en la defensa de las ganancias de los fabricantes sin sentido de justicia social.  El acceso equitativo es una necesidad imperante e inaplazable.

La salud pública y la atención primaria una respuesta imprescindible

No debemos olvidar, que mientras se logra el acceso equitativo a las vacunas, no cabe la menor duda que todos los ciudadanos-as, familias y comunidades junto con la autoridad sanitaria debemos continuar el cuidado primario de la salud que implica: a) evitar contagios, seguir contactos, hacer pruebas, aislar los casos positivos, brindar protección social a los más débiles y vulnerables infectados, b) activar equipos de atención primaria de la salud para atender en forma integral e integrada los problemas mas frecuentes de salud pública, en cada uno de los entornos: familiar, escolar, comunitaria, laboral e institucional. Requerimos, que la autoridad sanitaria, se apropie de la salud pública y multiplique sus capacidades con equipos de salud interdisciplinarios.

Es hora de salvar vidas

La única forma de lograrlo es con la acción concertada para mantener comunidades y familias sanas, detectar en forma precoz los problemas de salud y vida (los determinantes sociales), que reducen en el mediano plazo la expectativa de vida.  Se debe, cuidar en forma temprana todos los problemas de salud. La Empresas Administradoras del Plan Básico (EAPB), conocidas como EPS, no pueden, seguir esperando que les lleguen o los llamen los enfermos o que estos tengan que acudir a las urgencias, cuando el dolor ya alcanzó los límites no tolerables. Esto, no es salud, y los colombianos-as, hemos pagado y se contribuye en lo subsidiado, para mantener la salud al más alto nivel posible. No puede continuar, un sistema que privilegia la enfermedad y la facturación de más alto costo, para ser rentable.

La Ley 1751 de 2015, claramente nos dice, que debemos avanzar en la evaluación de la rentabilidad social, y dejar a un lado la “rentabilidad financiera”.  Salvar vidas ya, implica, un compromiso real con la salud pública y la atención primaria.

La vacuna es confiable

Otro gran desafío en esta coyuntura, es convencer, educar y sensibilizar a todos los ciudadanos-as y familias que, por desinformación, noticias falsas, y por rechazo a la poca transparencia de los gobiernos en el mundo, han llegado a la conclusión de no vacunarse. Este es un frente pedagógico de alto nivel, con la voz a voz, con la escucha, con el diálogo social, para lograr desde la academia, la autoridad sanitaria, el sector educativo y otros más, una gran alianza académica, para lograr la máxima cobertura de vacunación, con el respaldo de las comunidades. Se necesita, generar confianza, credibilidad y aceptación, pero esto es más complejo, en un país o en los países, en los que prima la incertidumbre y la confrontación de grupos políticos. Así, que para salvar vidas ya, hay que educar y crecer en la cultura de la salud pública incluyente y protectora, de todas las formas de vida.

La protección social una prioridad

La pandemia, afecta la mayoría de las economías a nivel global, unas han tenido una mayor crisis que otras, que afecta, con el hambre a muchos hogares. Es la hora, de salvar vidas, protegiendo a los más pobres, a los trabajadores informales, a los ciudadanos sin techo, es necesario invertir recursos solidarios. Los impuestos deben grabar a los que más tienen, se necesita una visión solidaria y aplazar con créditos el pago de la deuda externa, para lograr liquidez que proteja a los más necesitados. Imposible el avanzar con hambre, sin empleo formal; el Estado debe en esta coyuntura privilegiar lo social, la renta básica es una salida coherente. Reducir desigualdades sociales es un desafío, para los gobiernos de la región de las Américas, ligado a una visión de “hambre cero” y formalización del empleo, sin intermediarios.

Los ciudadanos del mundo debemos exigir menos retórica y juego político con la pandemia, es necesario reconstituir la fuerza de las regiones, de sus gobiernos y sus pueblos, reducir la incertidumbre, entregar información clara y transparente, avanzar en veedurías ciudadanas, para develar la imposición de la industria farmacéutica a los gobiernos débiles y que privilegian reglas “leoninas” del mercado. En el futuro inmediato, hay que trabajar para redefinir y fortalecer la gobernanza global, desde la OMS, con la fuerza de las organizaciones sociales junto a los gobiernos coherentes con el cuidado de la salud y la vida.

Es hora de un pacto nacional e internacional para salvar vidas ya, para proteger el planeta, la gente y lograr paz, justicia social y acelerar la lucha frontal contra las desigualdades. La academia junto a la sociedad tiene que contribuir a la inflexión del modelo de producción y de consumo, para abrir paso a modelos alternativos del cuidado de la vida en economías solidarias y sostenibles.
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Bibliografía

  1. Lancet, Desafíos para garantizar el acceso global a las  vacunas COVID 19, producción, asequibilidad, asignación y despliegue, febrero de 2021. https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)00306-8/fulltext
  2. OPS/OMS, Declaración de Alma Ata, 1978, https://www.paho.org/hq/dmdocuments/2012/Alma-Ata-1978Declaracion.pdf
  3. Unesco, Red de Bioética, Vacuna como bien público, no comerciable. https://www.paho.org/hq/dmdocuments/2012/Alma-Ata-1978Declaracion.pdf
  4. Alianza Académica, Dialogo Nacional: Presente y futuro de la salud Publica, tema: Vacunas, febrero 24 de 2021.

Notas

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