El resurgimiento del autoritarismo en América Latina
El resurgimiento del autoritarismo en América Latina
«La teoría del capitalismo postrero plantea el problema central acerca de la forma en que una formación social en crisis estructural puede hacer frente a problemas existenciales como el cambio climático. Según Lessenich, las sociedades capitalistas han buscado superar sus crisis mediante diferentes mecanismos de absorción: la organización del mercado, el fomento del cambio tecnológico y la institucionalización de políticas sociales. Pero estos mecanismos son ahora insuficientes para enfrentar los nuevos problemas generados por el cambio climático».

La semana pasada se realizó en la Universidad de Antioquia el simposio internacional «El resurgimiento del autoritarismo en América Latina. La democracia en crisis a nivel global y los límites del capitalismo neoliberal». En el evento participaron 17 filósofos y académicos de América Latina y Europa para reflexionar sobre los temas señalados en el título.
Un asunto fundamental del simposio consistió en el diagnóstico de los problemas económicos, ecológicos, políticos y sociales del mundo contemporáneo y, en particular, en el giro hacia el autoritarismo en América Latina. Una idea central, en la cual concordaron varios participantes, es la de que el problema no está solamente en la democracia, sino en el capitalismo expansivo y en la hegemonía del neoliberalismo, en cuyo altar está siendo sacrificada la democracia.
Siguiendo las ideas de Achille Mbembe, se señaló que la crisis de la sociedad moderna está producida tanto por la forma en que la estabilización dinámica, específica del capitalismo —en la cual son determinantes el constante crecimiento, la aceleración, la innovación, la apropiación de todos los recursos de la naturaleza y el aumento de la riqueza de determinados grupos sociales—, destruye toda manifestación de realización humana, y cómo la tierra en su conjunto ha sido aprehendida y distribuida por los pueblos europeos a partir del inicio de la modernidad occidental en los siglos XV y XVI. En todo este proceso que se extiende hasta los siglos XX y XXI se han destruido complejos ecosistemas en estos territorios colonizados del sur global, se han saqueado recursos minerales, arrasado hábitats naturales y llenado depósitos y vertederos de basura tóxica, lo cual ha generado, entre otros efectos negativos, la migración de las poblaciones que allí habitan.
El actual director del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt, Stefan Lessenich, introdujo el concepto de «capitalismo postrero» —latest capitalism— para mostrar que la humanidad está ante un tipo de problemas, que denomina existenciales, los cuales amenazan la reproducción social de la vida humana, el planeta y el capitalismo democrático. Dentro de estos problemas existenciales el más grave y fundamental es el cambio climático, el cual se manifiesta en el hecho de que el capitalismo está llegando a sus límites materiales, que no se manifiestan solo en el agotamiento vertiginoso de los recursos naturales, las energías fósiles o los metales que sostienen la infraestructura material de nuestra existencia, sino que también se muestran bajo una forma tóxica en el agua que bebemos, en la comida que consumimos y hasta en el aire que respiramos.
La teoría del capitalismo postrero, que es una versión actualizada de la teoría del capitalismo tardío —formulada por Claus Offe en los años setenta— plantea el problema central acerca de la forma en que una formación social en crisis estructural puede hacer frente a problemas existenciales como el cambio climático. Según Lessenich, las sociedades capitalistas han buscado superar sus crisis mediante diferentes mecanismos de absorción: la organización del mercado, el fomento del cambio tecnológico y la institucionalización de políticas sociales. Pero estos mecanismos son ahora insuficientes, pues ni el mercado ni la revolución tecnológica ni el estado social de bienestar tienen la capacidad para enfrentar los nuevos problemas generados por el cambio climático.
Para comprender la manera en la que se está planteando una estrategia para normalizar la catástrofe climática se invierten una cantidad de recursos institucionales en la producción de un conocimiento social acerca de la gestionabilidad de la crisis climática con los métodos habituales y los medios disponibles. En este sentido, Lessenich analiza tres variedades del distanciamiento —políticas del «como sí»— que caracterizan nuestras actitudes frente a la catástrofe del cambio climático:
Represión. Hacer como si no pasara nada —desrealización—. Aplazamiento. Hacer como si se estuviera haciendo algo —racionalización—. Negación. Hacer como si se pudiera realizar todo —solucionismo—.
Mediante estas tres variantes del distanciamiento —la indiferencia cotidiana que determina que sigamos actuando y consumiendo como si no estuviera sucediendo nada, la racionalidad gubernamental que se caracteriza por que los gobiernos gestionan el cambio climático afirmando que hacen como si se hiciera algo —se aplaza lo que se debe hacer— y el solucionismo que afirma que estamos en capacidad de solucionar el cambio climático mediante la tecnología y el desarrollo científico— se establecen las características de una forma de vida indiferente y ciega frente a los problemas de la catástrofe climática. En suma, estas tres estrategias se articulan y fomentan a sí mismas en la normalización de nuestra vida ante la catástrofe climática. Y así queda como último recurso de absorción de las contradicciones del capitalismo, dicho de forma pesimista, la violencia abierta y la guerra.
Así mismo Sergio Muñoz analizó las formas de reacción ante la actual crisis eco social. Aunque esta es hoy ampliamente reconocida, sus causas y efectos son conocidos y existe el deseo de cambiar y actuar correctamente, la mayoría de nosotros nos seguimos viendo como consumidores que «intentamos» dejar de hacer lo incorrecto. En este sentido afirma que esto se puede denominar una disonancia cognitiva en la que el conocimiento no se traduce en un deseo correspondiente de actuar.
De otro lado, Paula Mira cuestionó los modelos de crecimiento que han sido utilizados por gobiernos de derecha y progresistas en América Latina, basados en la idea de una economía de crecimiento centrada en la explotación de la naturaleza. El problema es que se ha pensado que la única alternativa de crecimiento para la región es alcanzar la justicia social a través de la explotación de la naturaleza no humana y de la explotación de los animales.
Mira considera que la expansión de la ganadería es una forma particular de extractivismo, pues no solo está orientada a la exportación, sino también a fortalecer y expandir el consumo interno en la región. Afirma además que el sistema alimentario basado en la ganadería constituye una de las principales causas de la actual crisis ecológica y social pues los cambios en el sistema tierra impulsados por la agricultura contribuyen a casi una cuarta parte de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
¿Qué deparan estos cambios a América Latina y en Colombia? Vemos que en la región muchos le apuestan a que nuestras sociedades no sólo sigan siendo capitalistas e insostenibles ecológicamente, sino que también aspiran a realizar el giro autocrático y autoritario. Milei, Bolsonaro, Kast, Bukele, Mulino, Noboa y Uribe/De la Espriella/Cabal plantean la maquinación de sociedades más autoritarias, que no pretenden conservar el statu quo sino reconfigurarlo en el sentido de una defensa a ultranza del libre mercado, del capitalismo sin frenos con valores morales reaccionarios, recortes fiscales, desmantelamiento del estado social e individualismo extremo. El sentido del simposio fue hacer una crítica pública y abierta que sirva para enfrentar esta regresión histórica.
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• Esta columna fue publicada en el sitio web de La Silla Vacía
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