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domingo, 26 de septiembre 2021
26/09/2021
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El eterno voyeur: Jean Fragonard
Por Drúa Espinosa


¿Hay algo más interesante que vivir un erotismo pleno? Sí, observarlo. El erotismo va más allá de la dimensión sexual con el que culturalmente se ha cargado este término. El erotismo comprende esa dimensión incluso espiritual en dos (o más) seres se unen a partir de un afecto, un sentimiento o un deseo común; lo erótico es ese lugar de complacencia en el que el hombre se hace planamente espiritual haciendo posible el reconocimiento de su dimensión sagrada.

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1. El columpio. 1767. Colección Wallace de Londres                          2. El progreso del amor el encuentro 1771 Óleo sobre lienzo

3. Muchacha con perro

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CUENTO XI – EL CONDE LUCANOR – EL DEÁN DE SANTIAGO
Juan Manuel

De lo que aconteció a un deán de Santiago con don Illán, gran maestro que moraba en Toledo

Otro día hablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, y contábale sus asuntos de esta guisa:

—Patronio, un hombre vino a rogarme que le ayudase en un hecho en que había menester mi ayuda, y prometiome que haría por mí todas las cosas que fuesen mi pro y mi honra. Y yo comencele a ayudar cuanto pude en aquel hecho. Y antes de que el negocio fuese acabado, creyendo él que ya el negocio suyo estaba resuelto, acaeció una cosa en que cumplía que él la hiciese por mí, y roguele que la hiciese y él púsome excusa. Y después acaeció otra cosa que él hubiese podido hacer por mí, y púsome otrosí excusa: y esto me hizo en todo lo que yo le rogué que hiciese por mí. Y aquel hecho por el que él me rogó, no está aún resuelto, ni se resolverá si yo no quiero. Y por la confianza que yo he en vos y en el vuestro entendimiento, ruégoos que me aconsejéis lo que haga en esto.
 

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Impresión femenina, Mary Cassatt

Por Drúa Espinosa


Todavía hoy es complejo pensar que las artes no tienen género. Históricamente en el desarrollo de las artes ha prevalecido el género masculino como la figura de artista y de manifestación del arte ya sea desde la creación, la crítica o comercialización de este. Sin embargo, no solo es posible, sino necesario hacer un recuento de todas aquellas mujeres que han estado implicadas de manera directa en la creación de obras y que han contribuido con su mirada al enriquecimiento de las expresiones artísticas. Un ejemplo de ello es la pintora estadounidense Mary Cassatt, perteneciente al movimiento impresionista, quien desde su hacer pictórico logró introducir la mirada femenina sobre la mujer y sobre un ejercicio artístico relegado a un mundo masculino y sexista. 

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1. Miss_Mary_Ellison. (1880). Óleo sobre lienzo. 85,5 cm x 65,1cm. Galeria Nacional de Arte, Washington.jpg

2. Verano. Summertime (1894). Óleo sobre lienzo. 100,6 x 81, 3 cm. Terra Foudantion for American Art, Chicago.jpg

3. Portrait_of_a_Young_Girl. 1899.jpg

 

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Antoni Gaudí, la organicidad del caos

Por Drúa Espinosa

Las formas delicadas de la naturaleza moldeadas con los materiales más rígidos que hay para plasmar la belleza del caos de la vida perfectamente ordenada con la única finalidad de su contemplación, este es el legado que Gaudí nos deja en su fractal arquitectura. El artista catalán ha dejado una serie de obras que más allá de la maravillosa composición plástica deja una reflexión acerca de lo maleable que puede ser un material por más duro que parezca; cabría preguntarse lo mismo en estos momentos de donde los fundamentalismos culturales, políticos y religiosos se imponen sobre la libertad de unos cuantos transgrediendo la dignidad humana.  

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1. Sagrada Familia entrada de la Pasión

    

 2. Parque Güell, España                                                3. Casa Batlló

 

 

DE UMBRAL EN UMBRAL, 1955
Paul Celan

Hacia la isla

Hacia la isla, junto a los muertos,
desposados a la canoa desde el bosque
los brazos como de buitres por el cielo
a la manera de Saturno las almas anilladas,
así reman los extranjeros, y libres,
los maestros del hielo y de la piedra,
en medio del sonar de boyas que se hunden
en medio del aullar del mar azul tiburón.

Ellos reman, reman, reman―:
¡Vosotros los muertos, los nadadores, adelante!
¡Enrejado esto también por la nasa!
¡Y mañana se habrá evaporado nuestro mar!

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Vagando frente a la muerte
Por Drúa Espinosa

 

Desde todas las formas posibles, la vida se encausa por el sentido que se le da a la propia muerte. Escribir la historia con la que se dará la recordación de nuestro paso en esta senda, es con lo que probablemente logremos encontrar el sentido de la vida. Por donde quiera que corramos, la presencia de esta ausente enemiga se devela tras los fondos de las acciones más exquisitas en la exploración de las múltiples maneras en las que se puede dar ese encuentro con la muerte. Así lo vivió John Everett Millais, el romántico que supo manifestar el deseo de muerte profunda con la que los seres humanos peleamos en lo cotidiano queriendo salir del temor de dejar la existencia. Así lo descubren sus obras en las que vemos la evidencia de que nuestra vida es un paso.

El pintor proveniente de Southampton, una ciudad igual a las ciudades que recorremos a diario solo que esta vez desde Reino Unido, hace una compilación de los imaginarios con los que cada esencia camufla su miedo a este mortal encuentro; para que así se experimente lo que es el deseo de querer vivir la vida en plenitud y ser conscientes de ello. Las esencias construyen discursos con los cuales poder sobrellevar este constante sufrimiento; frente a eso solo queda el vivir. Esa es la mirada de este prodigio que desde sus primeros años ya hacía grandes composiciones. Su observación fina iba más allá de la simple forma que tenían las personas o ambientes recreados en sus pinturas; dejando su fijación en la proyección de nuestro deseo más escondido, que nuestro propi camino para morir.

De ahí su ineludible tinte romántico se puede observar en obras como The Bridesmaid (1851), en la que se manifiesta el abismo al que se enfrenta la mujer sumida en su conciencia. La Ofelia (1851) nos presenta la obra perfecta para recrear el deseo romántico del sinsentido que nos permite explorar libremente nuestro ser, incluso en aquellos estados en donde el cuerpo solo quiere flotar en medio del agua helada de un río; aunque allí podamos morir. Justamente en esa conciencia del riesgo que se asume al permitirse soltar ese miedo que nos ata, es que se encuentra la libertad para ser sin temores figuras ya establecidas como los modos de vivir, que vienen siendo el establecimiento de las ‘formas de morir’; en ese lugar está el sentido de nuestra vida. En diálogo a esta mirada profunda del artista, se observa El Pasaje del Noroeste (1874), una obra en la que se representa una idealización de ese amor romántico que el paso del tiempo torna en un sometimiento de esclavo a esa figura que se ama. Estas formas, ambas totalmente válida, se hacen posible cuando seamos conscientes de que en todo momento estamos vagando frente a la muerte. 

1. The Bridesmaid (1851). Óleo sobre lienzo. 20,3 x 27,9 cm. Museo Fitzwilliam 

   

2. La Ofelia (1851) Óleo sobre lienzo.   76,2 X 111,8 cm. Tate, Londres, Inglaterra.     

     

  3.El Pasaje del Noroeste (1874).Óleo sobre lienzo /  222,2 x 176,5 cm. Galería Nacional, Londres, Inglaterra

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Historia de Abdula, el mendigo ciego

Las mil y una noches

El mendigo ciego que había jurado no recibir ninguna limosna que no estuviera acompañada de una bofetada, refirió al Califa su historia:

—Comendador de los Creyentes, he nacido en Bagdad. Con la herencia de mis padres y con mi trabajo, compré ochenta camellos que alquilaba a los mercaderes de las caravanas que se dirigían a las ciudades y a los confines de tu dilatado imperio.

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Poesía

ALEJANDRA PIZARNIK

 

LA PALABRA QUE SANA

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.


LA ÚLTIMA INOCENCIA

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete, ¡viajera!


CENIZAS

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.


PRONTO NOS IREMOS

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado, pero no llaves
y hay pavor, pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te…

La noche sufre.

CUARTO SOLO

Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras,
seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.


DESPEDIDA

Mata su luz un fuego abandonado.
Sube su canto un pájaro enamorado.
Tantas criaturas ávidas en mi silencio
y esta pequeña lluvia que me acompaña.


EXILIO

A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.

HIJA DEL VIENTO

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.


A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos


AMANTES

una flor
no lejos de la noche
mi cuerpo mudo
se abre
a la delicada urgencia del rocío
 

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La pata de mono
W.W. Jacobs

I
La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de Laburnum Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía vivamente. Padre e hijo jugaban al ajedrez. El primero tenía ideas personales sobre el juego y ponía al rey en tan desesperados e inútiles peligros que provocaba el comentario de la vieja señora que tejía plácidamente junto a la chimenea.

—Oigan el viento —dijo el señor White; había cometido un error fatal y trataba de que su hijo no lo advirtiera.
—Lo oigo —dijo éste moviendo implacablemente la reina—. Jaque.
—No creo que venga esta noche —dijo el padre con la mano sobre el tablero.
—Mate —contestó el hijo.
 

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Donde su fuego nunca se apaga
May Sinclair

No había nadie en el huerto. Con prudencia, sin hacer ruido con la aldaba, Harriet Leigh salió por el portón de hierro. Siguió el camino hasta el cerco, donde, bajo el saúco en flor, la esperaba el teniente de marina Jorge Waring.

Años después, cuando pensaba en Jorge Waring, Harriet volvía a sentir el dulce y cálido olor de vino de la flor de saúco y cuando olía flores de saúco, reveía a Jorge Waring, con su hermosa cara de poeta o de músico, sus ojos negros y sus cabellos pardo oliva.

Waring le había pedido que se casaran y había consentido. Pero su padre se oponía y ella había venido para decírselo y para despedirse de él; su barco partía al día siguiente.

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Johannes Vermeer, una mirada al interior
Por Drúa Espinosa


Como un silencio casi religioso, la obra de Johannes Vermeer nos muestra la verdadera contemplación de la vida que se da en el espacio entre la escena, el modelo, el lienzo y la mirada del pintor. La vida muchas veces nos pone en situaciones que hace adentrarnos en nuestros propios pensamientos para comprender la realidad que se vive. Algunos episodios generan una fuerte conmoción como los hechos actuales que ocurren en nuestro territorio y que de una u otra manera nos han sumergido al interior para reevaluar los valores fundamentales como la vida, la dignidad humana y precio de la libertad. Otros, un poco más tranquilos, como un atardecer, la mirada profunda de otra persona o el detalle de un oficio nos muestra el amor y sentires por lo que significa la vida humana. 
 

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1. La Lechera. 1660.                                        2. La joven de la joya.jpg

3. Vista en Delft

 

 

El Dios de los Gongs
G.K. Chesterton


Era una de esas tardes frías y vacías de invierno, cuando la luz es más plateada que dorada y más plomiza que plateada. Si ya era triste en cientos de oficinas desoladas y salones bostezantes, aún lo era más a lo largo de la plana costa de Essex, donde la monotonía aún parecía más inhumana al ser interrumpida tras largos intervalos por un farol que ofrecía un aspecto menos civilizado que un árbol, o por un árbol más feo que un farol. Una pequeña cantidad de nieve se derretía formando franjas y adquiría, cuando se volvía a congelar por la madrugada, un aspecto plomizo; no había caído nieve fresca, pero un reguero de nieve sucia del día anterior corría a lo largo de la costa, paralelo a la pálida espuma del mar.


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El cuerpo del doliente, Egon Schiele
Por Drúa Espinosa


¿Cómo deconstruir el cuerpo del amante? ¿Cómo convertirlo en el cuerpo doliente? Mi espíritu sigue deseoso de lucha, mira hacia arriba, quiere avanzar; pero mi cuerpo decae, decae en el cansancio, en la agonía y la penumbra por los miles de pensamientos que a diario lo azotan y lo tiran contra el suelo. El cuerpo del amante, del que ama, es el cuerpo de la fragilidad humana, es el cuerpo que padece, que soporta, que sostiene el peso de la existencia. A ese cuerpo llegó Egon Schiele para mostrar con sus pliegues el derrotero de expresiones que este ofrece. El pintor austriaco nacido en 1890 desarrolló una increíble fijación por el cuerpo que lo llevó a la exploración de la pureza que genera la fragilidad de una existencia desnuda.

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  1. Madre muerta. 1910

 2. El abrazo.

 3. Desnudo masculino sentado. 1910. Austria

 

Oficio de vagabundo
José Martínez Sánchez*

El farmaceuta miró por encima del hombro del vagabundo al muchacho que pedaleaba su bicicleta en la rotonda de la estatua del parque.  El recién llegado sacó un billete del bolsillo del pantalón y lo alisó con la palma sobre el raso de la vitrina. Entre el viento rápido de la memoria y la casilla vacante a un lado de la hilera de medicamentos, vislumbró al yo-distante frente al escritorio del sacerdote doblado en firmas a registros de bautismo del día prematuro.

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El levantamiento, Honoré Daumier
Por Drúa Espinosa

¡El pueblo se ha levantado! Es la consigna que deja clara el artista Honoré Daumier en su pintura El levantamiento (1848) en relación a la revuelta francesa para derrocar el mandato del rey Luis Felipe I y constituir la segunda república. La historia se repite. Esta vez en un escenario totalmente diferente; el territorio Latinoamérica. Ya han sido varios los días en los que el país se debate en un derramamiento de sangre de un pueblo que se levanta frente a los atropellos de un gobierno que ha generado un grado de desigualdad e injusticia social que atenta contra la dignidad de las personas, en especial la de las clases menos favorecidas.  Seguir leyendo...

1. El levantamiento. 1860. Óleo sobre lienzo. 87,6 x 113 cm. Colección Philips, Washinton.

 

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EL JARDINERO
Rudyard Kipling

Una tumba se me dio,
una guardia hasta el Día del Juicio;
y Dios miró desde el cielo
y la losa me quitó.
Un día en todos los años,
una hora de ese día,
su Ángel vio mis lágrimas,
¡y la losa se llevó!

En el pueblo todos sabían que Helen Turrell cumplía sus obligaciones con todo el mundo, y con nadie de forma más perfecta que con el pobre hijo de su único hermano.Seguir leyendo...

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La piedra también es dócil, Auguste Rodin
Por Drúa Espinosa


La piedra también es dócil. Ninguna cosa por más rígida que parezca está susceptible al cambio. La vida es un conjunto de constantes transformaciones en donde una y otra vez desacomodamos las estructuras establecidas para dar paso a otras formas de percibir y habitar el mundo. Esta es la visión que llevó consigo el escultor moderno más importante de finales del siglo XIX y principios del XX, como lo fue Auguste Rodin; quien con su obra desacomodó la concepción que se tenía en su época de la escultura posibilitando una manera diferente de mirar la dureza de la piedra.
 

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1. La danaide. 1885-89. Tallado en marmol. 33 x 64 x 45. (1)     

 

                         2. El beso.1882. Mármol. Alt. 181,5 cm _ Anch. 112,5 cm _ P. 117 cm. .1002 Lux.132 (1)

 

3. Soy bella. 1882. Tallado en yeso. 69,8 x 33,2 x 34,5. Muse Rodin. París, Francia (1)

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EL CAZADOR GRACCHUS
FRANZ KAFKA
CUENTO


Sentados en el muelle, dos muchachos jugaban a los dados. Un hombre leía un diario en las escalinatas de un monumento, a la sombra del héroe que blandía la espada. Una muchacha junto a la fuente llenaba su cántaro. Un vendedor de fruta, apoyado en su mercancía, miraba hacia el mar. A través de la puerta y ventanas de una taberna se veía en el fondo a dos hombres bebiendo vino. Al frente, sentado a una mesa, el tabernero dormitaba. Una barca que se deslizaba silenciosa, como llevada por el agua, entró al pequeño puerto. Un hombre de azul, saltó a tierra y pasó las amarras a través de las argollas. Otros dos hombres, de ropa oscura con botones plateados, seguían al contramaestre sosteniendo una camilla sobre la que, cubierto con un lienzo de seda floreada, yacía ostensiblemente un hombre.

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Carne atrofiada, Francis Bacon
Por Danilo Rúa Espinosa

Pieles rotas, órganos desgarrados y carnes dolidas, son la expresión de una pintura que rompe con las barreras de un cuerpo limitado por sus propios prejuicios. Esa es la pintura de Francis Bacon, el pintor británico de origen irlandés perteneciente a la segunda mitad del siglo XX. Su obra es la manifestación más profunda de un espíritu condenado por unos discursos que cohíben los deseos de su propia carne que lo arrojaron fuera de su familia y su hogar. Tal vez, fue ese destierro lo que propició en el artista la fuerza para plasmar aquellas (de) formas y (des) figuras que recrean el sufrimiento de un ser atormentado. Sus pinturas nos enseñan a ver que los dolores que más dañan al cuerpo no son los físicos, sino los espirituales. 

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1. Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión. (1944). Óleo sobre lienzo. 94 x 74 cm (cada uno). Tate Britain, Londres Inglaterra.

2. Tres estudios para el retrato de Lucian Freud (1962). Óleo sobre lienzo. 35.5 x 30.5 cm. (cada uno.).

3. Painting (1946). Óleo sobre lienzo. 198 x 132 cm. Museo de Arte Moderno (MoMA) Nueva York.

 

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El Rubí

Rubén Darío

—¡Ah! ¡Conque es cierto! ¡Conque ese sabio parisiense ha logrado sacar del fondo de sus retortas, de sus matraces, la púrpura cristalina de que están incrustados los muros de mi palacio! Y al decir esto el pequeño gnomo1 iba y venía, de un lugar a otro, a cortos saltos, por la honda cueva que le servía de morada; y hacía temblar su larga barba y el cascabel de su gorro azul y puntiagudo.
 

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Todo lo que brilla es oro: Gustav Klimt

Por Danilo Rúa Espinosa


Contrario al refrán popular que versa No todo lo que brilla es oro, en la obra de Gustav Klimt todo lo que brilla sí lo es; o por lo menos la mayoría de sus dorados corresponde a la laminilla de oro con la que realizaba sus pinturas. Empero, el brillo del artista no se posa en la materialidad de sus pinturas sino en el tratamiento que este les da a sus temáticas, la fuerza compositiva con la que le da dinamismo al cuadro, la capacidad de abstracción en sus representaciones y la sensualidad de sus formas; en especial de la figura femenina.

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1. El Beso. 1908. Óleo sobre lienzo. 180 x 180 cm. Österreichische Galerie Belvedere.

 

 

2. Dánae. 1907. Óleo sobre lienzo. 77 x 83 cm. Museo Leopold, Viena

 

        3. Retrato de Adele Bloch-Bauer I. 1907. Óleo sobre lienzo. 140 x 140 cm. Neue Galerie Nueva York.

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LUVINA
Juan Rulfo

De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso. Está plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal con ella ni le sacan ningún provecho. Allí la llaman piedra cruda, y la loma que sube hacia Luvina la nombran Cuesta de la Piedra Cruda. El aire y el sol se han encargado de desmenuzarla, de modo que la tierra de por allí es blanca y brillante como si estuviera rociada siempre por el rocío del amanecer; aunque esto es un puro decir, porque en Luvina los días son tan fríos como las noches y el rocío se cuaja en el cielo antes que llegue a caer sobre la tierra.
 

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El contraste del progreso: Millet

Por Danilo Rúa Espinosa


Nuevamente la imagen del profesor, del jefe, del ponente o del estudiante en un recuadro de unos cuantos centímetros al otro lado de la pantalla del portátil; algunos (la mayoría) con la cámara apagada, con audífonos y a la espera de una respuesta afirmativa a su intervención cuando pregunta –¿Me escuchan? –. ¡Esta es la virtualidad! El nuevo sistema que se ha venido instalando de manera acelerada mediada por una pandemia (que más parece la excusa) que está obligando a los individuos a vivir ‘conectados’ en la desconexión que propone la sociedad del conocimiento y la informática. Es ahí, en medio de este panorama, que se hace importante recuperar las tierras de Jean-Francois Millet. 

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El Ángelus 

Las espigaderas

El sembrador

 

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De Juan Rulfo
La cuesta de las comadres

Los difuntos Torricos siempre fueron buenos amigos míos. Tal vez en Zapotlán no los quisieran, pero, lo que es de mí, siempre fueron buenos amigos, hasta tantito antes de morirse. Ahora eso de que no los quisieran en Zapotlán no tenía ninguna importancia, porque tampoco a mí me querían allí, y tengo entendido que a nadie de los que vivíamos en la Cuesta de las Comadres nos pudieron ver con buenos ojos los de Zapotlán. Esto era desde viejos tiempos. Seguir leyendo...

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El paisaje del presente: El Greco

Por Danilo Rúa Espinosa


Aquella iluminación encontrada y expresada en el renacimiento fruto de la ciencia y de la razón que puso al hombre en el centro del universo nos remite a la percepción griega definida por Protágoras en la que ‘el hombre es la medida de todas las cosas’. Y habiendo agotado este recurso esa medida se fue estirando a tal punto en que lo humano se volvió denso y oscuro como la oscuridad a la que se adentraban en la época de… seguir leyendo 

  

1. La curación del ciego. (1567)            2. El entierro del conde Orgaz.               3. El Laocoonte. 

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Tres cuentos de Luis Fernando Macías:


… Los animales del cielo
… Mariposas ceremoniales
… Tú mismo no, pero tu caballo morirá


Que podrás leer a un clic AQUÍ

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Tiempo de fiesta: Sandro Botticelli

Por Danilo Rúa Espinosa

Miraba por la ventana cuando el destello de una luz de bengala estalló en mi oído que sin pensarlo hizo voltear mi cabeza hacia el fugaz relámpago. Las luces danzaban una tras otra detrás de la telaraña de cables que sujetaba el poster que daba a la ventana de mi habitación.... seguir leyendo ...

1. Botticelli-primavera

2. El nacimiento de la Venus

 3. La_Fortaleza_(1470)

 

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¡Diles que no me maten!

Juan Rulfo

—¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.
—No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.
—Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.
—No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá.
—Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues
 

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Eugène Delacroix y la nostalgia del pasado

Por Danilo Rúa Espinosa

¿Y la nostalgia para qué? Estaba Delacroix caminando por Rouen cuando a lo lejos divisó una gran construcción que se imponía en el paisaje pese a que el paso del tiempo la destinaba a estar en tierra, derribada. Eran aquellas ruinas de las grandes edificaciones medievales que dominaron la Francia del románico y del gótico; al instante trasladaron al artista a aquellas épocas de esplendor en el que la piedra se convertía en el símbolo de la fortaleza que defendían la gloria y eternidad de un poder y del hombre que de este hacía alarde. Fue entonces allí, cuando el joven pintor sintió nostalgia y se enamoraría de aquellas piedras corroídas por el viento, la vegetación y el tiempo para plasmarlas en sus cuadros por medio del color y del pincel. 

Nacido en Saint Maurice, Francia por el año de 1798 en ‘el seno de una buena familia’, como muchos de los historiadores coinciden en definir (sabiendo las connotaciones que implica esta frase), quiso y pudo dedicarse al oficio de la pintura y la litografía teniendo una formación en las academias de mayor renombre de la época, introduciendo en su estilo pictórico la influencia directa del neoclasicismo del tiempo de Napoleón. Sin embargo, esta mirada sería reemplazada por un idealismo y frenesí revolucionario que llevaron a convertirlo en uno de los más importantes representantes del romanticismo francés.

Es así como podemos ver en su obra el paso de la mirada de aquellos temas clásicos que retornaban a la Grecia helénica y a la Roma de Cicerón, apreciados en obras como La Barca de Dante de 1822 o la Grecia expirante entre las ruinas de Missolonghi de 1826, para fijarse en el París del presente y representar las escenas que proponían los deseos de libertad. Fueron las ruinas que tanto contemplaba en sus constantes viajes por el antiguo continente y que tanta nostalgia le producían, las que le hicieron ver a una Francia sumida en la pobreza, las ruinas y al borde de revolución. Fue así, como empezaron a surgir obras como La Libertad guiando al pueblo (1830) con un fuerte tinte revolucionario con la cual defendía los ideales del pueblo y alimentaba el espíritu de lucha que se respiraba en el ambiente. 

¿Y la nostalgia para qué? Nuevamente iniciamos un año en medio de una pandemia y tal vez nos embargue un sentimiento de nostalgia al ver que muchos de nuestros proyectos parecen sumirse en las ruinas de nuestro deseo; y surge allí una sensación y un sentimiento que nos remite a una frase de cajón que alude a que ‘todo pasado fue mejor’. A lo mejor (y no me gustaría que fuese así) la nostalgia se nos presenta como una constante en medio de la incertidumbre. No obstante, la nostalgia del pasado no siempre nos remite a una tristeza por este, todo lo contrario, esta moción del espíritu nos debe llevar a la conciencia de un presente mejor, a la libertad que nos guía a desprendernos de esos grandes pilares en los que soportamos toda nuestra existencia para pasar al goce de lo efímero que puede ser un acontecimiento que, por más duro que parezca, el tiempo siempre terminará derrumbándolo ¡Para eso la nostalgia! Para darnos cuenta de que solo tenemos el presente. 
 

1. La barca de Dante. 1822. Óleo sobre lienzo.

 

 

2. Grecia expirante entre las ruinas de Missolonghi. 1826. Óleo sobre lienzo.

209 x 147 cm. Museo de Bellas Artes de Burdeos, Francia.

3. La libertad guiando a Francia. 1830. Óleo sobre lienzo. 260 x 325 cm. Museo del Louvre, París, Francia.

 

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La nariz
Ryunosuke Akutagawa

No hay nadie, en todo Ike-no-wo, que no conozca la nariz de Zenchi Naigu. Medirá unos 16 centímetros, y es como un colgajo que desciende hasta más abajo del mentón. Es de grosor parejo desde el comienzo al fin; en una palabra, una cosa larga, con aspecto de embutido, que le cae desde el centro de la cara.

Naigu tiene más de 50 años, y desde sus tiempos de novicio, y aun encontrándose al frente de los seminarios de la corte, ha vivido constantemente preocupado por su nariz. Por cierto, que simula la mayor indiferencia, no ya porque su condición de sacerdote «que aspira a la salvación en la Tierra Pura del Oeste» le impida abstraerse en tales problemas, sino más bien porque le disgusta que los demás piensen que a él le preocupa. Naigu teme la aparición de la palabra nariz en las conversaciones cotidianas.
 

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Perpetuar el cambio: Thomas Cole
Por Danilo Rúa Espinosa


En un parpadeo la tecnología se introduce en nuestros modos de vida y nos enseñan otras maneras de ser y estar en el universo; ejemplo de ello ha sido la actual virtualización de muchas de nuestras actividades que hacemos a diario mostrándonos que es posible estar juntos a miles de kilómetros de distancia o que el trabajo o el estudio no están ligados a un espacio como tal. Es así como se van resignificando los lugares creando nuevas formas de concebir el espacio y de crearlo. Para 1830, la Revolución industrial empezada en Europa había tocado el continente americano y había comenzado a transformar esos espacios naturales poblados de grandes acantilados, bosques e inmensas praderas verdes, para dar pie a grandes estructuras de cemento que se imponían sobre el paisaje. Surge, entonces, desde el arte una preocupación por llevar la mirada a esos lugares y así perpetuar su existencia a través del pincel y del ojo de quien lo mira. 

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 Hogar en el bosque.   

 2. Montaña de Chocorua, New Hampshire. 1827. Pintura al óleo. 82,55 x 58,42 cm.

 

3. Una vista desde el monte Holyoke, Northampton, Massachusetts, después de una tormenta (1836). Óleo sobre lienzo. 193 130,8 cm. Museo Metropolitano de arte.

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El Hombre Muerto

Horacio Quiroga

El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal.

Faltábanles aún dos calles; pero como en éstas abundaban las chircas y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla.
Mas al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, al tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo.

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Cambiarle el color a la vida: Paul Gauguin

Por Danilo Rúa Espinosa

Errante estaba el camino del bagaje rotundo de la presurosa tarde rosada mientras cada uno se fundía entre el ocaso de una noche que aumentaba la intensidad de los colores y hacia avivar la densidad de lo desconocido. Fue allí, en donde Gauguin refugió sus ojos agudos para ver más allá de la simple apariencia del efecto que causa la luz sobre las superficies; él fue más allá del efecto mágico que nos hace ver una forma diversa, y nos expuso su manera de mirar a través de sus obras. Su mirada atravesó el velo de la forma para quedarse con la sustancia, fue así como aprendió a ver el verdadero color de las cosas. El rojo perfectamente puede ser un verde o el azul un naranja, solo son matices en los que se manifiestan la diversidad de lo que somos y el conocimiento de que a la vida no hay una sola manera de verla. 

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1. Cafè nocturno, Gauguin

2. La vision après le sermon Paul Gauguin 

3. Mujeres en la playa. Gauguin

 

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Por Danilo Rúa Espinosa

LA MENINGITIS Y SU SOMBRA

HORACIO QUIROGA

No vuelvo de mi sorpresa. ¿Qué diablos quieren decir la carta de Funes, y luego la charla del médico? Confieso no entender una palabra de todo esto.
He aquí las cosas. Hace cuatro horas, a las 7 de la mañana, recibo una tarjeta de Funes, que dice así:

Estimado amigo:

Si no tiene inconveniente, le ruego que pase esta noche por casa. Si tengo tiempo iré a verlo antes. Muy suyo

Luis María Funes


Aquí ha comenzado mi sorpresa. No se invita a nadie, que yo sepa, a las siete de la mañana para una presunta conversación en la noche, sin un motivo serio. ¿Qué me puede querer Funes? Mi amistad con él es bastante vaga, y en cuanto a su casa, he estado allí una sola vez. Por cierto, que tiene dos hermanas bastante monas.

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Rembrandt: Mirarse a sí mismo
Por Danilo Rúa Espinosa


Con frecuencia solía mirarme al espejo, tomar el pincel y comenzar a pintarme rápidamente mientras reconocía en mi mirada la expresión que mi rostro dibujada cada vez que había un movimiento de mi espíritu, así me hacía una imagen de mí mismo frente al sentir de cada momento; solo así, me hacía consciente de mi presencia y me percataba de este cuerpo que sostiene mi existencia. Y fue sin duda Rembrandt van Rijn el artista que ahondaría en su interioridad para reproducir en sus obras reflexiones profundas que salen en esos momentos de intimidad donde el pintor más ilustre del Siglo de Oro Neerlandés lograba captarse a sí mismo, y a través de esa mirada reflejar aquello que es común a todo humano. Verse a sí mismo, dibujar uno a uno cada pliegue de aquel cuerpo que se ve en el espejo, fue el modo en el que Rembrandt plasmaba el paso que el tiempo impregnaba sobre su piel, pero, sobre todo, sobre su vida.  Seguir leyendo...

El retorno del hijo pródigo. (1669). Óleo sobre lienzo. 262 cm × 205 cm. Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia.

El cadáver de un buey, atribuido a Rembrandt

Lección de anatomía con el Dr. Nicolaes Tulp

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Algo muy grave va a suceder en este pueblo
Gabriel García Márquez

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

—No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

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Modos de ver: Paul Cézanne

Por Danilo Rúa Espinosa


Habitar una y otra vez las mismas estancias con la capacidad de ver la vida con una mirada diferente cada vez que posamos los ojos sobre el mismo paisaje. A esto nos hemos tenido que acostumbrar desde que empezó este tiempo de cuarentena que nos obligó a encerrarnos y a ver por un momento aquello que habíamos construido para ver qué de eso se queda y que, en definitiva, no hace parte de nuestra esencia. Miradas como la de Paul Cézanne nos enseña a ver el espacio en el que habitamos para poder entender que cada instante es valioso por su diversidad. Puede ser la misma casa, los mismos muebles o los mismos rincones, pero el habitar es diferente estamos cambiando a cada segundo y así se pasa la vida sin percatarnos de eso. ¿Qué hacemos con esos segundos? ¿Qué hacemos con esa vida que se nos está yendo? ¿Construimos o no nuevas miradas frente a eso que la vida me pone enfrente? Este pintor sabe lo que es cada instante de nuestra existencia y nos enseña sus diversos modos de ver. 

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1. Los jugadores de naipes. (1892). Óleo sobre lienzo. 47,5 cm x 57 cm. Museo de Orsay, París, Francia.   2. El Monte Sainte Victoire. (1900). Óleo sobre lienzo. 65 cm x 81 cm. Museo de Orsay, París, Francia.    3. Fruta y jarra en una mesa. (1894). Óleo sobre lienzo. Museo de Bellas artes Bostón

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Solo se vive una vez: Henri Toulouse-Lautrec
Por Danilo Rúa Espinosa


La bohemia parisina del siglo XIX tiene nombre propio y se llama Henri Toulouse-Lautrec. La Goulue llegando al Moulin Rouge (1892) es una prueba fidedigna de ello, allí vemos a una de las prostitutas más afamadas del bar Moulin Rouge arduamente frecuentado por el artista y que inspiró miles de las escenas que percibimos en su obra. En esta obra el artista retrata sin pena alguna la esencia de aquellos lugares en donde el jolgorio y alegría de la fiesta que se respira en la zona de baile se junta con la miseria y vacío de los cuartos tras las cortinas en donde las mujeres disponen su cuerpo para el disfrute y el placer de los hombres que, como Lautrec, encuentran su sentido en esa vida libre, desprevenida y lasciva. Nacido en Albi en Francia en 1864, originario de una familia aristocrática, por cuyo parentesco de sus padres (primos consanguíneos) heredaría una enfermedad en los huesos que se complicaría con dos accidentes en las que se fracturaría el fémur en ambas piernas impidiéndole crecer normalmente y alcanzar una estatura de 1,52 metros; el artista sintió más acogida en los bares de las calles de Montmartre que en la alta sociedad del Castillo del Albi. 

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 La Goulue llegando al Moulin Rouge. (1892). Óleo sobre cartón. 79,4 x 59 cm. MOMA, Nueva York.                         Retrato de Vincent van Gogh. (1887). Pastel sobre cartón, Museo Van Gogh.

Baile en el Moulin Rouge. (1890). Óleo sobre lienzo. 115 x 150 cm. Museo de Arte de Filadelfia.

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Antón Chéjov
(Ucrania, 1860 - Alemania, 1904)

EL BESO (1887)

Originalmente publicado en Tiempo nuevo, Núm. 4238 (15 de diciembre de 1887)

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El arte suple la vida: Edgar Degas

Por Danilo Rúa Espinosa

Entonces el pintor trasladaba su caballete hacia backstage del escenario, preparaba su paleta poniendo uno a uno los colores que utilizaría en su pintura, disponía los pinceles en la mesa y se sentaba a observar tras bambalinas a las bailarinas, mientras estas estiraban o se ponían sus medias veladas y sus zapatillas de ballet para prepararse para la escena. Fue en esa observación en donde Edgar Degas agudizó su ojo para traernos las mejores impresiones de esa vida bohemia y solaz del París de finales del 1800 promulgada en medio de artistas y en la vida cotidiana. Fue así, como el pintor nacido en 1834 en la ciudad del amor y de la luz aprendió a suplir con el arte aquello que la vida (y él mismo) le negaba; y a cambio nos dejó esa mirada inconsciente, desprovista e inocente de una profunda contemplación de la figura femenina, idealizando su posesión y su deseo. 
 

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                                    1. La absenta. (1876). Museo de Orsay, París.                   2.Después del baño, mujer secándose. (1890-95), pastel sobre papel, 103.5 × 98.5 cm, Londres,                                 National Gallery

3. The green ballet shirt. (1896). Pastel sobre papel. 45 x 37 cm, The Burrell Collection, Glasgow, CIC Glasgow Museums Collection

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EN CASA DEL PROFETA (1904)
Thomas Mann
(Lübeck, Alemania, 1875 - Suiza, 1955)

Hay lugares extraños, mentes extrañas, regiones extrañas del espíritu, elevadas y miserables. En la periferia de las grandes ciudades, allí donde las farolas se vuelven más escasas y los gendarmes patrullan por parejas, hay que subir las escaleras de las casas hasta que ya no se pueda avanzar más para acceder a las oblicuas buhardillas en donde unos genios jóvenes y pálidos, criminales del sueño, incuban apáticamente y de brazos cruzados sus pensamientos, o para llegar a los talleres de decoración barata e insignificante donde unos artistas solitarios, indignados y consumidos por dentro, hambrientos y orgullosos, luchan inmersos en una nube de humo por sus más extremos y confusos ideales. Es aquí donde hallaremos el fin, el hielo, la pureza y la nada. Aquí carece de validez todo contrato, toda concesión, toda tolerancia, toda mesura y todo valor. Aquí el aire es tan poco denso y tan honesto que las miasmas de la vida son incapaces de medrar. Aquí rige la obstinación, la más extrema consecuencia, el yo que reina desesperado, la libertad, el delirio y la muerte…

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Una mirada al hombre: Jacques Louis David
Por Danilo Rúa Espinosa


Y en una tarde la vida se tornó de nuevo a lo clásico. Las historias que habíamos escuchado una y otra vez se volvieron a posar en el pincel del joven pintor, el artista del neoclásico. Volver a pensarse desde uno mismo y sacar el exceso del barroco hasta el momento desarrollado en Francia fue el deseo de estos pintores que caminaban junto al romanticismo ¿Seguir la cadena de la sensación y la sensibilidad que proponía el romanticismo o volver a la recta norma y precisión de la razón por medio del neoclásico, o asumir la realidad que denunciaba el realismo social? Sin duda una mirada al hombre que se percibía a sí mismo y, en esa observación la presencia del racionalismo se presentaba como una manera de combatir los deseos de liberación de una población encerrada que gritaba justicia; esa era la Francia de la Revolución francesa, la Francia de Jacques Louis David. 
 

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1. La muerte de Sócatres 1787

2.  La muerte de Marat. 1793.

3. La consagración de Napoleón y coronacion de Josefina 1806.

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LA MANO DISECADA

Guy de Maupassant

 

Hará cosa de ocho meses, un amigo mío, Louis R., había reunido cierta noche varios compañeros de colegio, bebíamos ponche y fumábamos hablando de la literatura, de pintura y contando de vez en cuando algunas aventuras picantes, como suele ocurrir en las reuniones de gente joven. De pronto se abre de par en par la puerta y entra como un huracán uno de mis buenos amigos de la infancia. 

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De lo perverso a lo humano: El Bosco

Por Danilo Rúa Espinosa


El jardín de las delicias es la obra tal vez más vista del pintor flamenco Jheronimus van Aken, conocido popularmente como Jheronimus Bosch o El Bosco, así designado por su origen neerlandés al nacer en la ciudad de 's-Hertogenbosch (bosque ducal) comúnmente llamada Den Bosch, capital del ducado de Bramante en los actuales Países Bajos hacia el año de 1450 (fecha no precisa). En esta, y gran parte de sus obras, se pueden observar mundos oníricos sacados de una imaginación prodigiosa y con una cantidad de simbolismos que todavía hoy, más de 400 años después, no se alcanzan a descubrir sus significados. Lo que sí es muy notorio es la fuerte influencia del discurso religioso en sus obras que presentan de manera contradictoria los deseos y perversiones más bajos como aquello que es paradójicamente lo más humano. 

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El Jardín de las delicias. Óleo sobre tabla. 2,20 x 3,69 cm. Museo del Prado.

2. Las bodas de Caná. 1560. Óleo sobre tabla. Museum Boijmans Van Beuningen, Róterdam.

Extracción de la piedra de la locura. Óleo sobre tabla. 49 x 34,5cm. Museo del Prado

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EL PÉNDULO (1904)
(«The Pendulum»)

Originalmente publicado en The World (12 de junio de 1904);
The Trimmed Lamp, and Other Stories of the Four Million
(New York: McClure, Phillips & Co., 1907, 260 págs.)

O. Henry
(William Sydney Porter)
(North Carolina, 1862 - New York, 1910)

—Calle Ochenta y Uno… Dejen bajar, por favor —gritó el pastor de azul—.

Un rebaño de ciudadanos salió forcejeando y otro subió forcejeando a su vez. ¡Ding, ding! Los vagones de ganado del Tren Aéreo de Manhattan se alejaron traqueteando, y John Perkins bajó a la deriva por la escalera de la estación, con el resto de las ovejas.

John se encaminó lentamente hacia su departamento. Lentamente, porque en el vocabulario de su vida cotidiana no existía la palabra «quizás». A un hombre que está casado desde hace dos años y que vive en un departamento no lo esperan sorpresas. Al caminar, John Perkins se profetizaba con lúgubre y abatido cinismo las previstas conclusiones de la monótona jornada.

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La pureza del arte: Vasili Kandinsky
Por Danilo Rúa Espinosa

 

En blanco II. (1923). Óleo sobre lienzo. Centro Pompidou. 

Composición ocho. (1923). Óleo sobre lienzo. Abstracción lírica. Museo Salomón R. Guggenheim, Nueva York.

 

¡El arte es pureza, pureza del espíritu, pureza de la vida! El arte que se trasmite en su forma más simple es el arte que ha surgido de los estados más profundos del alma. La obra de arte imprime en cada espectador el consuelo que este necesita para mantener viva la esperanza. La fuerza de toda obra de arte se muestra en la capacidad de mostrarnos el caos de la vida sin que el contemplarlo nos duela o nos remita a la crueldad del precio que debemos pagar por permanecer vivos; porque menos mal, en medio de todo lo caótico hay un relativo orden que se traduce a través de la expresión develada por el artista. Vasili Kandinsky es el poeta de la pintura que fue capaz de traducirnos esas sensaciones que se generan a través del color y las formas, mostrándonos la simplicidad de lo complejo y la complejidad de lo simple, traspasados por un lenguaje común que nos permite llenar de esperanza al espíritu humano. 


El artista ruso nacido en 1866 en la ciudad de Moscú se dedicó de lleno al estudio de la pintura dejando un legado teórico y plástico importante para la creación artística, pues su acercamiento no solo se basa en las cuestiones plásticas referentes al color y la forma, sino principalmente a la sensación que estos dos aspectos generan en el en espectador convirtiéndose en la manera en la cual el arte logra comunicarse con lo profundo del espíritu del humano que la observa. Sus teorías exponen la relación que se genera entre el observador y lo observado, fue de este modo que kandinsky llegó a la abstracción para presentarnos a través de las formas más simples la complejidad que emana de un mundo ordenado y pensado. Es así como nos presenta en dos de sus textos: Punto y línea sobre el plano y De lo espiritual en el arte, un análisis profundo sobre el uso de elementos básicos tales como el punto, la línea o figuras geométricas como el círculo, cuadrado o triangulo como la forma en la cual el arte se manifiesta de manera pura; pues está libre de toda representación y simbolismo. Esto es la abstracción, es llevar a la expresión más simple aquello que se manifiesta complejo, cargado de símbolos y significantes en el espíritu humano. 


Esa espiritualidad es la que se percibe en toda la obra, donde a lo largo de su recorrido fue incorporando esas mociones que integran la música, el color y la forma en expresiones sinceras que trasmiten fuerza y vitalidad. En Blanco II (1923) es una muestra de sus exploraciones con las que busca comunicar a partir de sus formas y colores buscando siempre la armonía de su composición (que, sin embargo, se tornan en un caos). Composición ocho (8) (1923), es otra obra en la que, desde el nombre, se percibe la relación que el artista tendría con la música y con su forma de componer, allí la figuras geométricas y orgánicas están delimitadas con el color negro, sobre unos planos de color equilibrados en peso y textura que presentan una pintura totalmente racional y bajo un orden compositivo que deriva en una expresión que parece libre y espontanea. Esto mismo se observa en Estructura alegre (1926), en donde las formas, las figuras y el color terminan trasmitiendo esa sensación de dinamismo en el que nos unimos con un arte esperanzador, vivido desde lo profundo y expresado desde la simpleza que le habla al alma del observador desde la pureza de su lenguaje, desde su propia abstracción del mundo.  
 

 

Estructura alegre. (1926). Óleo sobre lienzo. Abstracción lírica.

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Una rosa para Emily


Por William Faulkner
I    
Cuando murió la señorita Emily Grierson, todo nuestro pueblo asistió al entierro, los hombres por una especie de afecto respetuoso hacia un monumento caído, las mujeres sobre todo por curiosidad de ver su casa por dentro, que nadie, que no había visto nadie en los últimos diez años excepto un viejo criado —una combinación de jardinero y cocinero—. Seguir leyendo

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La pintura espiritual: Van Gogh

Por Danilo Rúa Espinosa


El color, percibido desde el espíritu, toma unas formas particulares que descubren los remolinos que el sufrimiento causa en el alma de cada ser humano. Y es que es inevitable observar una pintura de Van Gogh, el pintor neerlandés, y no sentir un movimiento en lo profundo de nuestro ser que nos conecta con el dolor y la propia fragilidad. Nacido en 1853, es procedente de una familia humilde conformada por su padre Theodorus un pastor protestante, su madre Anna Cornelia y cuatro hermanos más, entre ellos su hermano Theo, con quien entablaría una profunda relación movida por el arte y por la fuerte espiritualidad del artista, expresaba en las cartas que le mandaba y del cual se tiene un registro bajo el nombre de Cartas a Theo. Gracias a este poema es que se puede conocer con propias palabras acerca de los sentimientos y pensamientos que motivaron algunas de sus pinturas y dibujos; al igual que sus angustias, deseos, tristezas, miedos y fracasos que experimentó y que lo llevaron a su incontenible muerte en 1890, por sus propias manos. 
 

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CLITEMNESTRA O EL CRIMEN
Marguerite Yourcenar

Voy a explicarles, señores jueces... Tengo ante mí innumerables órbitas de ojos; líneas circulares de manos puestas en las rodillas, de pies descalzos descansando en la piedra, de pupilas fijas de donde mana la mirada, de bocas cerradas donde el silencio madura un juicio. Tengo ante mí audiencias de piedra. Maté a aquel hombre con un cuchillo, dentro de la bañera, con ayuda de mi miserable amante que ni siquiera era capaz de sujetarle los pies.
Ya conocéis mi historia: no hay ni uno de vosotros que no la haya repetido veinte veces al acabar la copiosa comida, acompañada del bostezo de las sirvientas; ni una de vuestras mujeres que no haya soñado alguna vez con ser Clitemnestra. Vuestros pensamientos criminales, vuestras ansias inconfesadas ruedan por los escalones y vienen a derramarse en mí, de suerte que una especie de horrible vaivén hace de vosotros mi conciencia y de mí vuestro grito. Habéis acudido aquí para que la escena del asesinato se repita ante vuestros ojos un poco más rápidamente que en la realidad, pues os espera el hogar y la cena y sólo podéis dedicar unas cuantas horas a oírme llorar. Y en ese corto espacio de tiempo es preciso que no sólo mis actos, sino también sus motivos estallen a plena luz, aun cuando para afirmarse han necesitado cuarenta años. Esperé a aquel hombre antes de que tuviera un nombre, un rostro, cuando aún no era sino mi lejana desgracia.

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Impresiones de la existencia: Claude Monet

Por: Danilo Rúa Espinosa

La estación San Lázaro. 1877. Óleo sobre lienzo. 75 x 104 cm. Museo de Orsay               Impresión, sol naciente. 1872. Óleo sobre lienzo. 48 x 63 cm. Museo Marmottan Monet

El puente japonés. 1899. Óleo sobre lienzo


Parar por un instante y sentarse a contemplar el horizonte con tal calma que podamos percibir el camino que recorre la sombra de un árbol que se desplaza sobre el verde del prado es una de las experiencias más excitantes para una mirada como la de Claude Oscar Monet (París, 1840- Giverny, 1926), quien observaba los paisajes que a diario se le presentaban ante sus ojos de una forma diferente, logrando impregnar en el lienzo, no solo el efecto de la luz que mutaba frente a su vista, sino ante todo la impresión que causa en el espíritu la conciencia del paso del tiempo por la vida del hombre. La esencia de las cosas capturada en una pintura denota la fuerza con la que esas ‘cosas’ se quedan grabadas en el alma del pintor, y eso fue lo que este impresionista nos dejó como legado al pintar una y otra vez las mismas escenas pero con unos sentires disimiles que responden a las diversas emociones con las que afrontamos el día a día de nuestro existir. 

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Roberto Arlt

(Buenos Aires, Argentina, 1900 – Buenos Aires, 1942)

PEQUEÑOS PROPIETARIOS
El jorobadito

(Buenos Aires: Librerías Anaconda, 1933, 209 págs.)

      CIERTA NOCHE, EUFRASIA, poco después de cenar, le dijo a Joaquín, su esposo:
       —¿Sabes?, tengo el presentimiento de que el de al lado le roba materiales al infeliz a quien le está construyendo la casa.
       Joaquín la soslayó hosco con su ojo de vidrio.
       —¿De dónde sacás eso?
       —Porque hoy al oscurecer vino con el carrito cargado de polvo de ladrillo y tapado con bolsas, para disimular.
       —No puede ser.
       —Sí, porque ayer traía unos mosaicos debajo del brazo, también envueltos en una bolsa rota. Y se les veía el canto.
       —Entonces..., ¡quién sabe!...
       —Sí..., también me fijé cuando tenía la otra obra. Al principio llegaba temprano con el carrito; después, cuando estaba por terminar, mucho más anochecido, y siempre el carrito tapado. Con ese material deben haber construido la marquesina.
       Taciturno, replicó Joaquín:
       —Claro, así es fácil construir obras y hacerse marquesinas para darle envidia a los otros.
       Luego no hablaron más. Cenaron en silencio, y el ojo de Joaquín, el corredor y pequeño propietario, estaba tan inmóvil como su otro de vidrio.
       Solo al acostarse, cuando Eufrasia iba a apagar la lámpara, dijo sin mirar a su esposo, con la voz ligeramente desnaturalizada por el deseo de que fuera natural:
       —Si el dueño de la casa lo supiera...
       —Lo hace meter preso —fue el único comentario del tuerto. Luego se acostaron y ya no hablaron más.
 

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La fragilidad humana frente al terror de lo sublime: William Turner
Por Danilo Rúa Espinosa

El incendio de las cámaras de los Lores y los Comunes. (1834). Óleo sobre lienzo. 92 x 123.1 cm. Museo de Arte de Filadelfia

 

Sumido en el ego del ‘Ser’ el hombre se eleva por encima de la vida como el dueño del universo, no obstante, un terremoto, una pandemia o una tormenta le hace recordar que también él hace parte de la naturaleza ¡Y quizás la parte más frágil! Y es la fragilidad, el asombro y la pequeñez del hombre frente a la naturaleza, lo que sin duda inspiran los paisajes de Joseph Mallord William Turner, el pintor inglés cuyos paisajes, movidos por la fuerza imperante de la naturaleza, nos trasladan a esas atmosferas que a diario nos presenta la naturaleza en el esplendor de un amanecer nublado, un atardecer con un sol incandescente o una oscura borrasca marina. Turner, fascinado por la contemplación de estos espectáculos naturales, se pierde en el lienzo buscando plasmar no solo los colores sino, ante todo, las emociones humanas que afloran cuando presenciamos alguno de estos.

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El espantapájaros
Manuel Mejía Vallejo

Una cruz de palos, un sombrero viejo, un saco rescatado a los ratones, unos pantalones desahuciados, unas botas sin memoria ya de pies andantes. Por cara un manojo de estopa, de pecho un camisón relleno de pajas. Así, nació el espantapájaros que sembramos en mitad de la colina. Contra las nubes de la tarde parecía un cristo sin fieles. Tal vez por eso el indio de las hoyas le hacía una venia en cada viaje por tiempos de luna llena. El sol y la lluvia fueron dando carácter al monigote y una lejana conciencia de tener trapos que un día entibiaron respiraciones humanas, olvidos, deseos inconclusos. 


—Está ciego —dijo lucía.

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El narcisismo del artista: Diego Velázquez
Por Danilo Alberto Rúa

Su fama le alcanzó para ser reconocido simplemente por su apellido y su legado artístico comprende toda una oda a la figura del artista como el eterno narciso. Entregado en cuerpo y alma a su oficio de pintor, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez se inscribe dentro de Barroco español, periodo del arte comprendido entre el siglo XVI y mitad del siglo XVII, cuyas características están demarcadas por el tenebrismo en el manejo de la luz, la presencia de la arquitectura en la composición, el ideal de naturalismo y la exaltación de la belleza en su máxima expresión llegando a un exceso en el detalle que permite una apreciación profunda de aquello que se quiere mostrar en la escena representada. Y es que, si por algo se reconoce este estilo artístico es por el exceso, reflejo de la época en el que la burguesía y la Iglesia requerían de este: la primera, para mostrar el creciente poderío económico con el que gozaba y, la segunda, como una estrategia de la Contrarreforma surgida por la necesidad de recuperar el poder perdido por la Reforma luterana. 

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Raymond Carver

VECINOS

      BILL Y ARLENE Miller eran una pareja feliz. Pero de cuando en cuando tenían la sensación de que en su círculo de amistades se les había relegado —y sólo a ellos— un tanto, y que tal actitud había hecho que Bill se entregara a su trabajo de contable y que Arlene se dedicara a sus tareas de secretaria. Hablaban de ello a veces, sobre todo comparando su vida con la de sus vecinos Harriet y Jim Stone. A los Miller les parecía que los Stone llevaban una vida más llena y excitante. Los Stone salían mucho a cenar fuera, o recibían a amigos en casa, o viajaban por el país aprovechando los desplazamientos de Jim por motivos de trabajo.

       Los Stone vivían enfrente de los Miller, al otro lado del pasillo. Jim era vendedor en una empresa de piezas de maquinaria y solía arreglárselas para hacer que sus viajes fueran a la vez de placer y de negocios, y en esta ocasión los Stone estarían fuera diez días, primero en Cheyenne y luego en St. Louis visitando a unos parientes. Los Miller, en su ausencia, cuidarían de su apartamento, darían de comer a Kitty y regarían las plantas.

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El arte del detalle: Jan Van Eyck
Por Danilo Rúa Espinosa

Políptico de Gante (1432) - Óleo sobre tabla, Catedral de San Bavón, Gante.


El arte en el detalle fue el título escogido por la historiadora de arte Susie Hodge para su libro publicado en el 2017 sobre las 100 obras de arte que deben ser vistas más de dos veces para poder alcanzar a apreciar toda su exquisitez y belleza. Exquisitez como la que precisaba uno de los más grandes pintores de la Pintura Flamenca también conocida como Renacimiento Nórdico como lo fue Jan Van Eyck. Este estilo pictórico de mediados del siglo XV y principios del XVI, toma rasgos distintivos del Renacimiento europeo constituyéndose en el estilo que mejor expone el uso de la pintura al óleo. Aunque también se considera la pintura al temple, este ejercicio se mantuvo en las diversas escuelas y academias de este periodo, cuya práctica se extendió hasta el siglo XVII con la Escuela de Amberes y su estilo colorista o naturalista.  Seguir leyendo...

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Del libro de Julio Cortázar, 
Historias de cronopios, 
sección "Manual de instrucciones."
 

Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. 
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

Llegado de llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración del llanto, tres minutos. 


Instrucciones - Ejemplos sobre la forma de tener miedo

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Más allá de lo real, lo surreal: Salvador Dalí

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Por Danilo Rúa Espinosa 
–Estudiante de la Facultad de Artes de la UdeA-

  

La persistencia de la memoria. (1931). Óleo sobre lienzo. 24 x 33 cm. MoMA, Nueva York.
 

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Demasiado caro
Relato verídico inspirado en Maupassant
León Tolstoi


Existe un reino pequeñito, minúsculo, a orillas del Mediterráneo, entre Francia e Italia. Se llama Mónaco y cuenta con siete mil habitantes, menos que un pueblo grande. La superficie del reino es tan pequeña que ni siquiera tocan a una hectárea de tierra por persona. Pero, en cambio, tienen un auténtico reyecito, con su palacio, sus cortesanos, sus ministros, su obispo y su ejército.

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