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“No se puede formar un estudiante sin que sus profesores estén formados”

Fotografía por Juan Esteban Avalo

El profesor Alberto Duque Velásquez, alto, de cabello canoso y ojos vivaces, es un convencido de la importancia de la lectura en cualquier nivel de preparación académica. Duque tiene la paciencia de los buenos maestros. Así mismo, tras su tono de voz cálido se esconde una experiencia de cerca de 32 años en la formación de sus pares: los docentes de la Universidad de Antioquia. 

Antes de llegar a la UdeA, el profesor trabajaba con la Pontificia Universidad Javeriana en la realización de material audiovisual. Justamente fue esa experiencia la que lo llevó a ser convocado en el año 1981 por la profesora Aurora Giraldo de Londoño con la idea de integrar el equipo del Programa de Tecnología Educativa de la Facultad de Medicina, precursor del Programa de Desarrollo Docente de la Vicerrectoría de Docencia

Leandro Garzón Agudelo, coordinador del Programa de Desarrollo Docente, conversó con él en torno a la historia de la formación del profesorado de la Universidad y a la lectura como una parte fundamental del conocimiento. 

Leandro Garzón Agudelo (LGA): Profesor, en la actualidad integramos una red de programas de desarrollo docente junto con otras universidades. Justamente, al comienzo de ese proceso estábamos construyendo la historia de cada programa y en esa búsqueda me encontré con una sistematización y con las normativas de 1993 y del 2017 que recogen parte de la historia del Programa de Desarrollo Docente. Sin embargo, nos faltaba hablar con las personas que construyeron este proyecto. Cuéntenos, ¿de qué época estamos hablando?

Alberto Duque Velásquez (ADV): Estamos hablando de septiembre de 1981, aunque la fecha que consta en los anales es el 3 de octubre. La Facultad de Medicina convocó a la profesora Aurora Giraldo de Londoño para que iniciara un programa de formación docente porque, semestre a semestre, eran muchos los estudiantes “rajados” y que se mostraban descontentos porque sus profesores vivían en su mundo. 

Ese fue, digamos, el gran detonante que ya venía de tiempo atrás. Desde hacía unos diez años, periódicamente, la Facultad de Medicina le pedía a la Facultad de Educación su colaboración con unas asesorías, entonces ellos enviaban a cuatro o cinco profesores que estuvieran disponibles y daban algunas conferencias sobre pedagogía, pedagogía y didáctica, entre otros temas.

Lo primero que hizo la profesora Aurora fue un sondeo entre la población de médicos, estudiantes y administrativos de la Facultad para tener un panorama completo del ambiente y la situación que se vivía.

LGA: ¿Cómo llega usted al Programa?

ADV: La profesora Aurora me recibió por mis antecedentes, puesto que había trabajado en televisión y en los programas de educación abierta de la Pontificia Universidad Javeriana. Pero al inicio no llegamos a hacer videos. Aurora empezó a identificar las necesidades de los profesores y allí se evidenció que, primero, las directivas de la Facultad tenían el problema de que a los estudiantes les iba muy mal en los exámenes; y segundo, que querían que se hicieran más materiales audiovisuales porque eso era lo moderno en la época. 

Digamos que la conclusión principal que salió de ese primer sondeo es que el problema de fondo no es que los profesores evaluaran duro o que fueran muy “cuchillas”, sino que ellos sabían de medicina y por eso creían que sabían enseñar. Entonces el inconveniente real estaba en la falta de preparación en lo pedagógico y didáctico y por esta razón era importante hacer un programa de formación para docentes. 

Sin embargo, llevamos más de cuarenta años con una misma problemática y es que no sabemos leer. Si yo le digo a un académico que está al frente mío que no sabemos leer, probablemente me diga “cómo que no sé, si yo tengo cuatro doctorados”. Tiene cuatro y tal vez tenga seis, y se va a morir sin saber leer. 

Esto es muy serio, y yo no soy pesimista respecto a la ciencia o a lo que ha logrado la educación, yo soy muy optimista. Pero si todo lo que hemos logrado lo hemos hecho sin saber leer, qué haríamos si supiéramos hacerlo. Yo, por ejemplo, cuando imparto algún curso le pregunto a los profesores “¿ustedes le enseñan a leer a sus estudiantes?” Y ellos me responden “no, nosotros enseñamos física, química, o alguna otra área del conocimiento”. Y si les pregunto si aparte de la química están enseñando otra cosa, ellos dicen que no. Entonces están perdiendo el tiempo, porque cuando enseñan química pueden enseñarle a la gente a vivir mejor con ella.
 

Ilustración por Juan Esteban Avalo

LGA: Ese sigue siendo un tema muy actual en la formación de los profesores. ¿Cómo se evidenció  esa preocupación por la lectura en el Programa a finales de los 80 y en los 90?

ADV: Realizamos una fenomenología de la lectura, en la que hicimos un cuadro con más o menos ocho tipos, como la comprensiva, la explicativa, la epistemológica, la crítica, la propositiva, entre otras. Entonces empezamos a problematizar el término lectura con los profesores en el aula de clase.

Después de la evaluación del ambiente, en la que se vio que era necesario trabajar en la formación de los profesores en lo pedagógico y didáctico, también reconocimos que debíamos fortalecer los recursos audiovisuales. 

En esa época los apoyos audiovisuales se trabajaban en una hojita. Allí el profesor escribía tres ideas y se las entregaba a quienes tenían cámaras de televisión. Ellos hacían lo que consideraban y él tenía que aceptarlo. 

Nosotros empezamos a proponer una formación en donde se estructurara un diseño didáctico del video a partir de las ideas que tenía el docente, se aclaraba qué quería decir y enseñar, escribíamos el guion y se musicalizaba. Todo el proceso se hacía de la mano de los profesores.  

LGA: ¿Profesor, por qué lo llama diseño didáctico? ¿Qué lo hacía didáctico?

ADV: Porque nos preguntábamos cómo hacer “aprendible” lo que se veía en el video. Entonces trabajábamos una serie de conceptos con los profesores, como tener las ideas muy claras y concretas, hacer énfasis en las ideas fundamentales, y contar con momentos de síntesis y evaluación en los videos. 

Igualmente, empezaba a ponerse en ese dispositivo comunicacional una serie de estrategias en las que trazábamos el objetivo, las divisiones del tema y mostrábamos cuadros para organizarlo mejor. Eso era lo que hacíamos. 

LGA: Profe, y además de la lectura, la escritura, y las apuestas didácticas, ¿qué otros intereses había en esos cursos que se les proponían a los profes de la Universidad?

ADV: Abordábamos muchas clases de metodologías. Por ejemplo, el Programa estuvo muy presente cuando llegaron los primeros computadores a la Universidad, en la Facultad de Medicina. Apoyamos a los profes en ese abecé, porque ellos no sabían cómo usarlos. 

LGA: ¿Profesor Duque, cuándo finalizó su paso por el Programa?

ADV: El día 13 de diciembre de 2013. Ese día renuncié. Yo no salí aburrido del Programa y todavía creo que tengo ideas que van a salvar al mundo y cuando me encuentro con otros profes que están pensando en eso me siento como nadando en aguas territoriales. 

LGA: Estamos nadando en las mismas aguas, porque yo también creo mucho en lo que hacemos. Profesor, para finalizar ¿qué importancia tiene para usted que la Universidad forme a sus profesores?

ADV: Yo creo, y lo he dicho en público en los últimos años, que las universidades engañan a todo el mundo. Les prometen a los estudiantes que les van a enseñar mucho pero no enseñan nada. Uno va, paga, se inscribe, toma apuntes, presenta exámenes y le dicen que está capacitado para ejercer una carrera. 

Yo creo que a uno en la universidad no le enseñan nada porque, cuando un profesor viene y da clase, lo que está es impidiendo que uno aprenda lo que debía aprender con un buen escrito (si realmente supiera leer).

LGA: Entonces, si la universidad no enseña nada, ¿para qué insistir en un programa de formación para profesores?

ADV: Porque la universidad tiene que asumir algún día la responsabilidad de formar a sus estudiantes. Y no se puede formar un estudiante sin que sus profesores estén formados. Ese es un mínimo sentido de responsabilidad y honestidad.
 

Por: 

Equipo de redacción 
Observatorio de Educación Superior de la Universidad de Antioquia 

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