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jueves, 27 de enero 2022
27/01/2022
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Financiamiento de la educación superior, bienestar y desigualdad

“El efecto precio-deuda de ir a la universidad es crucial para determinar el éxito de las reformas del sistema de financiación de la educación superior”, Gustavo Mellior. 

 

Por: Lourdes Cruz Cárdenas  -Facultad de Ciencias Económicas-

programa-becas-estudiantesTomando como punto de referencia dos enfoques sobre la financiación de la educación superior, uno relacionado con trasladar el costo de la educación a los estudiantes y, de otro lado, financiar la educación a base de impuestos, pero con el riesgo de incrementar la desigualdad, Gustavo Mellior, investigador asociado postdoctoral de la Universidad de Liverpool, en Inglaterra, se refirió a varias razones por las cuales reconsiderar ambas visiones.

Entre ellas, la idea de que la mejor manera de financiar la educación superior es con deudas estudiantiles, considerando para su pago la capacidad de ingreso o el estado de empleo del graduado, pero que no se refleja en la manera como los países de la OCDE, por ejemplo, financian la educación superior. Otra, referida a la participación en mayor o menor medida del sector público y privado en dicha financiación, donde comentó Mellior, los países que dedican una mayor parte del PIB al gasto público en educación superior tienden a tener menor desigualdad.

Sin embargo, las razones donde mayor énfasis hizo el investigador, son las relacionadas con financiar la educación superior con subsidios estudiantiles y becas basadas en mérito o necesidad, así como los modelos macroeconómicos con agentes heterogéneos.

Estos últimos, explicó Mellior en su investigación Financiamiento de la educación superior, bienestar y desigualdad, presentada en el Seminario de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, han demostrado que, en conjunto, todas las decisiones tomadas por los individuos al definir cuánto dinero ahorrar y cuánto solicitar en préstamo para financiar su educación, pueden tener efectos redistributivos y generar externalidades que desvíen la economía hacia la cantidad óptima de deuda.

En este modelo, mientras más opciones entregamos a los agentes para definir qué quieren hacer, el bienestar sube, y cuando el sistema de financiación de la educación es más generoso estamos incrementando las opciones de las personas de ir a la universidad”, agregó Mellior.

Seminario-financiacion-educacion

La investigación contribuye con un análisis cuantitativo y distribucional de varios regímenes de financiación de la educación superior, bajo la luz del efecto precio-deuda descrito por Obiols-Homs, en una interrelación entre educación, distribución de la deuda y dicho efecto.

Con el trabajo consigo que la clasificación de cuál sistema de financiación es mejor o peor, desde la perspectiva de la desigualdad, el bienestar de la sociedad y el costo fiscal de financiar la educación superior, depende del costo de ir a la universidad, tanto en términos monetarios como de tiempo. Y demuestro que el efecto precio-deuda que describió Obiols-Homs es una fuente crucial para determinar el éxito de las reformas del sistema de financiación de la educación superior”, expresó el investigador.

El modelo diseñado en el estudio propone tres escenarios. El primero considera la oportunidad de ir a la universidad si tenemos suficientes ahorros y cero subsidios, becas o programas de deuda estudiantil; el siguiente es un sistema que contempla los subsidios; y el tercero es el impuesto de graduación, un sistema donde el gobierno cubre una fracción o la totalidad del costo de la educación, pero al graduarse la persona paga un impuesto a perpetuidad al Estado.

costo-precio-deuda-educacionAdicionalmente, se plantean tres  opciones de préstamos estudiantiles organizados de manera ascendente por generosidad y que simulan el sistema de financiación de la educación superior estadounidense y un último escenario similar al sistema británico, donde el Gobierno presta recursos para ir a la universidad y, si una vez graduada la persona no obtiene ingresos suficientes para pagar o está desempleada, no es obligatorio asumir la deuda, pero ésta sigue activa con intereses subiendo y sólo  pasados 30 años se cancela su saldo.

De acuerdo con Mellior, en general un individuo promedio en el sistema americano estaría a favor de tener un sistema de financiación de la educación superior un poco más generoso y con deudas estudiantiles que ofrezcan protección a quienes no ganen suficiente. Sin embargo, moverse de un sistema a otro genera un costo, por lo que la investigación además compara los sistemas entre países.

Así lo explicó el investigador, “un sistema donde el gobierno cubre el 50% del costo de la universidad, es un sistema que no cambia mucho con el americano, diferente de si hay subsidios más generosos, por ejemplo, al 65% o al 100% o si hay un sistema donde puedes ir a la universidad gratis, pero al graduarse pagas un impuesto a perpetuidad, que son sistemas con cambios en el bienestar mucho más grandes que los sistemas de deuda estudiantil”.


El modelo apunta a que los individuos con título universitario son más productivos, son agentes que en promedio enfrentan menos desempleo y, si están desempleados, pueden buscar un trabajo más rápido; además, son individuos que tienen un ingreso más alto, por lo que el primer efecto es un menor costo para el Estado.

Finalmente, frente a la pregunta de cuánto subsidiar y hasta qué monto endeudarse, Mellior explicó que mientras más se flexibiliza la capacidad de endeudamiento más aumenta la desigualdad en la distribución del ahorro y sube drásticamente el porcentaje de la población endeudada, lo cual cambia al incrementar el subsidio del sistema universitario, sobre todo subsidios altos, que se refleja en el crecimiento del bienestar.

De ahí la importancia de tener en cuenta los efectos precio-deuda al preguntarnos cómo financiar el sistema de educación superior, así como la importancia del costo de transición de un sistema a otro.

Imágenes tomadas de: www.pexels.com - www.pixabay.com/

 
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