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Antivenenos, una necesidad para el país

21/06/2021
Por: Carlos Olimpo Restrepo S. - Periodista

La spin-off Tech Life Saving se concentrará en la producción de sueros antiofídicos de tercera generación, con tecnología que permitirá llevarlos y conservarlos largo tiempo en zonas apartadas de Colombia.

Imagen del proceso de plasma para convertirlo en antiveneno. Foto Sebastián Estrada

En 2020 Colombia registró 4951 accidentes ofídicos, según datos del Instituto Nacional de Salud —INS—. Ese mismo año, se produjeron en el país 19 196 viales de sueros antiofídicos, cantidad insuficiente para el tratamiento de las personas mordidas por serpientes, pues cada paciente puede necesitar varias dosis del antiveneno para recuperarse del daño sufrido.

Y esta es una constante que se mantiene a lo largo de las décadas, pues en Colombia apenas hay dos fabricantes de este medicamento —el INS y una empresa privada—, y aunque los casos de mordeduras presentaron un leve descenso, la mortalidad creció en gran medida por falta de acceso a los sueros.

Esta situación llevó a que desde el Grupo Toxinología, Alternativas Terapéuticas y Alimentarias de la UdeA (anteriormente llamado de Ofidismo y Escorpionismo) se trabajara en consolidar una empresa con el sector privado, para garantizar el suministro de antivenenos, algo que se materializó en 2017 con la creación de Tech Life Saving —TLS—.

Se trata de una spin-off de la Universidad de Antioquia y TIG —Tech Innovation Group—, de la mano del químico farmacéutico y CEO de TIG Juan José Zuluaga, ideada por Sebastián Estrada Gómez, quien era coordinador del Grupo de Investigación Ofidismo y Escorpionismo de la UdeA y hoy es director técnico-científico de la empresa de base biotecnológica.

«Muchas muertes por accidente ofídico están asociadas a la falta de antiveneno y por eso nos interesa mucho facilitar el acceso de la población a ellos», aseguró Estrada, quien agregó que «durante los últimos 13 años, desde 2008, hemos tenido en Colombia 11 declaratorias de emergencia por desabastecimiento de antivenenos. Algunos de ellos son considerados hoy vitales no disponibles: antilonómicos —para envenenamiento por orugas del género Lonomia—, antiescorpiónicos, antiaracnídicos, anticorales».

En el momento, la empresa elabora algunos lotes de antivenenos en laboratorio, en un ambiente similar al industrial, con miras a que en los próximos dos años pueda empezar la producción en una escala mayor. «Vamos a producir antivenenos de tercera generación, van a ser 100 % liofilizados —en polvo y sin necesidad de refrigeración—, eso da un más fácil acceso al medicamento en las regiones más apartadas del país», aseguró Estrada Gómez. 

Agregó que la empresa «será de gran impacto social, porque está enfocada en el acceso a los medicamentos, vamos a garantizar que Colombia tenga el suficiente número de viales —recipientes para las dosis— de antivenenos para que nunca más haya desabastecimiento».


El proceso

La planta estará en un espacio en la Sede de Desarrollo Tecnológico e Innovación de la UdeA, cerca de la Seccional Oriente, y, según Estrada, en poco tiempo empezará su construcción. También se cuenta en la zona con un lote para los equinos del proyecto.

«El Comité Institucional para el Cuidado y Uso de Animales de la Universidad nos aprobó el proyecto. Los equinos están siempre bajo atención profesional, en este caso de una médica veterinaria, y hay un cuidador que está pendiente de los caballos todo el día», afirmó Estrada.

A los caballos se les aplican microdosis de veneno, la suficiente para estimular el sistema inmunológico, pero en una cantidad tan baja que no les genera toxicidad. Se espera varios días para tomar una muestra de sangre y determinar la cantidad de anticuerpos que hay en ella; cuando están en el nivel que se requiere para el antiveneno, se saca un volumen de sangre que no afecte la salud del caballo y se separa en dos fases: glóbulos rojos y plasma. Los primeros se devuelven al caballo y el segundo se lleva a la planta, donde se convierte en antiveneno.

Estos equinos están en proceso de inmunización desde 2016, con monitoreo constante por parte del Comité de Ética de la Universidad y, hasta la fecha, no presentan problemas clínicos. Además, nunca se les expone al contacto directo con las serpientes.

¿Cuáles se producirán?

Sebastián Estrada afirma que en Colombia, en términos epidemiológicos, hay una muy buena caracterización del accidente ofídico, lo que permite conocer las serpientes que hay, dónde están ubicadas y cuál es la accidentalidad que generan.

Con base en esta información, la spin-off se concentrará en la producción de antivenenos para contrarrestar de manera específica los efectos de las mordeduras de serpientes propias de nuestro país o que tienen hábitats propicios aquí.

Unos estarán enfocados en los venenos neurotóxicos, básicamente los inoculados por corales y cascabeles, que afectan el sistema nervioso central. Estos producen contracción muscular, hacen que el diafragma pierda funcionalidad, con lo que la persona afectada deja de respirar, por lo que casi siempre necesita respiración asistida y atención en unidad de cuidados intensivos.

Otros harán frente a los venenos miotóxicos, de serpientes del complejo Bothrops y verrugosos, los cuales afectan tejidos, generan degradación, las células en tejido y piel pierden funcionalidad, pierden la capacidad de oxigenación y el tejido se necrosa —pudre—.

«Ambos tipos de venenos tienen la misma capacidad, aunque no es al mismo órgano en el que van a actuar, entonces no es lo mismo uno que se concentre su efecto en una pierna que el otro que afecte el diafragma, pero ambos tienen la misma velocidad de acción y deben ser atendidos en el menor tiempo posible y con el tratamiento específico», aclaró Sebastián Estrada.

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