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Profesores de cátedra y modelo de universidad

17/06/2021
Por: Nelson Vanegas Arbeláez, profesor Instituto de Física UdeA

«... Este modelo no está arrojando mayor productividad o impacto científico o técnico. No está siendo efectivo para cerrar brechas. Así que hay que repensar este modelo basado en la labor barata de profesores de cátedra; es una tarea pendiente y debemos hacerla desde adentro.»

A mediados de 2020 y en la incertidumbre de una pandemia que no habíamos previsto, se estaban cumpliendo el final de las horas contratadas de los profesores de cátedra de mi Facultad y se iban a quedar sin trabajo. Gracias a la lentitud y falta de interés de numerosas capas administrativas esto casi pasa.

Ahora, un año y medio de pandemia más adelante (falta la mitad) se les acaba de hacer un pago incompleto a muchos de ellos disminuyendo su ingreso mensual de forma arbitraria. De nuevo, la misma historia, algún funcionario sin conciencia y norte moral ordena que no se les paguen algunas horas sin razón alguna, sin acto administrativo o razonamiento que lo justifique y sin la cortesía de un aviso.

Lo anterior, en conjunto con la movilización social en la que estamos, nos obliga a hacer un alto y revisar. El tema de los profesores de cátedra es un tema nacional. La educación superior en Colombia depende de este grupo humano de decenas de miles de profesionales de cada disciplina, sin los cuales no tendríamos chance de una sola universidad funcional. Ni una, todas dependen de ellos.

La razón para que la movilización social tenga que ver es simple: hay paros y a muchos de ellos las instituciones los ven como el eslabón más débil que pueden cortar, les dan la espalda y se ahorran el valor de su contrato. Eso es una buena muestra de la profunda injusticia e inequidad que significa el modelo de universidad que tenemos, basada en la contratación de muchos profesores de cátedra a quienes pagan algunas veces menos de 10 meses de contratación anual (verán, el semestre dura cuatro meses en una mal llamada Universidad). En algunas de ellas los contratan a través de cooperativas para pagarles todavía más mal y poderlos controlar laboralmente abusando de ellos sin control alguno.

En el caso de la Universidad de Antioquia, somos un poco mejor que eso pero persiste un problema básico que resolver. Acá como en cada otra institución de educación superior, no tienen estabilidad alguna y en la práctica no reciben una prima o unas vacaciones pagas (se les da en la liquidación que en forma efectiva es solo el ingreso que les permite sobrevivir el mes o más que se quedan sin contrato entre semestres). Sin estabilidad, no tienen esa independencia que tanto reclamamos. Fácilmente se quedan sin contrato si critican o hacen reclamos. ¿Con qué cara vamos a formar profesionales críticos si no les damos estabilidad a sus profesores de tal forma que puedan ejercer derechos y levantar polvaredas cuando amerita?

Un profesor de cátedra no tiene acceso o casi no lo tiene a fondos para movilidad, proyectos de investigación genuinos, participación en eventos ni capacitación gratuita de calidad. No están afiliados a cajas de compensación ni tienen acceso a otros mecanismos de equidad en la Universidad. Se les cobra matrícula en posgrados y la reducción que en algún esquema se les da es insuficiente. Al pagarla, le devuelven a la Universidad lo poquito que les pagan y con ello solo ahondamos las distancias. Es como pagarles cicateramente con una mano para quitarles con la otra.

Hablando de salario, entre el ingreso anualizado de un profesor vinculado de tiempo completo a la Universidad y el ingreso anualizado de un profesor cátedra hay un factor que se acerca a cinco, pero un profesor de los mejor pagados puede ganar 15 veces lo que un profesor de cátedra con máximo número de horas. Los profesores de tiempo completo tenemos no solo esa ventaja sino que nos dan vacaciones dos veces al año, tenemos una buena proporción de nuestros ingresos libres de impuestos, tenemos acceso a fondos, investigación, movilidad, etc.

Para terminar de cerrar el círculo de la inequidad, supongamos que un profesor vinculado hace una publicación y tiene como coautor a un profesor de cátedra. Mientras el profesor vinculado tiene derecho a pedir un aumento salarial que puede rondar en un ingreso extra anualizado de 3.5 millones aproximadamente como salario, suponiendo una muy buena revista (con todas las implicaciones que eso tiene en términos de pensión y otros), al mismo tiempo, el profesor de cátedra en el mismo artículo, tendrá derecho a unos puntos que no son de por sí suficientes para saltar en el escalafón que para ellos existe.

Muchas veces necesitan dos o más artículos de primera línea para dar ese paso y cada paso en el escalafón no es más de dos millones anuales de ingresos adicionales y ninguna otra mejora, eso siempre y cuando trabajen unas 500 horas anuales en la Universidad. En otras palabras, estos mecanismos salariales solo aumentan y perpetúan la diferencia.  Dos artículos para un profesor de tiempo completo pueden ser 7 millones de ingresos anuales adicionales, para un profesor de cátedra pueden no ser más de dos millones (todos valores aproximados). Que alguien me explique cómo esto no es inequitativo e injusto.

Es imperioso revisar eso, la protesta social que vivimos es un reclamo de muchos jóvenes a empleo y oportunidades, a tener una vida digna una vez se gradúen. Y he aquí, dentro de la Universidad, un sistema que los mantiene en situación precaria durante años y sin posibilidades de mejora significativa ni estabilidad. Muchos de esos profesores de cátedra son estudiantes de posgrado y de pronto encuentran trabajos permanentes por fuera, pero ese no es el destino de todos.

Y solo para decirlo en alguna parte, durante esta pandemia nadie pensó en los portátiles o computadores de los profesores de cátedra, sus condiciones de trabajo, su vivienda, su conexión a internet, su estabilidad, el cierre continuo de puertas en frente de ellos. No tenemos siquiera un buen estudio de cómo viven y en qué condiciones socio-económicas.

Si la Educación Superior le diera condiciones salariales dignas y de estabilidad a estos colegas de cátedra le estaría dando estabilidad, equidad y futuro a muchos profesionales jóvenes. Esos jóvenes, que defendemos en abstracto en medio de este paro, son estos que nos dictan laboratorios, talleres y nos asisten en cada curso que no podemos dictar, que son una gran mayoría. Están acá, al lado, no en una patria abstracta. Defenderlos a ellos, cambiar su situación, es darle oportunidades a miles de profesionales que viven casi del día a día. Y hay mucho que podemos hacer, como no cobrarles posgrados, darles oportunidades de formación, estabilidad y permitirles participar adecuadamente. La Universidad no puede ser un testigo mudo e inerte en torno a esto. Y ciertamente hay obstáculos legales en la Ley 30 de 1992 y otras normas pero para eso son las protestas, para que esos obstáculos sean removidos y se produzca algo de justicia.

Es obvio, al menos para quien esto escribe, que el modelo de Universidad colombiana ha llegado al techo de lo que puede producir (y al piso porque se producen situaciones de bajeza extraordinaria). Este modelo no está arrojando mayor productividad o impacto científico o técnico. No está siendo efectivo para cerrar brechas. Así que hay que repensar este modelo basado en la labor barata de profesores de cátedra; es una tarea pendiente y debemos hacerla desde adentro.


Nota

1. Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

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