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Opinión

El deterioro ambiental y el deterioro social en Colombia

22/08/2025
Por: Rosa Angélica Zapata Gutiérrez. Egresada y empleda de la UdeA.

«Si la familia es el núcleo de la sociedad, en consecuencia, la escuela es la encargada de orientar a la familia para rescatar a esos niños que necesitan más atención evitando llevarlos hacia el fracaso escolar y a la frustración. Diariamente veo preadolescentes en condición de habitantes de calle, inmediatamente mi pensamiento me lleva a preguntarme: ¿Por Dios, en qué país estamos? ¿Por qué tanta indiferencia?».

Varias décadas atrás, este era un lugar totalmente habitable: En verano el cielo era despejado, el agua de las quebradas, los ríos y sus afluentes, era cristalina, las montañas ostentaban el verdor del campo y dejaban percibir olores mezclados a fresco y limpio, con toques de naturaleza: pino, madera, musgo, tierra húmeda y otros aromas silvestres. La niebla era menos densa porque el aire alguna vez fue muy puro. Diversas especies de animales e insectos jugueteaban entre las ramas y cruzaban el campo totalmente abierto y generoso para ellos. Los colores del arco iris eran más brillantes y la vida cotidiana más tranquila. Teníamos derecho a muchas cosas básicas, el trabajo digno nos permitía también acceder a una buena alimentación, a la educación básica para los hijos, a la vivienda digna, etc. —el padre trabajaba para proveer a su familia y la madre tenía la posibilidad de educar personalmente a su familia y cuidar de su casa—... Había menos desplazados, menos violencia intrafamiliar, menos crímenes, menos suicidios y menos indiferencia social.

Primero que todo quisiera expresar que actualmente las personas mayores recordamos con nostalgia lo que un día fue nuestro terruño y puede que «nos demos golpes de pecho», porque no la cuidamos, ni la defendimos lo suficiente. No sembramos bastantes árboles a pesar de las alertas; por el contrario, las autoridades ambientales han venido dando rienda suelta a los permisos para la tala de muchísimos árboles en las reservas forestales con propósitos lucrativos: como la construcción de grandes edificios, vías de acceso, nuevos caminos, nuevas rutas que acortan distancias entre unas y otras poblaciones.

Es triste ver cómo se han venido transgrediendo las normas ambientales de nuestro país, para las constantes intervenciones civiles de construcción en nuestros barrios, pueblos y ciudades. Paradójicamente existen extensas zonas de pastizales. Estas vastas llanuras se caracterizan por sus sabanas, donde predominan los pastos, y no hay muchos arbustos ni árboles. En Colombia, estas grandes extensiones de tierra están sobre todo en la Orinoquía y se encuentran también en otras regiones del país, incluyendo las zonas altas de la región Andina y la Costa Atlántica, resaltando que, en aras de conservar estos pastizales, muchos campesinos han sido desplazados hacia las ciudades en condiciones precarias. Esas inversiones capitalistas, que se repiten constantemente en contra de la naturaleza, en aras de un «imaginado progreso» traen como consecuencia además la devastación del campo, la extinción de especies animales, la afectación del cambio climático y el deterioro del paisaje.

En segundo lugar, otro asunto importante que quiero incluir en esta reflexión es el deterioro social. Sabemos que el núcleo fundamental de la sociedad es la familia. Teniendo en cuenta que actualmente estamos confrontando un nuevo siglo marcado por la virtualidad, los grandes cambios tecnológicos, las nuevas tendencias de modelo parental, la crisis socioeconómica, cultural y política del Siglo XXI, la globalización, entre otros aspectos que se me olvidan mencionar.

En ese orden de ideas, es importante ahondar en el tema de «la familia» y la escuela como influencia para el individuo en la niñez y la adolescencia. Los grandes maestros de la pedagogía han resaltado que el modelo parental para el individuo desde la infancia marca indudablemente su personalidad y su desempeño futuro. Sigmund Freud, por ejemplo, opinaba que los primeros años de vida son fundamentales para la formación de la psique humana. Por lo tanto, los conflictos no resueltos en esta etapa de la vida podrían manifestarse en problemas psicológicos más tarde. Todo ello Freud lo resume en una frase: «El niño es el padre del hombre».

En el texto, Hace falta tiempo, Gabriela Medin dice que: «Actualmente es el niño el que produce la familia y esto ha tenido consecuencias. También el niño es, un consumidor más: videojuegos con pago incluido, oferta audiovisual que incluye merchandising y consumo de productos: el niño es cada vez más el objetivo de diferentes estrategias comerciales». En línea con los cambios mencionados, se ha acentuado la tendencia a tomar el discurso del niño al pie de la letra, y darle el mismo estatuto de verdad a su enunciación que el que se daría al discurso de un adulto, desconociendo las particularidades del mundo infantil y produciendo un borramiento de las diferencias entre niño y adulto».  

Ese concepto Freudiano, es muy interesante y debería de ser un motivo de preocupación en la formación de nuestros niños y adolescentes. Ahora bien, ¿si la familia es el núcleo de la sociedad, qué papel representa la escuela para la familia? Es común escuchar a los maestros hablar sobre la falta de compromiso de los padres hacia sus hijos en cuanto a las responsabilidades escolares o porque presenta algún tipo de conducta anómala —no encaja—. Es claro que el hogar es la primera escuela, porque es ahí en donde se adquieren las bases para la vida.

Sin embargo, la escuela debe marcar la diferencia pues está inmersa en la ciencia y la normatividad de la educación, porque, en primer lugar, hoy en día por lo general ambos padres tienen que trabajar y los niños permanecen en el hogar con un cuidador que generalmente es algún familiar o a veces están solos autocuidándose o cuidando a sus hermanos menores. En segundo lugar, porque ese niño —especial— que se roba la atención de los maestros por su extraño comportamiento, podría estar siendo afectado por una situación particular, bien sea que está siendo abusado, violentado o soportando alguna condición psicológica aún no detectada. Sabemos que algunas instituciones educativas no practican la inclusión y solo quieren tener sus aulas llenas de niños «normales».

En conclusión: Si la familia es el núcleo de la sociedad, en consecuencia, la escuela es la encargada de orientar a la familia para rescatar a esos niños que necesitan más atención evitando llevarlos hacia el fracaso escolar y a la frustración. Diariamente veo preadolescentes en condición de habitantes de calle, inmediatamente mi pensamiento me lleva a preguntarme: ¿Por Dios, en qué país estamos? ¿Por qué tanta indiferencia?

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