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Academia Ciencia

Un acercamiento al estado de bosques marinos de Antioquia

19/10/2022
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- Periodista

Un estudio de investigadores de la Universidad de Antioquia sobre los segmentos de estuarios y manglares de las costas antioqueñas reportó detalladamente el estado de conservación o pérdida de estos en la costa del golfo de Urabá, basado en las variaciones captadas con imágenes satelitales del Sentinel 2 del programa Copernicus de la  Agencia Espacial Europea.

Fotografía: Manglares del golfo de Urabá, en el municipio de Turbo. Cortesía: Juan Felipe Blanco Libreros. 

¿Sabía usted que por mandato las corporaciones autónomas regionales de Colombia deben actualizar anualmente las cartografías de los manglares? A partir de la Resolución 1263 de 2018, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible dispuso el marco normativo y conceptual para que se mantenga al día su caracterización en pro de la sostenibilidad y preservación de los ecosistemas marinos y costeros.

En sintonía con esta necesidad, la ingeniera biológica y estudiante de biología Ana María Valencia Palacios, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, ha observado y estudiado los manglares que han crecido y se han extinguido en los 609 kilómetros de la costa de Antioquia, donde existen 5251 hectáreas de estos «bosques marinos». Con el acompañamiento del profesor Juan Felipe Blanco Libreros, experto en manglares, exploró su componente ecosistémico; Juan Luis Parra Vergara, experto en ecología, apoyó su despliegue en sistemas de información georreferenciados, con el objetivo de comparar el crecimiento o decrecimiento de manglares en la última década.

«Este trabajo permite observar que en diez años suceden muchas cosas: los manglares crecen, decrecen y varían sus dinámicas. Con los mapas tenemos la posibilidad de obtener actualizaciones en tiempo real con las cuales se pueden tomar decisiones sobre los segmentos en los que Colombia debe intervenir para proteger, reforestar y preservar», destacó Valencia Palacios, quien ha focalizado sus estudios como bióloga en el trabajo computacional.

La investigadora comenzó a mapear las costas de Urabá en el curso de «Estuarios y manglares» a partir del recorte y la superposición de imágenes de determinadas áreas para luego conjugarlas con elementos de Google Earth Engine, una plataforma para el análisis de imágenes satelitales. Sin embargo, encontró limitantes en esta herramienta, ya que la porción de Colombia se nubla constantemente y eso dificultaba el seguimiento a ciertas regiones.

 Ortofotos fotos tomadas en helicóptero de la pérdida y ganancia de manglares de las costas del golfo de Urabá a partir de imágenes satelitales. Cortesía: Juan Felipe Blanco y Ana María Valencia.  

«En ese momento se dio la posibilidad de obtener un programa mosaico de fotografía que puede reducir la concentración de la nubosidad, además, con este equipo de trabajo integramos aplicaciones en las que los usuarios pueden desplazarse sobre los mapas. Y, posteriormente, otros integrantes del grupo hicieron un índice de áreas de manglares diferenciadas de otros tipos de vegetación, con lo cual mezclé toda la información y pude internarme en estos mapas», narró Valencia Palacios.

Aunque en una primera instancia el peso de las imágenes le impidió al inicio procesar los datos, rápidamente se unió al grupo Procesos Ecosistémicos a la Escala del Paisaje de Juan Felipe Blanco, a partir del cual pudo acceder a otras fotografías de Nasa con menor peso y mayor detalle, y compararlas con las que se habían cartografiado en 2013 en la Expedición Antioquia.

Una de las conclusiones de este análisis es que la inundación y la erosión son los dos eventos que hacen que los manglares crezcan o decrezcan. Y en el caso de la costa de Urabá, el segmento con mayor pérdida es el estuario de Boca Tarena, en el norte de Bocas del Atrato, y Punta Coquitos, al sur de Turbo. «Observé una correlación muy fuerte entre la ocupación humana y la aparición o pérdida de manglares. En el caso del occidente del golfo, en el que no hay tantos asentamientos humanos, el manglar es fácilmente recuperable, ya que las plántulas caen al mar y encuentran donde crecer. En la parte oriental, en la que en los últimos años se ha dado una urbanización desmedida, además se ha dado una tala indiscriminada y agresiva; a medida que las edificaciones aumentan el manglar disminuye», narró Valencia Palacios.

A diferencia del árbol de bosque, un manglar puede concentrar grandes cantidades de dióxido de carbono —una hectárea de mangle puede retener hasta 1000 toneladas de CO2—, por esto son reconocidas sus funciones protectoras, al mismo tiempo que su vulnerabilidad. Uno de los bastiones de conservación es justamente su producción de carbono azul que surge de la captura de este elemento bajo el agua, el cual constituye uno de los principales mecanismos de compensación frente al calentamiento global y el cambio climático.

El 13 de octubre la World Wildlife Fund —WWF— presentó el informe Planeta Vivo 2022, en el que estimó que se han perdido el 69% de las poblaciones de mamíferos, reptiles, aves, peces y anfibios desde los años 70. Con una disminución de 94% en las poblaciones monitoreadas, Latinoamérica y el Caribe son las regiones que reportan un mayor declive. En el caso de los manglares, se destacaron como los «superhéroes» costeros, que constituyen una solución basada en la naturaleza para enfrentar el cambio climático.

La cartografía de las zonas de manglar es una herramienta que facilita las decisiones relacionadas con el mantenimiento de recursos naturales. «Estos mapas permiten responder la pregunta ¿Dónde están ubicados los manglares? Lo cual es necesario para que las autoridades ambientales puedan protegerlos, también para que se pueda hacer más investigación científica. En ellos podemos apreciar cuántos arbustos hay y cuál fue su variación en determinado rango de tiempo. Un mapa habla más que un texto y por ello son una poderosa herramienta de conocimiento», explicó Blanco Libreros.

El conocimiento y la restauración de los manglares es de vital importancia para la protección de especies endémicas y que están amenazadas. Además, como lo indica la investigadora: «los manglares siempre marcan el borde costero de un territorio, por ello, cuando hay erosión, es notoria su falta. Este ejercicio se hizo en el golfo de Urabá, porque nuestra necesidad era conocer el detalle de la costa que nos circunda, pero podría desarrollarse para que se sepa la ganancia o pérdida en cada zona del país».

Los bosques de manglar protegen las poblaciones de diferentes especies: son el hábitat de diversos individuos de fauna y flora. A las comunidades humanas les brindan espacios que los salvaguardan ante las tormentas y los tsunamis. Los departamentos con mayor área de manglar en Colombia son Cauca, Chocó, Córdoba, Magdalena, Nariño y Sucre.

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