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Urgen políticas públicas para la salud mental tras la pandemia: neuropsicólogo Juan Carlos Arango

17/06/2021
Por: Pedro Correa Ochoa - Periodista

Las cuarentenas y confinamientos han tenido notables repercusiones en problemáticas como la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático. Así lo reveló uno de los estudios internacionales más amplios sobre el impacto a nivel psicológico de la pandemia. Hablamos con uno de sus investigadores líderes, egresado de la Alma Máter.

Juan Carlos Arango fue distinguido, en 2014, con la distinción José Félix de Restrepo al egresado sobresaliente de la Universidad de Antioquia. Actualmente es investigador del centro de investigación de Biocruces Health Research Institute, España. Foto: archivo personal. 

El impacto de la pandemia por la covid-19 en la salud mental tiene tanto de profundo como de ancho. Las huellas individuales, familiares y sociales que viene dejando este acontecimiento, según los expertos, no solo deben ser una cuestión de primer orden de atención en los planes de los gobiernos, sino también en las investigaciones académicas y la formulación de planes de intervención. 

Juan Carlos Arango Lasprilla —egresado de la Universidad de Antioquia y un referente internacional en investigaciones sobre el daño cerebral, la rehabilitación y la neuropsicología transcultural—, lideró un estudio internacional sobre el impacto a nivel psicológico de la pandemia. La investigación desarrolló una encuesta con el objetivo de recoger información sobre síntomas de ansiedad, depresión, estrés postraumático, así como alteraciones del sueño. La encuesta, creada en una plataforma online, se distribuyó a través de las principales redes sociales entre el 19 de abril y el 3 de mayo del 2020, un crítico momento en el que en una gran parte de países se decretaron cuarentenas obligatorias y aislamientos social preventivos.

Lasprilla, actualmente investigador en la Fundación Vasca para la Ciencia —Ikerbasque—, habla sobre los principales hallazgos del estudio y los retos que este proyecta en cuanto a la atención a los problemas de salud mental generados por la pandemia. 


Siete de cada diez personas consultadas, según su estudio, evidenciaron síntomas de estrés postraumático por el aislamiento social. ¿No es ese ya un campanazo muy fuerte sobre lo que se viene en los próximos años?
Totalmente. Y hay un agravante preocupante. Cuando está pandemia inició los gobiernos empezaron a decir: «necesitamos más camas, más respiradores, más unidades de cuidados intensivos, más personal de salud». Nadie, absolutamente nadie, dijo: «necesitamos más psiquiatras o psicólogos». Ahora lo que hemos encontramos es que el nivel de agotamiento físico y psicológico ha llevado a que muchos profesionales de la salud, que han tenido que atender enfermos por la covid-19, han desarrollado una serie de problemas severos de salud mental. Lo que nos dice eso es que a futuro vamos a ver esos impactos reflejados en los servicios que estas personas prestan a sus pacientes.

El estudio, sin embargo, ofrece una panorámica sobre la población en general. Como neuropsicólogo, ¿qué es lo que más llamó su atención?
Hay cuatro resultados muy importantes. El primero es que alrededor del 26 % de las personas de estos 59 países presentaron síntomas de depresión durante la cuarentana o el aislamiento social; el 20 % presentó síntomas de ansiedad; un 50 % presentó problemas de sueño y, como ya señalabas, un 68 % síntomas relacionados con estrés postraumático. Si te pones a pensar en ese 26 % de personas que tuvieron problemas de depresión, es un número muy muy alto, y esos problemas pueden llevar a muchas situaciones como, por ejemplo, incrementos en problemas intrafamiliares, en divorcios, en consumo de medicamentos psiquiátricos, en discusiones entre compañeros de trabajo, en peleas de calle. Hay una cantidad de problemas emocionales que la gente está teniendo y a los que no se le está dando a ningún tratamiento.

 

Los resultados de este estudio han sido publicados en revistas internacionales especializadas, entre ellas el Journal of Clinical Psychology. Actualmente, Lasprilla adelanta otras investigaciones relacionadas con los problemas neurológicos y cognitivos, a corto y largo plazo, como consecuencia de haber enfermado por covid-19; además, desarrolla otro estudio que está midiendo el impacto de las cuarentenas por la covid-19 en personas con discapacidad física y con demencia. 

 

La investigación tomó una «foto» de un periodo concreto: abril y mayo del 2020. ¿Podríamos ser optimistas y afirmar que esas personas hoy están mejor?
Lo que sabemos en este momento es que esa población presentó esos síntomas en ese periodo, pero efectivamente nosotros no hicimos un estudio longitudinal, es decir que no sabemos si esos síntomas empeoraron o mejoraron. Lo cierto es que hoy seguimos atravesando momentos muy críticos, para no ir muy lejos en Colombia en su tercer pico los confinamientos han aumentaron, los contagios y muertes siguen incrementando. Por ello, lo más probable es que estos síntomas psicológicos y emocionales hayan aumentado o vayan a permanecer en el tiempo, y por eso esto es muy importante, porque nos demuestra que todos los países necesitamos hacer estudios para ver cómo evolucionan esos síntomas.

No todos los países han aplicado las cuarentenas y aislamiento de la misma manera, ¿Cómo hicieron esa lectura?
Así es. Por eso una de las variables que incluimos fue esa, la de la severidad de la cuarentena o del aislamiento social. Al momento de la encuesta había unos países donde se podía salir a la calle para comprar alimentos, en otros había toque de queda en unas horas determinadas. Es decir que los niveles de la cuarentena o del aislamiento social variaban. Al momento de hacer el análisis de los datos encontramos que mientras más severos fueron esos aislamientos o cuarentenas, se evidenciaban mayores problemas emocionales y psicológicos.

La muestra incluyó personas de 59 países. Ello implica una notable diversidad de condiciones socioeconómicas, ¿cuáles factores de riesgo o protectores identificaron?
Creamos una encuesta que traducimos a ocho idiomas y en la cual incluimos pruebas ya estandarizadas que miden los síntomas de la depresión, la ansiedad, los problemas de sueño y de los otros aspectos que medimos. Además, nos aseguramos de que esas personas que respondieron la encuesta no tuvieran, antes de la pandemia, antecedentes de problemas emocionales o psicológicos. A partir de eso identificamos que las mujeres son más vulnerables a la presencia de estos problemas emocionales, así como los jóvenes, los estudiantes y las personas desempleadas. Y en los factores protectores vimos que la estabilidad económica ayudaba a menguar esos efectos psicológicos, así como el apoyo social y familiar. También mostraban mejores resultados aquellos que manifestaban aplicar conductas de cuidado como el uso de la mascarilla o el lavado de las manos, así como quienes se mantenían más actualizados con información sobre la enfermedad. 
 

El estudio fue adelantado por la Universidad de la Mancomunidad de Virginia, la Universidad del Witwatersrand, la Universidad Stanford, SRI International, el Instituto de Investigación Sanitaria Biocruces y la fundación Ikerbasque.
 

Pero el exceso de información también ha impactado la salud mental. ¿Qué relaciones encontraron?
Encontramos que las personas que estaban mejor informadas acerca de la pandemia fueron a las que mejor les fue en sus niveles de salud mental. Pero aquellas personas que tenían altos niveles de desinformación desarrollaron más fácilmente problemas. Todos lo bulos e información inadecuada que se está dando, esa información catastrófica que empezó a surgir en torno al virus, llevó a que mucha gente desinformada empezará a tener síntomas de ansiedad y depresión, porque empezaron a anticipar cosas que pensaron que realmente iban a pasar y que no sucedieron. Es esa ansiedad anticipatoria del «cuándo me va a tocar a mí», «voy a morir o van a morir mi papá y mi mamá». Todas las cosas que empezaron a surgir en las redes sociales llevaron a muchas personas a tener altos niveles de ansiedad. Eso está pasando ahora con las vacunas, la desinformación está llevando a que muchas personas piensen en cosas que no están pasando.

Los niños han sido un grupo poblacional muy afectado, ¿cómo observa los impactos que esto les está generando?
Ha sido una de las poblaciones más vulnerables. Los niños han tenido que lidiar con una pandemia en la que muchos de ellos ni siquiera entienden qué es lo que está pasando; por qué se tienen que quedar en casa; qué es un virus; por qué no pueden abrazar a sus abuelos o por qué no pueden estar en contacto con otros niños. Todo esto está creado muchos problemas porque el aislamiento social ha conllevado a que se restrinja el contacto social entre los mismos niños y, por el otro lado, se limita la posibilidad de estar en clase y poder tener un proceso madurativo de aprendizaje como el que ya traían en sus escuelas. No hay que olvidar que los niños están en un proceso de desarrollo de sus funciones cognitivas, del lenguaje, la memoria, la atención, de habilidades matemáticas y lingüísticas. Probablemente esta interrupción en los procesos de aprendizaje va a llevar a que estos niños, a futuro, tengan una serie de problemas cuando ya se retorne a la normalidad. Además, algunos habrán desarrollado síntomas emocionales porque han sido víctimas de maltrato por parte de sus padres, pues la cuarentena ha llevado a que muchos padres realmente no sepan qué hacer con los niños 24 horas en casa. Pero no sabemos qué va a pasar, tenemos que estudiar esto a nivel longitudinal.

Ahora la gran expectativa es el avance de la vacunación. ¿Cómo ve el escenario tras lograr ese tiquete a la normalidad?
Sin duda las vacunas van y están ayudando a disminuir el número de contagios, van a ayudar a salvar vidas, pero las vacunas no van a prevenir la pandemia de problemas de salud mental que se nos viene en los próximos años y eso es algo fundamental. Tanto el personal de la salud como muchas personas de la población en general van a desarrollar problemas de salud mental que van a perdurar a través del tiempo y si a esas personas no les damos tratamientos psicológicos o psiquiátricos, eso va a tener unas repercusiones muy grandes a nivel económico, social y familiar a futuro. Eso está claro. 

¿Qué acciones se deberían estar desarrollando para enfrentar ese panorama...?
Hasta hoy este es uno de los estudios más grandes del mundo con respecto al impacto psicológico de la cuarentena en personas sanas. La idea es que estos resultados puedan ser de utilidad para crear políticas de salud mental, políticas públicas donde se creen programas para ayudar a las personas que han sufrido algún tipo de problema psicológico. También nos dan pistas a nosotros como profesionales para crear programas de intervención y poder abordar todos estos problemas. En Colombia y en otros países latinoamericanos tenemos muy poca gente que haga investigación en este ámbito, por eso se requiere que los gobiernos hagan políticas públicas donde se investiguen estos problemas y con ello se puedan crear soluciones, por un lado, para mejorar el bienestar de estas personas y, por el otro, para crear programas de prevención para que el día de mañana cuando tengamos una situación similar, estemos preparados para brindarle servicios a las personas durante los tiempos de cuarentena o de aislamiento social.

 

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