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Academia Ciencia Especiales

Crisis climática: voluntad política vs. investigación científica

23/06/2022
Por: Johansson Cruz Lopera - Periodista

La comunidad científica en el mundo ha llegado al consenso general de que la actividad humana en los recientes 200 años, en la era postindustrial, está agregando niveles extra de dióxido de carbono, lo que acelera el proceso natural de calentamiento del planeta. Sin embargo, ¿los líderes políticos de los países están tomando las acciones necesarias basadas en los hallazgos científicos? 

La crisis climática preocupa a la sociedad actual, por eso es importante que las decisiones políticas estén respaldadas por la evidencia científica al respecto. Foto: por la OCHA Colombia en Flickr / CC BY-SA 2.0 

En las tres décadas recientes, la comunidad científica y los líderes civiles y políticos de los países han coincidido en la acción urgente de actuar sobre las causas que han aumentado la temperatura del planeta, en especial la contaminación, quema de fósiles y destrucción de los recursos naturales. 

Sin embargo, y a pesar de esa claridad, surgen algunas preguntas: ¿por qué hay necesidad de hacer acuerdos entre naciones sobre este tema? ¿Qué tanto van de la mano las conclusiones científicas sobre este tema con las decisiones políticas? 

Investigadores y expertos en el mundo han compartido hallazgos que han servido de base para la toma de decisiones de los líderes políticos que se reúnen, de manera periódica, en cumbres o acuerdos para realizar seguimiento y acordar acciones a futuro. En esa línea se destacan la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático —1992—, el Protocolo de Kioto —1997— y el Acuerdo de París —2015—, siendo este último el más icónico de todos por la trascendencia de los convenios pactados. 

El Acuerdo de París es un hito en el proceso de mitigación multilateral de emisión de gases porque, por primera vez, «hace que todos los países se unan en una causa común para emprender esfuerzos ambiciosos para combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos», dice dicho documento. 

Los 196 países firmantes acordaron mantener el incremento de la temperatura global por debajo de los 2 °C, esto en relación con la media registrada en la era preindustrial, y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1.5 °C. De este plan, inicialmente hasta 2030, se desprendieron una serie de acciones individuales en cada país para alcanzar ese objetivo y lograr la reducción de emisiones de dióxido de carbono —CO₂— y otros gases de efecto invernadero —GEI—, que se han incrementado a partir de la industrialización, y evitar que se sumen a los que, de manera natural, el planeta produce. Colombia se comprometió, puntualmente, a reducir el 20 % de sus GEI para 2030. 

Compromiso político 

A pesar de que la evidencia científica muestra que hay alerta roja mundial por el sobrecalentamiento, países como Estados Unidos, India y China han afirmado que sus objetivos de reducción de emisiones son suficientemente buenos. 

«Todavía falta compromiso político de los países responsables de las mayores emisiones de gases de efecto invernadero, lo que puede generar reservas sobre qué tan exitosas pueden ser las negociaciones en estas discusiones, como la COP26», manifestó Paola Arias, docente de la Facultad de Ingeniería de la UdeA y una de los 234 científicos y científicas que participaron de la primera parte del informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático —IPCC, por sus siglas en inglés— de las Naciones Unidas, quien además participa en esta edición con el artículo «¿Por qué debemos hablar de emergencia climática?». 

«Este calentamiento acelerado lo estamos produciendo como civilización. El calentamiento global es un problema económico. De statu quo. Es la civilización actual la que está preocupada por el calentamiento global, porque está en riesgo de extinción. El planeta tierra y la vida en el planeta no está en riesgo porque este calentamiento hace parte de un ciclo natural», Pablo Cuartas, docente UdeA.  

La profesora se refiere a la COP26 —Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático—, realizada en noviembre de 2021 en Glasgow, Escocia, donde participaron más de 190 países. Por primera vez, los líderes políticos llegaron a un acuerdo para eliminar de manera definitiva los combustibles fósiles, especialmente el carbón, que es el más contaminante. 

Como en las demás convenciones y cumbres trasnacionales que buscan reducir la emisión de GEI producto de actividades antropogénicas, también en la COP26 las razones científicas no fueron la base para los acuerdos finales, ya que se privilegian otras razones, como la sostenibilidad financiera de un país: «La feroz competencia entre China y EE. UU. por el poder económico y político mundial ha acabado relegando la crisis climática en sus agendas a un segundo plano; si bien hicieron una declaratoria conjunta, esta carece de dientes», expresó Manuel Rodríguez Becerra, profesor emérito de la Universidad de los Andes y el primer ministro de Medio Ambiente en Colombia en 1994, poniendo los intereses políticos y comerciales por encima de los ambientales. 

Cambios por el hombre y la naturaleza 

A pesar de que el hombre ha influido en el aumento de la temperatura, la crisis climática no es un fenómeno único de este tiempo y también obedece a causas naturales. Pablo Cuartas Restrepo, doctor en Física y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Antioquia, señaló que el planeta se encuentra en un periodo cálido interglaciar, un intervalo en el que se produce un cambio global del clima y que generalmente separa dos periodos glaciares o glaciaciones, y esto hace que las alteraciones al medio ambiente también hagan parte de un ciclo natural —leer el artículo que acompaña esta edición: «¿Por qué hay calentamiento global?»—. 

Sin embargo, en este problema el hombre ocupa un lugar protagónico. Los niveles de CO₂ y gases de efecto invernadero —GEI— en la atmósfera han aumentado en los 200 años recientes, con el inicio de la era de la industrialización. La mayoría de las evidencias hasta ahora compiladas por científicos muestran que los humanos han aumentado el dióxido de carbono de la atmósfera a partir de la quema masiva y generalizada de los combustibles fósiles. 

Esto tiene consecuencias nefastas, como se expresa en el sexto informe del IPCC: todas las regiones del planeta, sin excepción, han sufrido los efectos de la crisis climática. No existe un lugar del planeta donde no se haya sentido el impacto del calentamiento global, el deshielo, el aumento del nivel del mar o el azote de los fenómenos meteorológicos extremos. 

Esto lo deja claro un estudio de la Nasa y la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional de los Estados Unidos —Noaa—, concluye que 2021 fue el sexto año más caluroso desde 1880, cuando comenzaron las mediciones de la temperatura. Este documento reveló, además, que los siete años recientes han registrado mayores elevaciones térmicas. 

«Estamos aumentando alrededor de 0.8 o 0.9 °C. Si se sigue el patrón, en 10 años estaríamos llegando a ese punto —1.5 °C—», explicó, en declaraciones de prensa, Edil Sepúlveda, científico del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la Nasa, en relación con la meta de no superar ese tope según el Acuerdo de París. Esto coincide con el reporte del IPCC que dice que en las próximas dos décadas estaremos alcanzando dicha temperatura. 

«¿Cómo vamos a hacer frente, de la manera más justa, ante lo que está ocurriendo? Es muy importante tener en cuenta las causa. Es de todo esto que estamos viviendo, pero también las consecuencias, y en ambas cosas hay responsabilidades e impactos diferenciados», dijo Paola Arias. 

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