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Tribus digitales para nuevas maternidades

24/06/2021
Por: Yenifer Aristizábal Grajales

Investigadoras de la Universidad de Antioquia y Universidad Pontificia Bolivariana exploraron el mundo materno en las redes sociales. Son grupos de apoyo en los que muchas madres se sienten seguras y confiadas al buscar nuevas formas de ser mamás, lejos de la crítica.

Ilustración: Andrea Henao.

«Así no quiero parir», pensó Juliana Vera hace siete años mientras esperaba a su primer hijo, luego de ver un documental en el que mostraban cómo la violencia obstétrica —ver recuadro— parecía normalizada en el entorno médico. Como muchas madres primerizas, se sentía confundida y buscaba información para calmar su desasosiego.

«Empecé a averiguar qué decía la Organización Mundial de la Salud —OMS—, si había documentos legales en Colombia que hablaran de la atención al parto, por lo menos, y que respaldaran el parto humanizado», relató Juliana. Se refiere a un modelo en el que se prioriza el bienestar de la madre y su hijo; un nacimiento, en lo posible, natural, y donde la gestante es informada de cada procedimiento médico y su voluntad es respetada.

Juliana lideró, junto con otras diez madres, la creación de una «tribu» llamada Mamás Tejiendo Camino, que nació como grupo de apoyo al postparto y, rápidamente, abordó la maternidad en general, con encuentros presenciales para hablar de gestación, parto humanizado, preparación para la lactancia y temas afines.

Poco tiempo después, quiso llevar esta experiencia de tribu a la virtualidad y creó así el grupo de Facebook Parto Humanizado Medellín, que hoy cuenta con más de 6500 miembros. En este espacio las madres aclaran dudas, expresan sus quejas, solicitan datos, piden ayuda para ellas o otras personas, escriben sus testimonios y, en últimas, participan de una amplia conversación en torno a la maternidad. De esta forma, tienen acceso a una información que inicialmente parecía escasa y dispersa.

El análisis en el que participaron estas investigadoras se realizó a través de la teoría fundamentada, de un grupo focal y 17 entrevistas en profundidad a mujeres integrantes del grupo de Facebook y profesionales de la salud.

Este grupo hizo parte de un estudio realizado por investigadoras y docentes de la Universidad de Antioquia y de la Universidad Pontificia Bolivariana. De este se publicó el artículo Maternidades contemporáneas: tribus digitales e interacciones con las instituciones de salud.

Las autoras no solo reconocieron en esta tribu virtual un flujo de información permanente, también encontraron «que allí se generan unos grupos de apoyo que trascienden la virtualidad, relaciones que tienen mucho sentido en la vida cotidiana de las mujeres», explicó la investigadora y docente de la Universidad Pontificia Bolivariana, Doris Elena Muñoz Zapata.

Además, hallaron un común denominador entre las madres: «Son mujeres que están buscando otro tipo de crianzas: más respetuosas, donde se excluyan prácticas de castigos físicos y búsquedas distintas en la alimentación, por ejemplo, lactancias más prolongadas», indicó Muñoz Zapata, quien desarrolló su tesis doctoral en este tema durante la pasantía en el Grupo de Investigación Respuesta Social en Salud de la Facultad de Medicina de la UdeA, liderado por la doctora en Salud Pública Gladys Rocío Ariza Sosa.

Entre estas «nuevas» pautas de crianza están aquellas donde se promueve el porteo —sistema de transporte que asegura un contacto constante entre el bebé y su cuidador—, el colecho —práctica que promueve que los niños duerman en la misma cama con sus padres—, la lactancia extendida —después del primer año— y el movimiento libre —el respeto por los ritmos de desarrollo frente al manejo del cuerpo y la experimentación sin constreñimiento— desde sus primeros meses de vida.

Nuevas formas de «maternar» y sus conflictos

Ariza y Muñoz señalaron que durante la investigación identificaron frustraciones por parte de las madres, relacionadas con programas y profesionales de la salud por cuenta de orientaciones poco satisfactorias relacionadas a esas tendencias de la crianza.

El artículo publicado resalta que hay una percepción de desactualización de los profesionales de la salud, lo que hace que las madres «asuman una actitud defensiva y de confrontación frente a las indicaciones recibidas en las consultas médicas y en los controles de crecimiento y desarrollo».

Incluso, ha generado la deserción de algunas madres y sus familias de los programas de salud. De acuerdo con la investigación, la desconfianza que nace por cuenta de dicha desactualización y «lenguajes impositivos en los que se exalta su poder sobre las mujeres atendidas», dificulta desde un principio la comunicación entre los profesionales de la salud y las mujeres, lo que hace que ellas busquen espacios alternativos para contrastar e incluso cuestionar esta información para así tomar sus propias decisiones al respecto.

«Lo que encuentran cuando van a asumir estas nuevas prácticas, en general, son cuestionamientos, rechazos y aislamientos. Entonces empiezan a configurarse en estos grupos unas redes de apoyo en la vida cotidiana que les dan un soporte en las decisiones que toman, que las alienta, incluso, a la hora de tomar decisiones importantes para la vida como, por ejemplo, dejar el trabajo remunerado o volver nuevamente a incorporarse a la vida laboral», dijo Muñoz Zapata.

De acuerdo al estudio, las mujeres consideran la etapa del puerperio (desde el parto hasta los 40 días) y la transición a la maternidad como un periodo sin suficiente acompañamiento por parte de las instituciones, pues los programas existentes solo se concentran en la atención a sus bebés.

Para las investigadoras, la dinámica de estos grupos generan paulatinamente transformaciones que parten de la esfera individual y permean otros escenarios como las instituciones de salud.

La médica salubrista y profesora Gladys Ariza Sosa indicó que estos movimientos han logrado incidir en contra de la violencia obstétrica, pues son frecuentes sus señalamientos y rechazos: «Hay unos relatos muy estremecedores de cómo el sistema biomédico, patriarcal y androcéntrico las violenta de muchas formas que van desde la manera de atender los partos vaginales hasta el abuso que se hace en las cesáreas, en los procedimientos que no les explican o que no son consentidos».

Por último, Doris Muñoz Zapata comentó que es importante un compromiso de la academia frente a estas temáticas: «Por un lado está la presión que estos profesionales de la salud manejan, pero es importante que desde la formación se trabajen temas de género, empatía y comunicación. Además, en la comunicación también reproducimos violencias desde el lenguaje y los estereotipos de la maternidad idealizada y fuera de lo real que promovemos en medios. Por eso se requiere comprometer a muchos actores, entre ellos, la academia de forma muy fuerte».

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