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Sociedad

El nuevo —¿o extinto?— EPL

23/09/2021
Por: Yenifer Aristizábal Grajales - periodista

Pasar al Ejército Popular de Liberación —EPL— de Grupo Armado Organizado a Grupo Delictivo Organizado no es solo cambiar de categoría en el conflicto colombiano, sino que permite entender parte de sus dinámicas. La decisión de modificar su categoría es también una pregunta por su estatus político y el reconocimiento de sus víctimas. 
 


Francisco Caraballo, negociador del EPL durante los Diálogos de Paz en Tlaxcala México durante el gobierno de César Gaviria. Caraballo fue el comandante de la disidencia de este grupo armado que hoy pervive en el Catatumbo. Foto Archivo Colprensa.

En abril el director de la Policía Nacional, general Jorge Luis Vargas, anunció ante el Congreso de la República la decisión de cambiar al Ejército Popular de Liberación —EPL— de la categoría de Grupo Armado Organizado —GAO— a Grupo Delictivo Organizado —GDO—, un hecho que no se había presentado hasta ahora en Colombia. 

La instrucción oficial que determina estas tipologías en el país es la Directiva 15 del 2016, en la que el Gobierno le da una respuesta técnica y jurídica a través de las figuras de GAO y GDO a lo que se conocía como bandas criminales. 

De acuerdo con esta Directiva, los GAO están bajo la dirección de un mando responsable y ejercen control sobre un territorio que les permite realizar operaciones militares sostenidas y concertadas. Estos son perseguidos por la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas por igual y se autoriza «todo el uso de la fuerza necesaria» para combatirlos. 

Por otra parte, los GDO son grupos estructurados con alcances delictivos trasnacionales: «De tres o más personas, que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves con miras a obtener directa o indirectamente un beneficio económico u otro de orden material». Estos grupos son perseguidos por la Policía Nacional o con apoyo de las Fuerzas Militares, en casos necesarios. 

Como lo explica la investigadora María Emilia Lleras, en un análisis publicado por Indepaz en 2016, así como un GAO puede llegar a ser GDO, por pérdida en su capacidad militar —como pasó con el EPL—, un Grupo Delictivo Organizado podría alcanzar ciertas características y convertirse en Grupo Armado Organizado y puede ser atacado por la Fuerza Militar y la Policía por igual. En ambos casos, estas estructuras son consideradas delincuencia organizada trasnacional. 

Leyder Perdomo Ramírez, docente e investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia, explica que estas tipologías tienen un origen a nivel global vinculado «con la sofisticación de la criminalidad, producto de la circulación de grandes capitales y negocios ilegales relacionados con minería, trata de personas, narcotráfico, entre otros. En continentes como África y América Latina estas organizaciones se sofisticaron en adquisición de medios y organización militar para llevar a cabo sus actividades». 

En Colombia, las tipologías se remontan al proceso de desintegración de las Autodefensas Unidas Colombia —AUC—, entre 2003 y 2006, y la continuación de las organizaciones armadas circunscritas a estas, cuando dejaron de ser reconocidas oficialmente como paramilitares y pasaron a ser nominados como Bacrim, grupos con conocimientos e influencias suficientes para mantenerse de forma armada y organizada. Estos organismos no cuentan con estatus político. 

Esta clasificación también le permite al Gobierno nacional caracterizar las estructuras armadas con las que se enfrenta, identificar su conformación, actividades ilícitas y zonas de influencia, así como la forma en la que buscan el control territorial —como el nivel de hostilidades y de organización—. A su vez, le sirve al Ministerio de Defensa para orientar sus actividades operacionales y el apoyo a las investigaciones judiciales en contra de estos. 


Existe para subsistir

En medio de la campaña de las Fuerzas Armadas para desarticular al EPL y detener sus actividades ilegales, esta organización ha sido atacada desde el 2018 a través de la Operación Esparta, a cargo de la Policía Nacional. Producto de 61 operaciones en su contra, el grupo ha perdido 300 integrantes de sus filas. Además, la captura reiterada de sus máximos cabecillas, desde la muerte de Megateo en 2015, lo ha debilitado y llevado a esta nueva categoría criminal. 

Para el profesor Leyder Perdomo Ramírez el EPL, en el caso de que  aún se autodenominen guerrilla, existe para subsistir, pero que políticamente no avanza en un proyecto evidente que pueda llevarlo a contar con bases sociales o a la generación de algún tipo de movilización que «dé señas de ser un grupo insurgente, en lugar de uno narcotraficante o comerciante ilegal netamente». Para el docente, lo que pretende el Gobierno nacional es cerrar la puerta a cualquier posible negociación «dar por finalizada la historia del alzamiento armado del EPL en Colombia. 

Por su parte, para Mario Agudelo, exdirigente del EPL y del partido político Esperanza, Paz y Libertad, que nació tras su desmovilización, este cambio de GAO a GDO tiene un trasfondo político y es un «eufemismo», pues «la cantidad de hombres no define nada. En su momento crítico, en 1974, el EPL tenía 10 hombres y nadie puede decir que era delincuencia común porque eran 10. El número no determina el carácter», dijo.

El exguerrillero comentó que esta decisión, tomada en conjunto por los comandantes del sector defensa y ratificada por el Consejo de Seguridad Nacional, consiste en «desconocer actores del conflicto armado en una evolución». Para él esto se da para bajarle la intensidad al conflicto frente a estándares internacionales, pues la disidencia del EPL siguió enarbolando las banderas, manejando el mismo discurso, propósitos y símbolos de la guerrilla con ideología de izquierda que comandaba Caraballo.

Además señaló que esta decisión, lejos de acabar con el grupo, permite su subsistencia, pues «al ser combatidos por la Policía no los pueden bombardear ni atacar como actores del conflicto. Eso les ayuda a persistir: más víctimas y reclutados, pero menos reconocimiento de esas víctimas».    

En cuanto a estas, el reconocimiento de sus derechos cambia. De acuerdo con Perdomo, las víctimas de los GAO tendrían que recibir la atención de toda víctima del conflicto armado,  mientras que las de los GDO tienen un tratamiento judicial ordinario como las de cualquier grupo delincuencial. Lo que en últimas se traduce en un desconocimiento, por ahora, pues esto posiblemente genere discusiones judiciales en favor de las víctimas, indicó el profesor. 

El investigador añadió que, ante un posible restablecimiento de derechos de un niño o adolescente reclutado por este grupo, el menor pierde posibles garantías que sí tendría si estos se dieran en un contexto de negociación con un grupo insurgente —como el antiguo EPL— y no en un escenario de sometimiento a la justicia como Grupo Delictivo Organizado. 

El EPL nació en 1967 como organización guerrillera y brazo militar del Partido Comunista Marxista-Leninista. El primero de marzo de 1991 se desmovilizaron 2200 integrantes, aunque no fue su totalidad: una disidencia de aproximadamente 100 guerrilleros, comandada por Francisco Caraballo, decidió no acogerse a los acuerdos. 

Desde la desmovilización, su fortaleza ha sido el Catatumbo, zona fronteriza con Venezuela, y ha tenido líderes tan mediáticos como alias Megateo. Este grupo ya no es reconocido por la fuerza pública como la guerrilla de entonces, con origen político, sino como Los Pelusos, con negocios relacionados con el tráfico de drogas, armas y contrabando. 

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