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Gente UdeA Deporte

Ser juez en el torneo de tenis más antiguo del mundo

04/10/2022
Por: Johansson Cruz Lopera - Periodista

Veinte años pasaron desde el día que Esteban Jiménez, egresado de la UdeA, soñó con ser juez en un Grand Slam. Ese sueño que comenzó con un curso en Jamaica en 2002 se hizo realidad al ser el segundo colombiano —y el primer antioqueño— en estar en el cuadro final del Campeonato de Wimbledon, el certamen de tenis más antiguo del mundo. Este es el perfil de un hombre que dedicó su vida a la profesionalización del arbitraje de tenis en el país.  

Wimbledon es el primer Grand Slam en el que participa Esteban, es el segundo colombiano en hacerlo. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F. 

Si se ponen en el buscador de YouTube las palabras «Nadal vs. Tsitsipas», de inmediato aparece en las sugerencias de videos la final del Masters de Canadá 2018 en Toronto. Esa final que terminó con una bola cruzada por parte del español sobre el griego, luego de un intenso y parejo segundo set, tuvo como juez de línea al antioqueño Esteban Jiménez Bobadilla, un hombre que ha dedicado su vida al juzgamiento del tenis de campo. 

Este año (2022) Esteban cumplió una de las metas que se había marcado dos décadas atrás, cuando hizo el primer curso internacional de arbitraje en tenis en Jamaica: estar en la cancha de un Grand Slam, el torneo más importante de este deporte y que está constituido por los cuatro torneos oficiales mayores del circuito profesional: Abierto de Australia, Roland Garros, Abierto de Estados Unidos y Wimbledon. En este último el antioqueño fue protagonista, fue nombrado juez en el cuadro final.  

«Cuando pasé el primer curso como juez internacional, en 2002, me fijé la meta de llegar a un Grand Slam o unos Juegos Olímpicos. Lo tenía muy claro. Obviamente, había que comenzar desde abajo la escala de torneos profesionales: los Futuros, los Challenger, los ATP, WTA y tratar de ir escalando y haciendo la carrera. Cuando era recogebolas no pensé que fuera a estar en un estadio arbitrando a una estrella del tenis. Ni lo imaginaba. Ese curso en Jamaica lo cambió todo», comentó Jiménez Bobadilla, egresado de Licenciatura en Educación Física de la Universidad de Antioquia y actual Coordinador Deportivo de la Liga Antioqueña de Tenis.  

Él es, hasta ahora, el primero y único juez de tenis del país con escalafón broche de oro. En el «deporte blanco», como también se le conoce, hay varios roles de juzgamiento: juez de silla, jefe de jueces y referí; a su vez, cuenta con varios escalafones: broche blanco, bronce, plata y oro. Esteban ha trabajado en todos los roles y cuenta con la máxima calificación.  

«En 2003 me gradué de la UdeA y de inmediato me vinculé a la Liga, aunque ya llevaba varios años trabajando para ella promoviendo un colegiado de jueces, que era un tema que siempre me interesó, porque desde el colegio me llamó la atención ser juez», comentó, mientras recordaba su pasado como juez de baloncesto durante su juventud en Sabaneta, donde ha vivido siempre. Pero la vida rápidamente le mostró el camino que debía seguir. Para los Juegos Nacionales de Tunja en el 2000 pensaba asistir como árbitro de baloncesto, pero era necesario estar en la categoría primera y él se encontraba en la tercera, no alcanzó a terminar los cursos y debió esperar un par de años más. En cambio, ese mismo año realizó el curso para ser juez en tenis y lo aprobó, y la Federación Colombiana de este deporte lo convocó a los juegos, «eso me vinculó para siempre a este deporte», recordó. 

Dos décadas de sacrificios 
 

De su paso por la Alma Máter recuerda que fue una temporada difícil por los horarios y sus obligaciones laborales. En las mañanas recibía clases en la sede de Robledo, al mediodía estudiaba inglés en Eafit y en las tardes trabajaba como recogebolas en el Club Campestre. «Fue una época de mucho aprendizaje y de la que tengo los mejores recuerdos. En la comunidad deportiva es muy representativo el programa de la Universidad frente a otros, marca una pauta. Me siento orgulloso de ser egresado UdeA», afirmó. 

Su marca va más allá de los logros que ha obtenido de manera individual. Desde el año 2000 comenzó a trabajar en la creación de un colegiado de juzgamiento para el tenis, porque anteriormente los partidos los arbitraban las personas de cada club, como los profesores o entrenadores.  

Esteban lidera, desde el año 2002, el colegio arbitral de la Liga Antioqueña de Tenis. Foto: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe F. 

«Comenzamos diez personas, a quienes nos gustaba el juzgamiento y nos estábamos capacitando, a arbitrar todos los torneos de la Liga. Eso es un don con el que uno nace, una habilidad única. No a todo el mundo le gusta ser juez ni aguantar el peso de las decisiones que representa este oficio en cualquier deporte», explicó Esteban Jiménez. Gracias a esa labor Antioquia cuenta con seis jueces internacionales.  

Pero su disciplina y constancia lo llevó a escalar posiciones dentro del arbitraje y, como una consecuencia de su trabajo, sin forzarlo, llegaron esas pequeñas victorias personales que justifican los muchos fines de semana que ha estado lejos de su esposa, hija, padres y hermanos, deambulando por hoteles, aeropuertos y ciudades del mundo.  

«Mi primer torneo grande fue en 2010 en Acapulco, el Abierto Mexicano de Tenis, que es un torneo ATP —Asociación de Tenistas Profesionales— y WTA —Asociación de Tenis Femenino— y ahí tuve la oportunidad de arbitrarle a Nadal, Ferrer, las Williams. En 2011 me aceptaron en Master de Madrid, que forma parte del ATP Masters 1000 del ATP Tour masculino, siendo el cuarto en disputarse cada temporada, y de la serie WTA 1000 del WTA Tour femenino. Esos dos torneos me permitieron acceder al circuito profesional y participar en varios torneos como Toronto, Montreal, entre otros».  

Después de veinte años dedicados a esta profesión, Esteban sentía que arbitrar a esta generación de estrellas del tenis, como Federer, Nadal, Djokovic, Del Potro, en diversos torneos, le quitaba la presión de dirigir en un Grand Slam, sin embargo, seguía trabajando para ponerle el chulito a ese sueño. «Desde el 2002, con mi broche blanco, comencé a aplicar como juez para uno de estos torneos. Lo hice cada año. Recibí muchas cartas dando las gracias por querer ir, pero la respuesta era no o en la lista de suplentes», recordó.   

Estuvo como juez de línea en la final del Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco en 2010 entre David Ferrer y Juan Carlos Ferrero, y en 2018 entre Juan Martín del Potro contra Kevin Anderson; ese mismo año, en la final del Masters de Canadá, en Toronto, entre Rafael Nadal y Stefanos Tsitsipas.  

Este año, como cada año desde el 2002, aplicó de nuevo para ser juez en Wimbledon. La respuesta a su solicitud fue un sí, había sido aceptado para ser juez, inicialmente, en las fases de clasificación, que es la semana previa al torneo. Eran 75 jueces y la organización dejaba un espacio para que 15 de esos jueces pasaran al cuadro principal, de acuerdo con su rendimiento. Para su fortuna y gracias a su trabajo se ganó un cupo para estar como protagonista en una de esas míticas canchas.  

«El momento en que me avisan que pasé al cuadro principal y que iba a estar en esas canchas fue muy especial, era inevitable no emocionarse y llorar», expresó conmovido, y agregó que «un dato para entender lo que significa estar allá, por ejemplo, es que para el público no es fácil conseguir las boletas, que son vendidas un año antes, tras largas listas de espera. Estar como espectador ya es emocionante, ahora estar como juez en la cancha, tomando decisiones sobre partidos, con lo que eso representa, es una satisfacción grande, un peso fuerte».  

En la pared de su oficina hay un cuadro colgado donde se ve al tenista español Rafael Nadal de espaldas en una cancha de Toronto, y sobre la línea de la misma a Esteban Jiménez, en posición como juez de línea. Detrás de su puesto un estante con múltiples reconocimientos como mejor árbitro en torneos locales y nacionales. Sobre su escritorio un par de pelotas de tenis son parte de la decoración del lugar que es testigo de la pasión que este juez expresa en cada palabra al recordar cada paso desde aquel 2000 y los Juegos Nacionales que le cambiaron la vida.  

«Es un logro familiar, son veinte años invirtiendo en un proceso que va más allá de lo económico, es un mensaje para todos los que están cercanos: hay que trabajar por las metas que nos proponemos y estar en Wimbledon fue un sueño cumplido que tomó su tiempo, pero lo logré», sentenció Esteban.  

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