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De Manuel Uribe Ángel a un Hospital Digital: ¡150 años de la Facultad de Medicina!

06/10/2021
Por: Johansson Cruz Lopera - Periodista

En estos 150 años de historia, el legado que ha dejado la Facultad de Medicina en la Universidad de Antioquia es invaluable en términos sociales, culturales, intelectuales y científicos. De ella se desprenden otras facultades y un gran número de rectores que se formaron en sus aulas. Por sus pasillos se han paseado grandes humanistas, hombres y mujeres, que han marcado el devenir de la Alma Máter. 

Retrato del doctor Manuel Uribe Ángel tomada en 1899 por Melitón Rodríguez. Foto: cortesía archivo fotográfico de la Colección de Historia del MUUA


En noviembre de 1875 circuló en la ciudad de Medellín una invitación para asistir, el día 4 del mismo mes, a la ceremonia de graduación —que era a su vez la sustentación de la tesis de grado— del primer médico investido en suelo antioqueño: el doctor Jesús María Espinoza, oriundo de Abejorral, a donde regresó luego de obtener el título y ejerció hasta el último de sus días.  

Ese mismo mes se graduaron dos médicos más: Tomás José Bernal y Julio Restrepo, y en enero de 1876 se completó el grupo de los primeros seis estudiantes que obtuvieron el título de la naciente Escuela de Medicina de la recién llamada Universidad de Antioquia: Ramón Arango, Alejandro Fernández y Francisco Velásquez.

La primera cohorte de estudiantes de medicina, que comenzó clases en febrero de 1872 —luego de la firma del decreto del 14 de diciembre de 1871, por parte de Pedro Justo Berrío, entonces presidente del Estado Soberano de Antioquia, que dio vida a la Escuela de Medicina de la UdeA—, estaba conformada por 17 jóvenes que iniciaron los cursos de anatomía, física, fisiología y patología. El menor tenía 15 años y se llamaba Daniel Uribe y el mayor, Jesús María Isaza, 22. 

«Hay unas personas muy entusiastas y emprendedoras que deciden que ese era el momento de que la región tuviera formación de médicos. Es así como comienza a gestarse en nuestra universidad la Escuela de Medicina, muy basada en la formación francesa, es decir, en el estudio de la anatomía», afirmó Carlos Alberto Palacio, decano de la Facultad de Medicina de la UdeA. 

Ese grupo de grandes humanistas que gestaron lo que hoy ya suma 150 años, entre los que se destacan los doctores Paulino Flórez Arteaga, Pedro Herrán, Andrés Posada Arango, Justiniano Montoya Ochoa, entre otros, comenzaron con muy poco, con los libros que ellos habían traído de su formación en Francia. De hecho, la primera biblioteca que tuvo la Escuela fue un baúl de libros, de diversos temas, no solo médicos, que guardaba bajo su cama el doctor Manuel Uribe Ángel, considerado el «padre de la medicina antioqueña» y el máximo exponente de ese grupo de notables. 

«Mal pudiera yo afirmar que nuestra situación a este respecto es satisfactoria. Carecemos de un anfiteatro anatómico; no tenemos pabellón quirúrgico, hay ausencia completa de bibliotecas», escribió en 1881 Uribe Ángel en su texto La medicina en Antioquia, pero también sabía que ahí estaba germinando algo importante: «Lo que hasta ahora se ha hecho en el estado de Antioquia en relación con los estudios medicinales, es bueno y es útil, es honroso y da esperanzas», concluyó.   

De la escuela francesa al modelo americano 

La transición entre el siglo XIX y el XX no fue fácil en general para el país. Una serie de guerras civiles hizo caos en las capitales y los centros educativos se convirtieron en sitios de paso para los ejércitos de la época. La UdeA no fue ajena a esos vientos y la marea política causó algunos estragos. En 1905 la Facultad de Medicina cerró sus puertas. El rector Tulio Ospina ordenó convertir la Universidad en un instituto técnico. Ese capricho duró hasta 1910, cuando reabrió sus puertas. 

Mientras todo eso sucedía, los ilustres personajes que formaban la planta docente de la Escuela escribían páginas memorables de la historia de la medicina en el departamento. En 1903 el doctor Juan Bautista Montoya y Flórez inauguró la primera sala de operaciones de la ciudad en el antiguo Hospital San Juan de Dios, casa de los alumnos que aspiraban a ser médicos

En 1901, bajo las luces de la Guerra de los Mil Días, el mismo doctor Montoya había tomado la primera radiografía en el país. El motivo de aquella primera imagen bien puede representar la turbulencia social de la primera mitad del siglo XX: una bala. 

«Presentó una hermosa radiografía de la mano de un sujeto que había recibido un balazo en el dedo anular y cuya bala se había dividido en tres fragmentos», dice el acta del 12 de abril de 1902 de la Academia de Medicina de Medellín. 

Durante la primera mitad del siglo XX, y fiel a sus inicios, la Escuela de Medicina enseñó y práctico las lecciones del modelo francés. Sus más respetados docentes y alumnos, que después de graduados viajaban a profundizar sus estudios, regresaban al país a transferir lo aprendido. 

«La práctica francesa se basaba en la denominada medicina de observación, es decir, la identificación atenta de los síntomas y la comparación de los hallazgos con observaciones similares, para que el valor y el sentido de cada síntoma se dedujeran con naturalidad», escribió el anestesiólogo y docente universitario Tiberio Álvarez Echeverri, en el libro Escuela de Medicina de la Universidad de Antioquia, ciencia y presencia en la historia: 1871 - 2016. 

A mediados del siglo XX, los avances científicos y tecnológicos aportan mayor información a los médicos y cirujanos para diagnosticar enfermedades y, a su vez, planear los tratamientos. La cantidad de información y requisitos modificó la enseñanza de la medicina. «La educación de los practicantes médicos bajo estas condiciones cambiadas impone demandas completamente diferentes con respecto al entrenamiento, tanto preliminar como profesional», dijo el médico y docente de la Facultad de Medicina, Adolfo González Rodríguez. 

El educador estadounidense Abraham Flexner, avizorando esta coyuntura, introdujo un cambio de paradigma en la enseñanza de la medicina en su país. Sin sospecharlo, el modelo flexneriano se popularizó como consecuencia de la dificultad en el acceso para libros, materiales y viajes a la capital francesa durante de la Segunda Guerra Mundial, que acabó con ese sueño romántico parisino, especialmente de médicos latinoamericanos, de profundizar sus conocimientos en Europa. La mirada giró, entonces, hacia los Estados Unidos. 

«Ignacio Vélez Escobar, un hombre muy visionario, en los años 50 del siglo pasado, cuando era decano de la Facultad, se dio cuenta de eso que estaba sucediendo en el mundo y, gracias a las Fundaciones Rockefeller y Kellogg, envió a muchos profesores a los Estados Unidos a estudiar a la Universidad de Michigan», afirmó Carlos Palacio.  

En total fueron 70 médicos especializados que constituyeron el cuerpo de los «michiganistas» —nombre utilizado por los antiguos profesores de la Facultad de Medicina, defensores de la cultura médica francesa, para referirse de manera despectiva a los docentes que regresaban de los Estados Unidos— y lograron el cambio a una medicina más científica y pragmática en Antioquia, según datos de Tiberio Álvarez, consignados en el libro Enciclopedia Inacabada: Facultad de Medicina 1871 - 2021

Fachada de la Facultad de Medicina tomada por Diego García (Digar)  en 1966. Foto: cortesía archivo fotográfico de la Colección de Historia del MUUA.

Vélez Escobar y Abad Gómez, dos hombres que marcaron época

En 1941, mientras juniniaba, un joven Héctor Abad Gómez se encuentra con su amiga Clara Glottman y aprovecha para darle la buena noticia de que había pasado el examen de admisión de la Facultad de Medicina de la UdeA. Ella, un par de meses atrás, había hablado con el decano Alonso Restrepo y le consultó si había restricciones para que una mujer presentara la prueba. «No hay prohibición alguna», contestó el directivo, sin imaginar que seis años después Clara sería la primera mujer médica graduada en el departamento. Hasta 1947 se habían titulado 486 médicos hombres. 

Para ese entonces la Escuela de Medicina ya se encontraba en su actual sede, contigua al Hospital San Vicente de Paúl, que se inauguró en 1934 con dos edificios. Fueron nombrados Manuel Uribe Ángel y Andrés Posada Arango y posteriormente declarados bienes de Interés Cultural de Carácter Nacional por el Ministerio de Cultura. En 1949 se abre el edificio central, que resuelve la necesidad de aumentar el número de estudiantes. 

Por los pasillos de la Escuela de Medicina, en la segunda mitad del siglo XX, transitaron dos personajes fundamentales en esta historia, tanto para la Facultad como para la Universidad. Gracias a la gestión de Ignacio Vélez Escobar, quien fuera decano —dejando como legado la implementación de las especialidades, siendo la primera la de Anestesiología— y luego rector de la Alma Máter, se construyó la Ciudad Universitaria.

Vélez Escobar, desde su puesto directivo en la Facultad, impulsó la creación de la Facultad de Enfermería, la Escuela Interamericana de Bibliotecología, la Facultad de Odontología, la Escuela de Microbiología, la Escuela de Nutrición y Dietética y la Escuela Nacional de Salud Pública, esta última, gracias a la gestión de Abad Gómez. 

«Héctor Abad revoluciona el quehacer médico en el país. Él viaja a California a estudiar Salud Pública y regresa al país, donde  se encuentra con una cantidad enorme de problemas en esa materia. Pensar en ese momento en prevención y promoción de la salud era una utopía», sostiene el decano Carlos Palacio. 

Todo el trabajo que realiza Abad Gómez lo hace a través de la Facultad de Medicina, es allí donde diseña y monta el Departamento de Medicina Preventiva: «Él marca un camino. Nos muestra que la salud va más allá del tratamiento meramente de la enfermedad, que se debe trabajar desde distintas disciplinas y donde están involucrados muchos sectores. Él impacta a toda Latinoamérica con la escuela de Salud Pública», dijo el directivo.

La Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia ha sido cuna de grandes personajes, que han marcado el destino del departamento, el país y la región. En la fotografía está el Dr. Ignacio Vélez Escobar exponiendo la maqueta de la Ciudad Universitaria de la UdeA a Carlos Lleras Restrepo, Presidente de la República en 1968, escena tomada por el fotógrafo Manuel Ortega. También se puede observar al médico Héctor Abad Gómez, docente de la Facultad de Medicina y gestor de la Escuela Nacional de Salud Pública, que tuvo gran impacto en Latinoamérica. Fotos: cortesía archivo fotográfico de la Colección de Historia del MUUA.

La era digital

La Escuela de Medicina de la UdeA es también un lugar de las primeras veces: se trae el primer microscopio (en 1884), se realizó la primera cesárea con feto vivo (en 1886), se trae el primer equipo de rayos X (en 1901), se inauguró la primera sala de cirugía moderna en el país (en 1903) y se hizo el primer trasplante de órgano sólido (en 1973); solo por mencionar algunas. 

A diferencia de esos estudiantes de finales del siglo XIX, en la actualidad la Facultad cuenta con modernos laboratorios y salas de simulación que permiten una formación más integral y precisa de los futuros profesionales de la salud. Estar a la vanguardia en tecnología y en el currículum ha sido uno de los hitos más importantes de finales del siglo XX y lo que ha transcurrido del XXI. 

La de Medicina ha sido una Escuela testigo de cada uno de los tiempos. «Su trayectoria ha estado marcada por aportes significativos para el avance de la ciencia, y durante estos 150 años ha sido la cuna de profesionales de la salud que han dejado en alto el nombre de la Alma Máter», afirmó Tiberio Álvarez. 

Del Hospital San Juan de Dios, donde los estudiantes, con sus corbatas y chalecos negros, hacían las prácticas de anatomía en 1871, la Facultad pasó a tener presencia en el Hospital San Vicente de Paúl, a administrar la Clínica Universitaria León XIII y a tener un Hospital Digital. En este último, «laboran 450 profesionales y servimos a todo el sistema de salud en el país. No estamos hablando de reemplazar el ejercicio presencial de la medicina, sino de una estrategia más que aporta a prestar un servicio muy importante y la pandemia nos demostró su utilidad», concluyó el decano Carlos Palacio.

Sede del Hospital Digital de la Universidad de Antioquia. Foto: Oficina de Comunicaciones de la Facultad de Medicina de la UdeA

Los actuales retos de la Facultad: 

150 años de historia implican, también, una gran responsabilidad a futuro. Los retos que tiene hoy la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia la proyectan para las futuras generaciones de profesionales de la salud. 

Actualmente están proyectando constituir una docencia en dos sitios asistenciales vitales para la región: el Hospital San Vicente Fundación y la Clínica León XIII de la IPS Universitaria. La idea es que bajo una misma dirección docente, con investigación relacionada entre las tres instituciones, impulsen el mayor centro académico asistencial del país.

Además, la aspiración es que siga siendo una importante casa de estudios de carácter público, compromiso social y responsabilidad en la formación del talento humano. En el año 2019, antes de la pandemia, la Facultad se posicionó en el ranking internacional QS como la primera en el área de medicina en el país. 

Desde el punto de vista investigativo «vamos a fortalecer la investigación internacional realizando alianzas con organizaciones e instituciones que nos permitan realizar gestión del conocimiento con formación; en esto hemos avanzado en la formación de MD y Ph. D. y residentes en formación doctoral», sostuvo el decano, Carlos Alberto Palacio. 

Y por último fortalecer el Hospital Digital de manera que sea de gran servicio al país y sea sostenible financieramente. 

Aporte social en la región

Ilustración: Carolina Gomes

 

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