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La difícil búsqueda de energías renovables

01/12/2021
Por: Carlos Olimpo Restrepo S. - Periodista

Aunque las fuentes de energía solar, eólica y de biomasa son más «limpias» que la generada por combustibles fósiles o hidroeléctricas, también presentan impactos ambientales, sociales y económicos. La Alma Máter lidera una investigación sobre alternativas de aprovechamiento de recursos renovables.

Ilustración: Carolina Gomes

El mundo aún depende demasiado de los combustibles fósiles: el 81 % de la energía eléctrica del planeta se genera en plantas alimentadas por combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), según datos de Global Power Plant Database del World Resources Institute  (WRI) hasta 2019. El escenario en Colombia es diferente: 60 % de la energía proviene de una fuente renovable convencional, las centrales hidroeléctricas; mientras el 40 % restante es de combustibles fósiles y, en menor medida, de fuentes solares o eólicas.

En ambos casos, centros de investigación, gobiernos y empresas trabajan en busca de alternativas para cumplir con el Acuerdo de París, tratado internacional que busca limitar, hacia 2050, el calentamiento global a máximo 2 °C por encima de los niveles de temperatura media globales anteriores a la Revolución Industrial, pues la generación de energía es responsable del 73 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en el planeta.

En la Universidad de Antioquia, grupos de investigación de la Facultad de Ingeniería y de la Facultad de Ciencias Económicas lideran desde hace tres años el proyecto Evaluación económico-ambiental de alternativas de aprovechamiento de recursos renovables regionales para la generación de energía eléctrica, que hace parte de la alianza Sostenibilidad Energética para Colombia —Séneca—, en el marco del programa Colombia científica, en el cual participan otros centros de educación superior del país, en un acuerdo con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Al frente del estudio se encuentra Diana Catalina Rodríguez Loaiza, profesora de la Escuela Ambiental, quien indicó que para esto se analizan proyectos medianos y pequeños de tres fuentes renovables de generación de energía: solar, eólica y biomasa.

«Lo que hemos encontrado hasta el momento es que estas fuentes de energía minimizan mucho los impactos ambientales si lo comparamos con la energía hidroeléctrica, son un poco más amigables con el ambiente, pues hay menos emisión de gases de efecto invernadero cuando se utilizan», destacó la investigadora.

Los factores que se analizan

Pero, de todas maneras, estas fuentes tienen unos impactos ambientales, sociales y económicos que deben ser analizados con detenimiento antes de hacer recomendaciones al Gobierno nacional y a las empresas del sector sobre las alternativas a impulsar en el mediano plazo.

«Estas alternativas no son de impacto cero si necesitamos generar energía suficiente que sustituya un gran proyecto hidroeléctrico; instalar paneles fotovoltaicos —tableros que “recogen” la luz del Sol— para energía solar o torres, turbinas y aspas para la eólica implica cambios en el paisaje, en el uso del suelo, en las actividades económicas», explicó Juan David Osorio Múnera, del Grupo de Investigación Microeconomía Aplicada.

El docente llamó la atención sobre las afectaciones culturales, productivas y de interacción que esto puede generar en comunidades rurales y étnicas asentadas en las zonas del país con potencial para estas energías renovables, como ha sucedido con grandes proyectos hidroeléctricos.

«En el estudio queremos incluir eso que en economía llamamos externalidades ambientales, que son decisiones que tomamos para generar el aprovechamiento de un recurso en un territorio y con esto les quitamos o reducimos la posibilidad de generar usos diferentes a las personas que habitan esos territorios», anotó.

Otro aspecto relevante del estudio es el análisis de los equipos y las infraestructuras que se requieren para la generación de energías a partir de fuentes solares, eólicas y de biomasa, desde la extracción de las materias primas que se requieren para su fabricación, hasta la disposición final cuando cumplan su vida útil.

«El proyecto hace un análisis del ciclo de vida de cada uno de estos componentes, lo cual permitirá decir si una determinada fuente de energía es viable, si se debe implementar, pero dejando claro que tiene unos impactos ambientales y, con esto, desmitificar un poco la idea de que las fuentes de energía renovables no generan impactos», sostuvo la profesora Diana Catalina Rodríguez Loaiza.

En este sentido, el profesor Osorio Múnera llamó la atención sobre lo que puede ser un aspecto a menudo ignorado por la mayoría de la sociedad. Para fabricar muchos de estos equipos y sus baterías se requiere extracción de minerales y esa minería tiene una incidencia, a veces muy fuerte, sobre los ecosistemas. «Hay que tomar unas decisiones, de qué manera vamos a realizar la extracción de minerales de una forma más sostenible, porque también tenemos ahí unos impactos».

Al establecer unos criterios y medir estos factores que afectan el entorno y las comunidades, los expertos pueden establecer cuáles son los de mayor o menor impacto, contrastan esto con la relación costo/beneficio y, de esta manera, recomendar al Gobierno y a las empresas cuáles son los proyectos de energía eléctrica más adecuados para desarrollar en determinadas zonas del país.

Y serán estos, el Ejecutivo y el sector privado, los que, con base en las conclusiones de este estudio y de los análisis puntuales, decidan a cuál de esos factores le darán más peso al momento de decidir sobre un nuevo proyecto con fuentes renovables de generación de energía.

Así va el estudio

En 2018 se firmó el proyecto entre la Universidad de Antioquia y la entonces Colciencias, hoy MinCiencias, por un plazo de 48 meses, aunque por la pandemia de covid-19 los estudios estuvieron frenados desde marzo de 2020 y apenas se están reanudando, por lo que las partes acordaron una prórroga hasta 2023.

Los investigadores han revisado por ahora la literatura existente, en su mayoría de centros de investigación y universidades de otros países donde hay centrales de generación de energía con base en fuentes naturales renovables.

Algunos de los expertos analizan proyectos en departamentos como La Guajira (energía eólica), Valle del Cauca (energía solar y de biomasa) y Córdoba (de biomasa), con participación de investigadores de instituciones de educación superior de esas y otras regiones del país.

De la UdeA participan profesionales y estudiantes de pregrado y posgrado adscritos a Grupo de Investigación Microeconomía Aplicada, Grupo de Investigación en Gestión y Modelación Ambiental, Grupo de Ingeniería y Gestión Ambiental y Grupo de Investigación Diagnóstico y Control de la Contaminación.

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