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Academia Sociedad Vida

La espiral estresante en la movilidad del Valle de Aburrá

21/07/2022
Por: Natalia Piedrahita Tamayo - Periodista

Los efectos acumulativos del ruido, el humo y los trancones que se dan en el sistema de movilidad del Valle de Aburrá generan estrés y pueden afectar la salud mental de sus habitantes. Hoy la planificación de sistemas sostenibles tiene el reto de migrar al enfoque de una ciudad saludable.

Fotografía: Dirección de Comunicaciones UdeA / Alejandra Uribe Fernández. 

Los traslados cotidianos por la ciudad, bien sea en transporte público o particular, bicicleta o a pie, conllevan serios riesgos y afectaciones a la salud de los habitantes de Medellín. Además de los accidentes de tránsito, también el caos vehicular, el ruido y la contaminación pueden desencadenar episodios de estrés, ansiedad y pánico.

Los llamados «tacos», el humo de los automóviles y la preocupación por no llegar oportunamente al lugar de destino tienen algo en común: desencadenan reacciones de ansiedad en conductores, sumado a las conductas inapropiadas o de riesgo por parte de peatones, ciclistas y motociclistas, las cosas suelen terminar en una espiral de riesgo. «Las horas pico en el Área Metropolitana son un desborde de estrés. Si se monta en Metro, por lo general la gente no cabe en los vagones; si vas en carro —taxi, bus o particular—, los pitos, el humo y la posibilidad de accidentes y retrasos generan ansiedad; si eres transeúnte o vas en bicicleta, además de los anteriores, estás expuesto a recibir de manera más directa la contaminación del aire —ver recuadro—, auditiva y visual», comentó Omar Alonso Urán Arenas, sociólogo e investigador en planeación urbana y regional.

Se cree que los sistemas de transportes motorizados son positivos porque optimizan la circulación de transeúntes y facilitan el acceso al ciudadano, sin embargo, estos no mejoran la calidad de los individuos ni protegen el entorno medioambiental. Muchos de ellos derivan en efectos acumulativos asociados a las urbes.

El ruido es un gran desencadenante. Mientras en la mayoría de las ciudades del mundo se tienen políticas claras que lo sancionan, en Colombia la normativa —Resolución 8321 del 4 de agosto de 1983— es continuamente irrespetada, desencadenando diferentes afecciones psicológicas y problemas emocionales, como dolores de cabeza, aburrición o sensaciones de cansancio.

«Tenemos políticas blandas, se dan multas para algunos casos de ruido, aunque en general no se aplican». Pero, no se trata solo de multas, «fuera de campañas pedagógicas que comuniquen el derecho del otro a la tranquilidad y el descanso, se precisa de registros personalizados que permitan individualizar a quienes atenten más contra la salud», opinó el también docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas.

A través de las ocho estaciones del Sistema de Alarma Temprana —Siata—, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá monitorea el ruido de las áreas de influencia comercial y gran flujo vehicular. El último informe —2018— de dichas mediciones reportó que el 9.1 % de los habitantes de esta región padecen los efectos de la contaminación auditiva, que oscilan entre hipertensión, estrés y hasta pérdida de la audición.

«Los vehículos motorizados, además, tienen un efecto en la contaminación del aire por el material particulado que desprenden y por otras emisiones de la combustión. La obsolescencia de los vehículos es uno de los principales factores que incide en la mala combustión del combustible, independientemente de la calidad de este», complementó Gustavo Alonso Cabrera Arana, líder del Grupo Gestión de Políticas en Salud de la Facultad Nacional de Salud Pública de la UdeA.

Su experiencia como investigador de la línea de seguridad vial del Valle de Aburrá le ha mostrado que los retrasos causados por la congestión, el humo que se desprende de buses, taxis, carros particulares y motos provoca sensaciones de fatiga y ansiedad. De hecho, se ha planteado descongestionar la ciudad como una solución para mejorar el medio ambiente: «Los planes de ordenamiento han querido que la gente se quede en el centro de las ciudades y lo que está haciendo el caos vehicular en Medellín es lo contrario: se quieren ir a la periferia, vivir fuera de la ciudad», expresó Omar Alonso Urán Arenas, docente e investigador en Planeación y Sociología Urbana de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquia.

Desde su perspectiva, los principales factores asociados al estrés de quienes transitan el Valle de Aburrá en bicicleta son la falta de continuidad en las ciclorrutas y las malas conductas de motociclistas y conductores: «Mientras que la experiencia del viaje en transporte público se ha vuelto traumática para muchos, dado el hacinamiento en buses o en los vagones del metro, la experiencia de movilizarse en un vehículo particular igual se ha vuelto estresante, no solo por la congestión y los mayores tiempos que toman los desplazamientos, sino también por el aumento de la accidentalidad debido a la imprudencia de muchos motociclistas y el estrechamiento de las vías en casi toda la ciudad por el uso indebido de las calles como parqueadero y sitio de trabajo».

Una estrategia de ecociudad

¿Cómo conciliar el transporte masivo con la idea de un espacio público verde y de calidad? En el área metropolitana se han dado apuestas como Parques del Río y el Metro de Medellín, que instauraron además sistemas complementarios como el metroplús, el tranvía de la zona oriental, los cables a las laderas de la ciudad y el Sistema Público de Bicicletas —Encicla—, aportando modernización del sistema vial y sanidad ambiental.

El metro de la 80 es una de las apuestas que enlaza hoy a la ciudad y sus municipios circundantes con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible —con los cuales la Organización de las Naciones Unidas ha trazado la agenda global para que el mundo sea un lugar sano y habitable—, ya que evitará la emisión de 5 millones de toneladas de CO2 por año. Además, el Plan de Desarrollo Medellín 2020-2023 proyecta una Ecociudad con la transformación de sus buses, con uso de tarjetas para ingresar y dejar el sistema, y paraderos inteligentes con señalizaciones, mapas y conteos de tiempo.

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