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​​​​​​​Transhumanismo

26/07/2021
Por: Eufrasio Guzmán Mesa, profesor Instituto de Filosofía UdeA

«... el transhumanismo es una ideología perversa que pretende meter gato por liebre y engañar a la población con la seducción de la innovación y la tecnología sin ser otra cosa que la presentación edulcorada de la crueldad y el terror para controlar a la humanidad y destruir las pocas libertades que nos quedan...»

Este movimiento ideológico es una nueva versión del titanismo de los tiempos arcaicos. Ícaro o Prometeo reunidos, recubiertos de la tecnología que los hace poderosos y desafiantes, tal como la imaginería de Hollywood los presenta en la larga lista de superhéroes y transformers que fascinan por un siglo a las mentes de un mundo infantilizado.

Para empezar a comprender lo titánico hay que señalar que “representa un aspecto muy importante y aún no plenamente explorado de la naturaleza humana”[1]. Al parecer nunca hubo un culto a los Titanes. El período titánico puede observarse como de transición entre el hombre aún no dotado de una imaginería antropomórfica y el hombre que posee en su cultura y en su psiquismo elementos antropomórficos. Aunque esta estructura no haya sido todavía convenientemente estudiada por la psicología en general y en particular por el enfoque arquetipal, es importante reconocer este nivel de nuestra naturaleza humana, en este orden de ideas “todos debemos tener, implícitamente, un nivel titánico en la psique.” A lo cual deberemos agregar que existen procesos de individuación y personalidades en las cuales lo titánico parece funcionar como estructura predominante.

Los titanes corresponden, según Nilsson, al tiempo mitológico de Cronos, un tiempo previo a la guerra de Zeus contra sus progenitores titánicos. La era de Zeus vino acompañada de una diferenciación de imágenes expresada en un orden nuevo, un ritual diferente y un antropomorfismo con una imaginería de diosas y diosas diferenciados y de otra consistencia no monstruosa sino cercana a nuestra inmediata corporeidad. Y los griegos nos han educado -son palabras de Nilsson- según un antropomorfismo al cual le precede el oscurantismo del fin de la cultura micénica.

La franja titánica de nuestro psiquismo puede ser reconocida estudiando lo que los mitólogos y poetas nos muestran de su propia cosecha, en palabras de Kerényi: “El nombre de Titán, desde los tiempos más remotos, ha sido profundamente asociado con la divinidad del Sol, y parece haber sido originalmente un título supremo de seres que, en efecto eran dioses celestiales, pero dioses de hace mucho tiempo, aún salvajes y no sujetos a ley alguna”[2]. Para la psicología de los titanes no hay leyes, no hay orden, no hay límites. Yo agregaría que el titanismo sí adopta leyes, pero para hiperbolizarlas, para destruirlas con su exceso. En el psiquismo adolescente se hacen visibles muchos elementos titánicos, incluido este que acabo de mencionar: si el adolescente adopta leyes se relaciona con ellas de una manera hipermoral y excesiva.

Y a ello podemos entonces agregar que el viaje del Puer deja ver su propio exceso, su carencia de límites, su aparente caos, una cierta barbarie y su destructividad tan propia. Y quiero llamar la atención, aunque no es mi objeto, sobre la estrecha relación que la psicología junguiana encuentra en el legado órfico donde se hace visible una conexión entre los Titanes y la maldad presente en la naturaleza humana.[3] Esta conexión entre titanismo y maldad no puede hacerse de manera ahistórica, el psiquismo humano tiene su historia, su ontogenia. Primero fue el caos, lo monstruoso del horror oscuro y sin sentido, luego fueron los Titanes, a continuación, vinieron los dioses antropomórficos para concluir en el intento inacabado por adoptar el monoteísmo como camino para la humanidad.

El transhumanismo es la propuesta de hacer del homo sapiens un homo deus, una súper creatura y contiene la propuesta de una creación mitad humana mitad tecnológica que aspira a la longevidad proveniente de la biotecnología y la manipulación genética que resume lo mejor de los logros de la inteligencia artificial y la robótica y en resumen es la expresión de tecnologías convergentes. El transhumanismo no solo es enemigo del cristianismo y de todo igualitarismo, es el mayor peligro para la humanidad, al decir de Fukuyama. Se trata de imponer desde el estado oculto una imagen adecuada para las creaturas propia del Gran Reinicio; una refundación de la humanidad que desarrolla nuevos seres resultados de la fusión de los sistemas biológicos, tecnológicos en el horizonte de la digitalización.

Estamos frente a la ideología que entraña también un movimiento cultural y político para mejorar el ser y alcanzar el máximo desarrollo de entidades que han dejado o dejarán de ser homo sapiens para ser homo deus, para utilizar los términos que contrapone Harari. La súper longevidad que proviene de la riqueza que podrá o puede ya comprar los mayores y mejores desarrollos de las ciencias de la salud y la innovación tecnológica, implementa una súper inteligencia que ha asimilado todo el desarrollo de la cibernética y tiene a la mano un súper bienestar y hace realidad el imperativo hedonista. Producto de la cuarta revolución industrial será impuesto a los estados del planeta que ya solo serán ejecutores.

Este movimiento ideológico pretende superar el humanismo. El humanismo es un movimiento cultural que emprendió, en los siglos XIV y XV, la recuperación de la cultura clásica comprendida como portadora de un valor en sí misma y constituyó una reacción ante las formas escolásticas y medievales que dominaron la cultura europea por más de diez siglos. Se reconoce y en ocasiones se identifica el humanismo con en el esfuerzo presente en el Renacimiento por sentar las bases de la filología moderna y el redescubrimiento de la importancia de los estudios que artistas, naturalistas y filósofos griegos y romanos adelantaron.

El humanismo clásico es un retomar los ideales y direcciones de lo que fue a su vez el humanismo antiguo que bien se resume en la conocida expresión de Protágoras del hombre como medida de todas las cosas. Ese humanismo, propio del imperialismo de Pericles, se fundó en un florecimiento de las artes, las ciencias, la filosofía y el reconocimiento del valor del intelecto unido siempre a una sensibilidad estética amplia, plural y definida. Se trata de una suerte de unión indisoluble entre el poder de la sabiduría y la técnica con el valor de la sensibilidad estética propia de la elocuencia y en una clara sintonía con las ideas de armonía, equilibrio y sentido de la dignidad del ser humano. A lo opuesto se refería el mundo antiguo como hybris o desmesura, monstruosidad, deformidad, mezcla incierta, fuerza bruta sin forma. Se alejan igualmente del ideal antiguo del humanismo la fuerza informe de lo titánico, lo bárbaro.

El transhumanismo entraña esa hybris remasterizada inherente a la fusión de los sistemas biológicos, físicos, tecnológicos y digitales promovidos como una política pública global y real y que considera además al ser humano como una suerte de plaga que ha introducido daños irreversibles a los ecosistemas y a la tierra en general.

Hay que reconfigurar y redefinir lo humano desde el control de la tecnología, de los conocimientos científicos para proceder a dar y quitar vida. Y todo esto se lo hace no como una conspiración secreta sino como la coordinación de unas medidas que anulan las libertades y la autonomía y producen discriminación apoyándose en la ignorancia y la ingenuidad de todos.

La ingenuidad no permite diferenciar lo bueno de lo que se pierde con la tecnología y el transhumanismo es una ideología perversa que pretende meter gato por liebre y engañar a la población con la seducción de la innovación y la tecnología sin ser otra cosa que la presentación edulcorada de la crueldad y el terror para controlar a la humanidad y destruir las pocas libertades que nos quedan.


[1] López-Pedraza, Rafael. “Locura lunar-amor titánico” en Ansiedad cultural. Caracas, Psicología arquetipal S:R:L: 1987 p 15

[2] Kerényi, Karl. Prometheus: Archetipal Image of Humane Existence. Londres, Thames and Hudson, 1963. cit por López-Pedraza, p. 31

[3] Al respecto nos recuerda López-Pedraza: “La psique no aprende del exceso titánico. En este sentido, debemos establecer una clara distinción entre el sufrimiento, la humillación, el dolor y las heridas de la psique -a partir de los cuales se nos da el aprendizaje psíquico, el conocimiento y el hacerse del alma o la iniciación del alma- y el sufrimiento repetitivo de los Titanes: ese tedio cotidiano nauseabundo del nivel existencia de la vida; pero aunque la psique no aprenda nada de eso debe tenerlo en cuenta, debe ser lo mas posible consciente de su existencia. López-Pedraza, op,cit. P 23


Notas:

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