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Opinión

Los réditos económicos de matar de hambre

22/08/2025
Por: Maria Teresa Quintero Morales. Profesora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la UdeA.

«También la agroindustria en Israel ha prosperado gracias al extractivismo y la apropiación de tierras, produciendo bienes y tecnologías que sirven a los intereses israelíes, expandiendo el dominio del mercado y atrayendo inversión global, mientras destruye los sistemas alimentarios palestinos y acelera el desplazamiento. Miles de olivos, cabras y otros productos alimenticios de los cuales dependía el sustento y el alimento de la población palestina —ya con dificultades— ha sido quemada, talada, bombardeada o robada».

¿Por qué no paran las guerras?, y en particular: ¿por qué no para un genocidio? Las respuestas a estas preguntas pueden ser extremadamente complejas, pero también dolorosamente simples… y profundamente aberrantes.

En el genocidio de Ruanda entre 1990 y 1994 los principales beneficiarios fueron los vendedores de armas de diferentes países: Francia, China, Egipto, entre otros. Muchos de estos países sabían —como se probó luego— que esas armas estaban destinadas a ser usadas en civiles; aun así, se cerraron los negocios (2). Recientemente hemos visto cómo se han disparado las acciones de las diferentes empresas que le venden armas a Europa para ser entregadas a Ucrania en la guerra con Rusia. Así que, los primeros beneficiados con una guerra son claramente, quienes producen y venden el armamento necesario para sostenerla.

Pero no son los únicos. Existen otros mercados que prosperan gracias a los conflictos armados y, de manera particularmente brutal, gracias al genocidio palestino.

Con los avances tecnológicos recientes, el negocio de la vigilancia y el control poblacional se ha convertido en un campo de experimentación rentable. Desde el apartheid en Palestina, la recopilación masiva de datos, el uso de circuitos cerrados de televisión, sistemas de vigilancia biométrica y puestos de control con tecnología avanzada se han ensayado en un territorio ocupado donde los derechos humanos son sistemáticamente negados. Palestina se convierte así en un «laboratorio» para la industria de la seguridad, que luego exporta estas tecnologías al resto del mundo. Aquí están teniendo un papel protagónico empresas como Microsoft, Amazon, Elibit e incluso, Spotify que recientemente destinó un recurso importante para el desarrollo de investigación en este tipo de tecnologías.

Desde el punto de vista de la alimentación, el hambre también se convierte en un negocio. La empresa nacional de agua de Israel, Mekorot, tiene el monopolio del agua en el territorio palestino ocupado y obliga a los palestinos a comprar agua a precios inflados y con suministro intermitente. A ello se suma la destrucción deliberada de acuíferos y plantas desalinizadoras mediante bombardeos, dejando a Gaza sin agua el 95 % del tiempo en algunas zonas y completamente sin agua en otras. El agua se transforma así en un arma genocida.

También la agroindustria en Israel ha prosperado gracias al extractivismo y la apropiación de tierras, produciendo bienes y tecnologías que sirven a los intereses israelíes, expandiendo el dominio del mercado y atrayendo inversión global, mientras destruye los sistemas alimentarios palestinos y acelera el desplazamiento. Miles de olivos, cabras y otros productos alimenticios de los cuales dependía el sustento y el alimento de la población palestina —ya con dificultades— ha sido quemada, talada, bombardeada o robada y en los espacios «vacíos» se instalan nuevos colonos.

Tnuva, conglomerado alimentario de Israel, ahora con inversión mayoritaria de la empresa china Bright Food (Group) Co., Ltd., ha impulsado y se ha beneficiado de la desposesión de tierras. El presidente de Tnuva reconoció que «la agricultura... en general y la ganadería lechera en particular son un recurso estratégico y un pilar importante en la empresa de los asentamientos». La dependencia palestina de la industria láctea israelí ha aumentado un 160 % en la década posterior a la destrucción causada por Israel a la industria láctea de Gaza en 2014, lo que supone unas pérdidas estimadas para el sector de 43 millones de dólares. Tnuva ha absorbido la pérdida del mercado de Gaza, sin contar su considerable influencia para intervenir en la situación.

Netafim, líder mundial en tecnología de riego por goteo, ahora propiedad en un 80 % de la empresa mexicana Orbia Advance Corporation, ha diseñado su tecnología agrícola en consonancia con los imperativos de expansión de Israel. Mientras mantiene una imagen global de sostenibilidad, la tecnología de Netafim ha permitido la explotación intensiva del agua y la tierra en Cisjordania, agotando aún más los recursos naturales palestinos, al tiempo que se perfecciona gracias a la colaboración con empresas israelíes de tecnología militar. En el valle del Jordán, los sistemas de riego asistidos por Netafim han facilitado la expansión de los cultivos israelíes, mientras que los agricultores palestinos, a quienes se les niega el agua y con un 93 % de tierras sin regar —se ven expulsados, incapaces de competir con la producción israelí. Además, estas técnicas de riego amenazan con agotar el río Jordán y el mar Muerto.

Empresas como Tnuva y Netafim siguen generando seguridad alimentaria para los israelíes, mientras que el sistema alimentario al que pertenecen provoca inseguridad alimentaria, e incluso hambruna, para otros. Netafim se autoproclama un innovador sostenible, a la vez que perfecciona técnicas ancestrales de explotación colonial.

Encontramos entonces que matar de hambre resulta económicamente rentable para muchos actores estatales y corporativos. El genocidio en Palestina puede ser un ejemplo claro de cómo el egoísmo racional explica la parálisis internacional: aunque los Estados saben que ocurre un genocidio, cada uno prioriza su interés propio por encima de principios universales y, por lo tanto, mantener o al menos ignorar la situación, resulta más beneficioso que detenerla.

Posdata: de acuerdo con el Ministerio de Salud de Gaza, entre tres y siete personas —incluyendo niños— están muriendo diariamente de hambre en la franja.

Referencias

1. Este artículo utiliza datos del informe de la relatora especial para los territorios palestinos ocupados: United Nations Human Rights Council. (2025, junio 30). «From economy of occupation to economy of genocide» —Informe del Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967, A/HRC/59/23 (versión preliminar)—

2. Romero García, E. R. (2009). El papel de la Organización de las Naciones Unidas - ONU ante el Genocidio de Ruanda de 1990-1994 [Monografía de grado, Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario]. Repositorio Institucional Universidad del Rosario. Ver.

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Notas:

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