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La Universidad de Antioquia participará en la expedición Antártica 2022

29/09/2021
Por: Natalia Piedrahita Tamayo- Periodista

Idalyd Fonseca González y Mario Londoño Mesa, investigadores del grupo LimnoBasE y Biotamar de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, viajarán a la Península Antártica a comienzos de 2022, para estudiar los efectos del cambio climático sobre el microbioma de los poliquetos o gusanos marinos.

Base Antártica de Chile. Fotografía: cortesía Mario Londoño Mesa.  

La observación de la relación entre el cambio climático y el microbioma -bacterias y virus- asociado a los poliquetos — gusanos biodiversos y uno de los invertebrados más abundantes y extendidos, en su mayoría especies marinas—, da pistas sobre cómo el calentamiento del océano afecta su fisiología. «Cada ser vivo incluye y está rodeado por una diversidad enorme de microorganismos, que establecen con ellos relaciones biológicas desfavorables o favorables. Queremos ver cómo el cambio climático modela la biología de estos organismos. Qué pasa con estos 'bacterias y virus' que están en simbiosis con los poliquetos», puntualizó Idalyd Fonseca González, microbióloga, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales

El viaje se hará puntualmente a la isla Rey Jorge, la mayor de las islas ubicada en el archipiélago de Shetland del Sur, donde se encuentra la base científica del Instituto Antártico Chileno Profesor Julio Escudero. Gracias a la relación de los investigadores y la Comisión Colombiana del Océano, esta base ha sido la sede investigativa de este y otros proyectos.

Los investigadores permanecerán allí durante tres semanas, en febrero de 2022, sin contar el tiempo de desplazamiento. «Estudiaremos los efectos del cambio climático sobre algunos organismos de la Antártica, en esa zona en la que suceden descongelamientos y desprendimientos de témpanos, que nos permiten ver musgos y líquenes cuando las montañas se desnudan. Es un lugar muy sensible al cambio climático», explicó Mario Londoño Mesa, biólogo e investigador antártico cuyo trabajo está ligado a la vida de los poliquetos o gusanos marinos.

La Antártica era un ambiente muy estable, sin cambios estacionales o de temperatura abruptos, pero ahora con el cambio climático reúne las condiciones ideales para observar cómo el calentamiento del océano afecta los ecosistemas y altera las cadenas tróficas, ya que, cuando una especie desaparece, se altera todo un hábitat.

Allí el agua de mar está a 3 °C, con hielos de agua dulce congelada. El tránsito se puede hacer desde Punta Arenas, Chile, en aviones Hércules C130 o en el buque colombiano ARC 20 de Julio (PZE46), cuyo acondicionamiento y condiciones internas están dadas para que los motores, casco y camarotes protejan del frío.

Las expediciones de Colombia en la Antártica comenzaron en el verano austral 2014-2015. El profesor Mario Londoño Mesa estuvo en la segunda y en la tercera, y la profesora Idalyd Fonseca González en la tercera. Por parte del Alma Mater también han sido expedicionarios antárticos Mónica Zambrano, Lizette Quan Young, Jean Paul Delgado y el artista Santiago Vélez. Esta será la octava expedición científica de Colombia en este territorio. 

Preparación previa

Entrenamiento del curso pre antártico. Fotografía: cortesía L.Soto.  

Durante una semana ambos docentes se dieron al aprendizaje de cómo sobrevivir en el frío a través del curso pre-antártico y con miras a la expedición científica que los llevará, en febrero de 2022, al mayor laboratorio científico de la Tierra: la Antártica. Para esta época, el hemisferio sur de la Tierra estará en verano, por lo cual la temperatura en la Península Antártica oscilará entre -6 y 3 ºC en un día asoleado, pero hasta -20 ºC en condiciones extremas, y por ello, tendrán que seguir una serie de protocolos para que su expedición sea exitosa.

El curso pre-antártico es un compendio teórico y práctico: «Todo se trata de cómo sobrevivir en el mar y en el hielo. Realizamos simulaciones, en piscina y en mar, sin agua, sin comida y al sol, sobre cómo reaccionar si hay un naufragio, y aprendiendo ejercicios de cómo mantenerse a flote. También se abordaron cuestiones sobre cuándo y cómo saltar de un buque, el correcto uso de chalecos salvavidas, cómo se infla una balsa, qué hay en ella, cuáles son los dispositivos de visualización en la noche: bengalas, silbatos», detalló Idalyd Fonseca González, quien emprende esta misión por segunda vez, en representación del Programa de Investigación Antártica, Universidad de Antioquia.

La parte teórica del curso incluyó, además, temas como la aplicación de primeros auxilios ante temperaturas extremas, el uso de un sistema de vestuario en capas para protegerse del frío y las quemaduras de sol y geolocalización.

Investigadores, embajadores de la cooperación

Fotografía: cortesía Mario Londoño Mesa.  

Para la supervivencia en Antártica hay unos parámetros que deben cumplir todas las personas que visiten el territorio. «Nos vestimos por capas para protegernos del frío», aseguró Londoño Mesa y narró cómo es el uso de la ropa térmica para frío extremo: «Hay una primera prenda de licra que recubre todo el cuerpo. La segunda capa es ropa cómoda que no sea de algodón porque éste tiene afinidad con el agua. La tercera es una chaqueta impermeable; se utiliza lana o poliéster, para que el agua de la nieve, en caso de entrar, no se adhiera a uno. La cuarta capa es un traje antiexposición para cuando llueve mucho o cuando se viaja en lancha éste permita que se pueda pasar una hora —en caso de caer en el mar— antes de ser rescatado».

Los protocolos de bioseguridad son, además, reforzados a partir de la logística, mediante calefacción y vigilancia continua ya que, si el clima es agresivo, los investigadores no pueden salir de la base científica. Su agradecimiento con la base científica de Chile es inmenso porque no solo se trata de la estadía, sino también del uso de laboratorios, reactivos, materiales y equipos, esto es, la infraestructura para hacer experimentos, puesto que la mayoría de los equipos, materiales y no reactivos no pueden ser llevados.

Ambos investigadores coinciden en que, más allá de lo exótico y lo mágico del paisaje antártico, la forma de relacionarse con otros investigadores en ese territorio constituye una experiencia de altruismo y cooperación: «allí se borran las competencias y rencillas que a veces son comunes en la investigación académica y se da un gran nivel de ayuda y colaboración entre países, como si se eliminaran las fronteras de cualquier tipo. Se puede discutir con científicos de otros países, pues cada uno llega con sus ideas y alienta las de los otros; siempre hay alguien dispuesto a ayudarte a conseguir lo que requieras. Los nexos y la cooperación entre países son impresionantes», declaró Fonseca González, quien opinó que la Antártica, como territorio de nadie y a la vez de todos, es un mapa de paz y armonía, de humanización de la investigación.

El capitán Juan Camilo Forero Hauzeur, director del programa Antártico Colombiano destacó la participación de ambos investigadores en esta comisión y su permanente compromiso con la publicación y divulgación de los resultados derivados en las expediciones: «se destaca el  importante rol que desempeña esta comunidad científica y académica, involucrando e incentivando a las futuras generaciones en la investigación científica polar y la importancia que ésta tiene con Colombia. También en la revisión de propuestas de investigación, como pares académicos y en seminarios y charlas de eventos a nivel nacional e internacional»

El Programa Antártico Colombiano de la Comisión Colombiana del Océano -CCO- se enmarca con la Agenda Científica Antártica de Colombia 2014-2035 a través de la cual se estipula que, al llegar a la décima expedición, Colombia sea un país consultivo, es decir, que tenga voz y voto en las decisiones que se dan en este continente. En este momento solo tiene voz. De lograrse este objetivo, podría coincidir con la creación de una base propia para investigación en este territorio.

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