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El maestro de la libertad farmacológica

24/11/2021
Por: Adrián Restrepo Parra, profesor Instituto de Estudios Políticos UdeA

«... Una política de guerra contra todos los actores relacionados con la cadena de cultivo, producción, distribución y consumo con el propósito de un mundo libre de drogas, como lo declaró la convención antidroga de 1961...»

Quienes estudiamos el llamado problema de las drogas tenemos como un referente necesario de consulta la monumental obra "Historia general de las drogas". Antonio Escohotado, como él mismo lo señaló, logró reconocimiento internacional por esa ardua investigación histórica y política que consignó en más de mil páginas. Traducida a los principales idiomas, la investigación de Escohotado nos revela la larga relación que la humanidad ha tenido con las drogas y los distintos mecanismos de control que cada sociedad ha implementado para regular sus usos.

El mayor mérito de este español no radica solamente en la meticulosidad y rigurosidad con la cual reconstruyó la historia de la relación de los humanos con las drogas, sino especialmente en la perspectiva crítica con la cual desarrolló la reflexión: indicó que el surgimiento de un régimen internacional de fiscalización de drogas es equiparable a una cruzada moral similar a la desatada por la Inquisición para acabar con las brujas.

Esa afirmación la analizó a fondo en la conferencia que dictó en 2014 en la Universidad de Antioquia denominada “Por qué todas las cruzadas fallan. La prohibición como ejemplo”. En el teatro universitario Camilo Torres nos recordó, con su erudición y carisma, que las cruzadas simplifican asuntos complejos al reducirlos a los bandos del bien y el mal. Por esta vía, los cruzados imponen la tiranía del deseo sobre la inteligencia porque, contra toda evidencia, quieren mejorar a la especie humana, salvarla de un mal absoluto.

Un espíritu salvador que termina implementando un proyecto eugenésico que por su propio carácter produce un genocidio, el exterminio sistemático de un grupo poblacional. Tal resultado de las cruzadas le permitió afirmar que “el remedio agrava la enfermedad”, tal como pasa con la cruzada farmacológica. Por “salvar” a los jóvenes del consumo de drogas termina por crear una nefasta guerra, valga la redundancia. El número de consumidores que mueren anualmente por la llamada sobredosis es un número menor respecto al número de muertos, heridos, desplazados, encarcelados y multados que deja -entre sus distintos impactos- la guerra contra las drogas.

Una política de guerra contra todos los actores relacionados con la cadena de cultivo, producción, distribución y consumo con el propósito de un mundo libre de drogas, como lo declaró la convención antidroga de 1961. Estrategia violenta que, contra sus objetivos declarados, año tras año presenta pésimos resultados: los cultivos se mantienen o amplían, el precio de las drogas sigue estable, los consumidores aumentan, los tipos de drogas se diversifican y los comerciantes fortalecen sus estructuras criminales.

Entre más profundizan los Estados la prohibición, más se fortalece el narcotráfico, al punto que capo capturado capo reemplazado, como lo hemos visto en Colombia desde la caída de Pablo Escobar. Tendencia reafirmada por la reciente captura de Otoniel, el jefe del Cartel del Golfo de Urabá. Al día siguiente del boom mediático por su captura, los mismos medios y la policía señalaban que la prioridad era capturar al nuevo capo del Golfo, Chiquito malo.

Por eso, la vehemencia con la cual Escohotado denunciaba que “la criminalidad salvaje y organizada, la corrupción de los Estados, con sus policías y ejércitos, son una consecuencia directa de la prohibición”. Esta postura de Escohotado va en contracorriente de la idea de que primero fueron los narcos y después la política de la prohibición. Con los datos históricos, nuestro pensador español invierte la afirmación para demostrar que es la política de la prohibición y su estrategia de guerra la que crea el problema del narcotráfico.

Con esta mirada sobre las drogas, Antonio Escohotado invita a la ciudadanía a “oponer a la barbarie el conocimiento y a la tiranía la autonomía”, la información y el conocimiento como elemento central para que el individuo tenga la capacidad de elegir, poder ser libre. Ciudadanos con el derecho para obrar autónomamente, para definir qué introducir en el propio cuerpo. Un defensor y promotor de la libertad que este domingo 21 de noviembre, a sus 80 años cerró para siempre sus ojos en su amada isla Ibiza. Buen viaje, admirado psiconauta.

El maestro de la libertad farmacológica partió dejando esparcida su semilla por el globo, esperemos que los frutos sigan apareciendo como está pasando en distintas latitudes en las cuales han comprendido que el problema no son las drogas sino nuestra política de anti relación con ellas basados en la ignorancia y el miedo. Dos elementos que siguen en boga en la agenda de distintos políticos colombianos interesados en mantener su poder y con él una guerra que posterga la consolidación de la paz en el país.  

Este texto fue publicado en La Silla Vacía el martes 23 de noviembre de 2021


Notas:

1. Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

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