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Sociedad Vida

Interdependencia global, un factor de peso en la comida

20/04/2022
Por: Carlos Olimpo Restrepo S.

Se puede afirmar que hoy ningún país depende solo de su producción interna para satisfacer las necesidades de sus habitantes y los alimentos son unos de los que más inciden en la vida de las personas. Hay alternativas para reducir la dependencia, pero suprimir las importaciones es irreal.

El Bajo Cauca es una de las zonas propicias del país para avanzar en la tecnificación de la agricultura, lo cual permite mayores volúmenes de producción. Foto: Cortesía Gobernación de Antioquia. 

A comienzos de 2020, una tonelada de maíz importada desde Estados Unidos costaba en Colombia alrededor de 825 000 pesos, para noviembre de 2021 ya estaba en 1 620 000 pesos, a mediados de marzo de 2022 rondaba los 1 870 000 pesos y la perspectiva es que, a mediano y largo plazo, se mantenga la tendencia alcista.

Las cifras sobre uno de los principales productos de la canasta básica de los colombianos —y de buena parte del mundo— las entregó el profesor Luis Alberto Gallego Castro, jefe del Departamento de Haciendas de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Antioquia, al analizar la situación del país respecto a seguridad y soberanía alimentaria.

«Colombia importa la mayoría del maíz desde Estados Unidos, según la época del año se importa entre el 85 y el 90 %. Cuando empezó la pandemia, con todos los temores sobre la carestía y escasez, más las dificultades para mover productos de un país a otro por el cierre de fronteras, China compró, de manera anticipada, casi el 40 % de la producción de maíz de Estados Unidos, lo cual generó una presión alcista tremenda», anotó.

El docente, experto en nutrición animal, explicó que la mayoría de ese grano se destina a la elaboración de alimentos concentrados para aves, cerdos y otras especies, por lo cual los precios de productos como carne, huevos y lácteos, además del maíz, también han presentado un gran incremento en los dos últimos años.

Mauricio López González, coordinador del Grupo de Macroeconomía Aplicada de la Facultad de Ciencias Económicas de la UdeA, coincidió con esta apreciación y afirmó que «entre los factores externos también se incluyen la escasez de contenedores, la recuperación lenta de la economía mundial después de la pandemia y mercancías o productos primarios que han incrementado sus precios», como se explica en el artículo «¿Por qué sube el precio de los alimentos?», incluido en esta edición. 

Pero el profesor también llamó la atención sobre factores internos. «Parece que hay procesos especulativos: después del paro nacional, sin mucho fundamento, muchas cosas han aumentado y siguen subiendo. Al preguntarse cuál puede ser exactamente la razón, encuentra uno que pueden ser los canales de distribución. También tenemos una tasa de cambio alta, que implica que lo importado puede ser más caro, y una inflación igualmente alta, lo cual conlleva a que en el periodo siguiente todos los precios aumenten: las multas de tránsito, los costos del transporte, los salarios, y esto hace que el costo de vida, en especial los alimentos, suban».
 

Propuestas


En Colombia hay importantes áreas planas que se pueden aprovechar para una mayor y más tecnificada producción agrícola. Foto Julián Londoño

El profesor López González también destacó que el conflicto Rusia-Ucrania tendrá incidencia en el precio de los alimentos en Colombia en los próximos meses, por lo cual hizo unas recomendaciones para las personas. «La comunidad puede adoptar medidas, como buscar sustitutos, si el producto lo permite. Como sociedad podemos organizarnos para consumir productos locales, en los mercados campesinos hay productos agrícolas más baratos porque se ahorra el costo de los intermediarios que los venden».

Un informe de Greenpeace de 2021, que cita fuentes del Gobierno colombiano y de organismos internacionales, señaló que «se conocen 400 especies de plantas nativas comestibles en Colombia, y el 10 % de la biodiversidad del mundo está albergada en nuestro país», por lo cual propuso fortalecer la producción local ante la vulnerabilidad evidenciada durante los dos últimos años y plantea crear o fortalecer políticas agropecuarias para tal fin.

En este sentido, Gallego Castro destacó que «el nivel de tecnificación del campo colombiano, y particularmente lo que tiene que ver con cereales, es muy bajo, en comparación con otros países donde hay grandes áreas de llanura. Aquí gran parte de los cultivos son de tipo campesino, en laderas, donde casi todo es manual, con el agravante de que no tenemos vías para sacar esos productos». 

Pero, señaló que «hay unas regiones donde existen unas condiciones mejores para alcanzar ese nivel de tecnificación, como en los Llanos Orientales, algunas partes de los valles de los ríos Magdalena, Cauca y Sinú, que podrían ser zonas estratégicas para pensar en cultivo de cereales a gran escala y con alto nivel de tecnificación, con lo cual se puede reducir la dependencia de las importaciones».  

Esto, según el docente, debe estar acompañado de «políticas reales que direccionen hacia ese punto políticas de capacitación y acompañamiento, no paternalistas de ir a regalar insumos, sino que hay que desarrollar la tecnología para que los productores puedan sacar unos volúmenes bien altos y para que ese abastecimiento sea más o menos constante».

Otra acción debe ser la revisión de los modelos económicos construidos sobre la base de tratados de libre comercio. «Todos tendrán cosas buenas y malas. Hay que evaluarlos y lo que no funciona se debe modificar para mejorar las condiciones. Las cosas buenas se deben potenciar, para aumentar el impacto», sostuvo Gallego.

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