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Opinión

La Universidad de Antioquia se hunde en la violencia

28/09/2022
Por: Francisco Cortés Rodas, profesor Instituto de Filosofía UdeA

«... Se ha perdido de vista que la universidad es necesaria para la formación profesional de los jóvenes, para reproducir la cultura y para la creación de conocimiento científico. Cada universidad está vinculada a los hombres y mujeres que es menester ganar para ella. Una inservible masa de estudiantes haría naufragar ineficazmente a los mejores profesores en el ejercicio de la docencia...»

El justo movimiento de protesta de las feministas y las mujeres que reclaman sus derechos y aspiraciones fundamentales frente una práctica continuada, machista y patriarcal, de formas de violencia sexual y violencias basadas en género, y ante la denunciada inoperancia administrativa de la dirección universitaria frente a sus peticiones, ha derivado, desafortunadamente para la UdeA y para el mismo movimiento feminista, en acciones de violencia extraordinaria.

El grupo terrorista, supuestamente compuesto por mujeres estudiantes de la UdeA, Acción Clandestina Policarpa Salavarrieta (ACPS), escaló en estas últimas semanas los niveles de violencia a los que habían llegado otros grupos violentos en el pasado. El hecho de haber regado gasolina y tirado papas bomba en las facultades de Educación y de Artes, donde había mujeres y hombres, de la administración y docentes, marcó una diferencia con la violencia “normal” que implementaron en el pasado el tropel y los capuchos. Las intimidaciones contra miembros de la comunidad universitaria y el señalamiento y la elaboración de listas de profesores para amenazarlos de muerte son claramente actos criminales con los que buscan difundir el terror en la universidad.

La UdeA no parece marchar en una buena dirección. La experiencia cotidiana nos hace temer que la fantasía criminal de algunos, invente y lleve a cabo formas aun más siniestras de prácticas del mal. Veremos próximamente en el Alma Mater, como lo hizo Torquemada con sus quemas en la hoguera, y lo hicieron los Nazis en 1933, “quemas de profesores”, juzgados por un tribunal inquisitivo que aboga por el ejercicio de la violencia física. Ellas lo han anunciado: “Ponte el pasamontaña y a quemar”.

¿En qué universidad del mundo han intentado quemar estudiantes a profesores con lista en mano? Aquí han sido asesinados profesores y estudiantes por los paramilitares, los narcos y la ultraderecha. ¿Pero que ahora, en la propia UdeA, sea un grupo que se proclama feminista el que abogue por esto? La pregunta que no se plantea el Consejo Académico ni el Superior, ni el cuerpo de decanos y directores, y mucho menos el Rector, es porqué hay estudiantes que no solamente les pasa por su cabeza matar un profesor, sino que efectivamente han intentado hacerlo.

¿Ante qué estado patológico estamos? ¿Dónde vivimos? ¿Dónde impartimos nuestras clases? El espacio de la razón, la argumentación, la deliberación, la formación de personas y ciudadanos, que es la universidad, está hoy invadido por una masa descivilizada, por criminales que venden drogas, pequeños extorsionistas, estudiantes o extraños entran con pólvora, gasolina, drogas y nadie revisa sus morrales y un grupo abiertamente invita a ponerse el pasamontañas y matar, y no pasa nada, jurídicamente hablando. La UdeA se esta degradando moral y culturalmente. El profesor o profesora que evalúe con rigor un proceso académico puede terminar por cuenta de un anónimo lumpen en la lista de los que serán quemados. El proceso de civilización, que Norbert Elias definió como una tendencia a largo plazo de interdependencia social que lleva a un mayor control de los afectos y al autocontrol, se está erosionando.

Hay que preguntarse porqué no se ha considerado pensar y estudiar las razones del fracaso y de la crisis de la UdeA, que no es coyuntural. Una universidad es un fracaso cuando entre sus miembros se da una profunda degradación moral y una regresión descivilizatoria. Un profesor, que violando las normas morales y legales del trato con sus estudiantes, busque para si un provecho sexual en virtud de su poder académico es un criminal. Un estudiante que haga parte de una organización terrorista y busque asesinar, aterrorizar, destruir la planta física, es también un criminal. Achille Mbembe dice que la transposición del estado de guerra al seno de un estado civil culmina con la normalización de las situaciones más extremas. A esto lo llama brutalismo. En esta situación, “la repugnancia por matar y el tabú del homicidio se están viendo erosionados” (Mbembe, 2022).

Entonces, las preguntas son: ¿por qué hay profesores y estudiantes que violan las normas básicas morales y jurídicas? ¿Porqué hay una profunda degradación moral entre algunos estudiantes y algunos profesores y por qué se han descivilizado, brutalizado, lumpenizado? ¿Por qué destruyen la universidad, su planta física, cuando protestan, o cuándo hacen fiestas? ¿Porqué hacen ese tipo de fiestas en el campus, tan desbordadas en trago, drogas, violencia y peleas? ¿Por qué expresan tantas veces un odio tan profundo hacia la universidad y con tanta violencia?

El problema es que la UdeA ha perdido su norte por haber hecho a un lado, o despreciado la formación básica de todos los estudiantes en  el estudio de las humanidades, las artes y la política. La UdeA aceptó la imposición neoliberal proveniente del Ministerio de Educación y Minciencias, que estableció que dedicarle tiempo a la historia, la política, la filosofía y las artes es una pérdida de energías y dinero.

La UdeA debe, como consideran muchos dirigentes educativos, políticos y empresarios de orientación neoliberal, enfatizar en el conocimiento científico centrado en la innovación, la renta y el crecimiento económico. La universidad así entendida se orienta básicamente por el valor de mercado del conocimiento y se distancia de la formación de los ciudadanos en las disciplinas humanísticas.

Se ha perdido de vista que la universidad es necesaria para la formación profesional de los jóvenes, para reproducir la cultura y para la creación de conocimiento científico. Cada universidad está vinculada a los hombres y mujeres que es menester ganar para ella. Una inservible masa de estudiantes haría naufragar ineficazmente a los mejores profesores en el ejercicio de la docencia.

La vida de la universidad en conjunto depende de la índole de los hombres y mujeres que en ella se encuentran, escribe Karl Jaspers. La universidad debe entonces formar primero al ser humano, contribuir para que pueda salir de la condición de la minoría de edad y debe formarlo como una persona que tenga una amplia cultura, es decir, como aquel o aquella que no solamente conoce las particularidades de su profesión o de su ciencia, sino que además conoce la idea del mundo histórico que habita; los grandes y graves situaciones políticas y sociales del presente.

Esto es precisamente lo que no está haciendo la UdeA, ni muchas otras universidades, lo cual es un gran vacío que se puede describir como un fracaso de la educación al no cumplir la universidad con la finalidad de sacar al estudiante de su situación de minoría de edad, que es, como dice Kant, un estado de culpable incapacidad por no poder actuar de manera autónoma, y formarlo como un ciudadano que reconozca libremente las razones por qué debemos respetar a los demás.

Hay algo más de fondo que contribuye a generar todo este problema. Es el fracaso de la formación política en la ciudadanía y el fracaso que como ciudadanos tenemos frente al respeto de la moral y el derecho. Nosotros no podemos mirarnos a los ojos como iguales, no solamente en la sociedad como un todo, sino también en la UdeA. No tenemos los recursos cívicos de protección y reivindicación para protegernos ante las violaciones de nuestros derechos. Por ejemplo, las estudiantes de la UdeA no han tenido los recursos cívicos de protección para defenderse ante las acciones machistas y violatorias de sus derechos fundamentales.

La administración ha fallado en implementarlos y ahora tratan a la carrera, al calor de los bombazos y la gasolina, de superar esta limitación. Solamente cuando la sociedad o la UdeA construya y asegure mediante la educación y el derecho esos recursos cívicos que cada uno debe tener como ciudadano será muy difícil o muy costoso que otros puedan interferir, atacar, o dominar a otras personas. Cuando esto suceda tendremos una sociedad regida por medio del derecho. Y si esto llegare a suceder las demandas de las mujeres y de las feministas harían parte de esta misma lucha, que es de hombres y mujeres.

Cuando se vive en una sociedad pacificada por el derecho y cada ciudadano tiene los recursos cívicos de protección y reivindicación, se impone también el respeto. “Podrás caminar con la cabeza alta entre nosotros, tus conciudadanos, consciente de tu posición, consciente de que nosotros somos conscientes de tu posición, y consciente de que cada uno de nosotros es consciente de esa conciencia compartida”, escribe Philip Pettit.

Cuando, en este mundo regido por el derecho y orientado por la idea de la universidad como espacio de la razón, alguien esté dispuesto a correr el riesgo de violar la ley, se verá expuesto a la censura moral de la comunidad, y en el caso de un crimen o falta disciplinaria, será perseguido y castigado. Y el castigo, en el marco de la ley y el debido proceso, ayudará a que se restablezca la posición del que fue afectado por la transgresión. Y se podrá asegurar que el espacio de su libertad es nuevamente un espacio protegido e inviolable y que podrá de nuevo caminar con la cabeza en alto entre todos los ciudadanos. Esta es la sociedad decente.
 

Este texto fue publicado en AlPoniente el domingo 25 de septiembre de 2022


Notas:

1. Este es el espacio de opinión del Portal Universitario, destinado a columnistas que voluntariamente expresan sus posturas sobre temáticas elegidas por ellos mismos. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores y no reflejan una opinión o posición institucional de la Universidad de Antioquia.

2. Si desea participar en este espacio, envíe sus opiniones y/o reflexiones sobre cualquier tema de actualidad al correo mediosdigitales@udea.edu.co con el asunto «Columna de opinión: Título de la columna». Ver criterios institucionales para publicación.

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