El valor de la vida
El valor de la vida
«... solo logramos superar el sistema cuando no le asignamos valor alguno a la vida, ella que no puede estar sujeta a los caprichos de la economía, ella que no puede estar sujeta a nuestros caprichos consumistas.»
Muchas veces nos enfrentamos al problema de asignarle un valor a la vida de los seres humanos, o a la vida en general. Fácilmente la vida misma nos lleva a preguntar qué se pierde cuando una vida se pierde, cuánto vale, cómo se puede comparar con otras cosas que también son valiosas para nosotros.
Sin embargo, la vida representa un objeto, si así lo queremos designar, especialmente retador para asignarle algún valor. Reflexión especialmente válida en nuestros tiempos de pandemia y de asesinatos organizados de líderes sociales. Y de especial interés para nuestro país que ha lidiado tanto tratando de asignarle un valor a la misma.
Dos frases podemos mencionar que hacen parte de nuestro diario como colombianos. “La vida es sagrada” es algo que podríamos escuchar fácilmente ante un asesinato, una tragedia, un desastre que se haya llevado vidas consigo.
Dice la RAE que lo sagrado es algo que merece un respeto excepcional o que no puede ser ofendido. Desde el significado popular imaginamos lo sagrado como algo intocable, que el solo hecho de mencionarlo inclusive lo ofende. Algo invaluable, con un valor tan alto que es inestimable. ¿Si para los colombianos la vida es sagrada por qué sacrificamos vidas durante la pandemia en función de la economía? Claramente este no es el caso para nuestro país. ¿Si la vida es sagrada para los colombianos por qué dejamos morir en la calle niños y ancianos sin prestarles ninguna ayuda?
Otra frase común a nuestros decires es “la vida no vale nada”. Esta frase hace referencia normalmente a cuando se toma una vida por cualquier cosa que valoramos mucho menos importante que la vida. Por ejemplo, un puñado de dinero, un aparato electrónico, una deuda, una rabia momentánea. ¿Para los colombianos la vida no vale nada? No creo que ese sea el caso, somos capaces de grandes sacrificios para salvar vidas. Podemos mostrarnos generosos y dispuestos a acciones loables con tal de preservar algunas vidas que consideramos valiosas.
El problema es que le asignamos un valor a la vida. Cuando le damos un valor a algo podemos intercambiarlo con otra cosa que tenga un valor similar. Inclusive cuando decimos que algo es invaluable, hay otras cosas que también son invaluables y podemos llegar a considerar en intercambiar esas dos cosas. Además el valor de algo es un atributo subjetivo y no completamente objetivo. Algo puede ser valioso para mí, pero no necesariamente tener el mismo valor para otra persona, o no tener valor en absoluto.
En nuestro sistema económico lo que tiene valor se puede comprar, así sea por mucho dinero, pero se puede comprar y vender. Es por tanto que considero necesario que la vida se extraiga de esa lógica. A la vida no se le puede asignar un valor, no se le debe considerar como un objeto de valor. Esto no quiere decir que no tenga valor o que sea invaluable, sería más bien un objeto por fuera del sistema de valores, algo que no le podemos asignar valor y por tanto no se puede ni comprar, ni vender, ni cambiar, ni empeñar.
El sistema de oferta y demanda nos ha acostumbrado a ponerle valor a todo, incluyendo la vida, y típicamente pensamos que logramos evadir el sistema cuando decimos que algo no tiene valor o su valor es inestimable. En realidad solo logramos superar el sistema cuando no le asignamos valor alguno a la vida, ella que no puede estar sujeta a los caprichos de la economía, ella que no puede estar sujeta a nuestros caprichos consumistas.